Poco después de la Marcha de la Diversidad, Mauricio Durán, uno de los reporteros para Revista Vacío, fue agredido en un ataque de odio. Nuestra intención es visibilizar algunas de las denuncias por agresiones que se dieron luego de la marcha.

La emoción de Mau era clara. “Esta ha sido la mejor marcha. No puedo creer que somos 80 mil. Esto quiere decir algo.

El equipo de cobertura de la marcha –compuesto por él, como nuestro presentador, más otras dos personas– no podían haber estado más complacidos. O, como diría uno de ellos, “enfuerzados”. Y no era para menos: tanto la energía como la asistencia a la marcha fueron extraordinarias este año. Todavía hacia el final de la marcha, el público estaba en un estado extático. La felicidad era, en ese momento, un producto divisible por partes iguales, y todas las personas en la Plaza de la Democracia tenían un pedacito.

Fotografía por Mariam Wo Ching

A Mau y el resto del equipo todavía les faltaba un par de locaciones más por cubrir cuando empezó a enfriar la tarde. Yo decidí descansar y me despedí del equipo. A eso de las 7:30 PM, los chicos terminaron la última entrevista en la Avispa y dieron por finalizado el día.

Al día siguiente, Mau escribe en su perfil personal lo que le ocurrió horas después de la marcha: un grupo de unas quince personas lo golpearon a él y sus amigos por caminar por la calle. No les quitaron el celular o las billeteras. Lo que hizo la turba fue muy distinto: ellos siguieron a Mau y a sus amigos por unos metros. Los intimidaron. Se burlaban de ellos. Los chiflaban. Los insultaban. La escena, me cuenta Mau, no tardó en escalar: de insultos pasaron a golpes y patadas. Aunque de la pelea ninguno salió herido de gravedad, todos salieron con golpes y moretones.

A como pudimos, nos defendimos entre nosotros”, cuenta Issac López, uno de los amigos de Mau, en un vídeo de Youtube. “Cuando pude reaccionar, les empecé a gritar: ‘¡Maes, no queremos esto! ¡Maes, ya!’ (…) Marcamos distancia para que entendieran que la cosa se estaba saliendo de control. Pero no se puede calmar una turba enojada. Los maes soltaron unos golpes más y empezaron a retirarse desafiantes.”

Lo que le ocurrió a Mau y a sus amigos no fue un hecho aislado.

Nada nuevo

Jota Vargas se encontraba con una amiga y unos amigos en las afueras del Castillo, no muy lejos de toda la gente del bar. Alrededor de las 8:40, cuenta, “llegó un grupo de machitos que nos empezó a gritar varas. ‘¡Qué son esas playadas!’ ‘Sí, véan esos playos. ¡Pichaseenselos! ¡Vuélenles plomo!’”

La distancia entre el grupo que los amenazó y ellos era si acaso de metro y medio. Cuenta Jota que algunos eran más agresivos que otros. “Incluso uno se devolvió a pegarnos, pero dos personas dentro de ese grupo lo detuvieron. “Por suerte”, me decía, “un par de maes tenían algo de cordura. El evento no pasó a más, pero no deja de ser aterrador.”

Fotografía por Mariam Wo Ching

Jota ha sido víctima de este tipo de violencia en varias ocasiones. En la primera, un grupo de tres hombres le golpearon y en otra fue amenazado por un taxista, quien “quería enseñarle a ser hombre”. “Esta violencia no es nueva. Siempre tengo el mismo miedo cuando salgo de mi casa.”

El día después de la marcha también se viralizó el ataque ocurrido en Cartago centro, ayer a eso de las 9:00 AM. En un vídeo reproducido por CRHoy, grabado por un hombre identificado como José Quesada, se observa a un taxista agrediendo a dos jóvenes. Tanto el vídeo como la noticia no indican el contenido del ataque. Sin embargo, sí se alcanza a escuchar los insultos homófobos del taxista y los hombres que rodean a los muchachos. Al día de hoy, no se han identificado quienes fueron o si presentaron la denuncia correspondiente.

Datos ausentes

Camino a la marcha, noté cómo la miraban las personas. Muchos de ellos (y uso la “o” porque solo vi a hombres) se quedaban viendo fijamente a todos aquellas personas que se dirigían hacia Paseo Colón. Lo único que noté fueron las miradas y no alcancé a escuchar comentarios de ningún tipo.

Pero el acoso, en todas sus formas, estaba presente. Fernando Mora, consultor independiente, menciona en un estado en FB: “No puedo decir que mientras caminaba a Paseo Colón no sentí miedo; miedo a que alguna persona intentar agredirnos de palabra o físicamente (…). Tampoco podíamos ignorar las muchas miradas y murmullos que se veían cuando pasábamos caminando (…).”

La historia de Fernando es uno de los muchos ejemplos de cómo la violencia se manifiesta de muchas formas. En el marco de la Marcha de la Diversidad y ayudados por las redes sociales, fueron muchas los casos que visibilizaron alguna forma de violencia. Sin embargo, es difícil puntualizar si la violencia se exacerbó, cuántos casos fueron reportados y si las autoridades tienen registro de estos casos.

“No existen informes de nada”, indica Larissa Arroyo, abogada y presidenta de la Fundación Acceder. “Las organizaciones sociales, a excepción de Transvida, no tenemos registrados estos episodios. Es importante tener información para poder demandarle al Estado acciones concretas.” Dentro de las acciones que menciona ella están las garantías para la prevención, medidas afirmativas, acceso a la justicia con la eliminación de la impunidad e información.

Fotografía por Álvaro Arroyo

A falta de informes, comienza una bola de nieve de problemas. Larissa afirma que en este momento, solamente las organizaciones sociales son capaces de atender a las víctimas – con una gran cantidad de limitantes, eso sí. Si bien muchas no pueden atender casos, estas pueden dar algún tipo de acompañamiento y apoyo a las víctimas. “En este momento, no tenemos una defensoría especial para población LGBTI. [Esta oficina] sería un reconocimiento para esa violencia estructural que estas poblaciones han sufrido por años. No hay una instancia estatal que podamos remitir que garantice que los van a tratar con respeto como personas.”

Más que una celebración

Las memorias históricas de la comunidad LGBTIQ en Costa Rica hablan de los años ochenta como una época turbia. La epidemia del VIH suscitó, en palabras de Francisco Madrigal, “una cacería de brujas.” A esto se le suma la persecución política, legislaciones represivas, discriminación en entidades públicas, crímenes de odio y el miedo que muchas personas sufrieron.

El país ha ido avanzando lentamente desde los años ochenta. Por ejemplo, en un vídeo publicado el 23 de junio por la Vicepresidenta de la República, Ana Helena Chacón, en su página oficial de Facebook, se hace un recuento de todas las medidas que ha tomado el presente gobierno para visibilizar e impulsar los derechos de las comunidades sexualmente diversas.

Fotografía por Noldo – David Vega

Sin embargo, me devuelvo a las últimas palabras que me dijo Jota antes de finalizar nuestra conversación. “Muchas personas derramaron sangre para lograr todos los avances a los que hemos llegado y romantizan los disturbios de Stonewall. Lo ven como algo pasado. Pero no, la violencia sigue latente hoy en esta sociedad. Hemos avanzado, sí, pero falta mucho más por avanzar para llegar a una sociedad respetuosa de la diversidad.”

El reto es transformar lo que se vio en la marcha en el pleno goce de los derechos. Esto significa convertir los casos como los de Mau, Jota y los chicos en Cartago en precedentes legales y trascender de las esferas de las redes sociales. La denuncia no es el único paso, pero es uno de los más efectivos hacia la visibilización de estos problemas. Por medio de esta es posible recopilar datos y así poder presentar iniciativas a nivel de políticas estatales que amparen a la población sexualmente diversa.

Organizaciones sociales y personas que atienden casos por violencia LGTBIQ

  • Frente por los Derechos Igualitarios: fdicostarica@gmail.com
  • Transvida: monitoreotransvida@gmail.com
  • ACCEDER: info@acceder.com
  • Beso Diverso: besodiverso@gmail.com
  • Shi Alarcón: alarcon.shi@gmail.com

 

 

 

 

 

 


Fotografías por Mariam Wo Ching, Álvaro Arroyo y David Noldo Vega.

Fotografía en la portada por David Noldo Vega.

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