La presencia de las mujeres en la música alternativa costarricense ha incrementado en los últimos 10 años, y la electrónica no es excepción.

Mi primer interés musical serio fue el rock. Esto sucedió, por supuesto, en la adolescencia. Mi segundo interés fue la música electrónica, ocurrió cerca de mis veintes, cuando este tipo de música empezó a llegar al gran público (yo no era de esos chicos cool que descubren las cosas antes de que existan).

Dos cosas en particular me llamaron la atención de la electrónica: la inmensa variedad de sonidos que encontré en sus piezas, y la posibilidad de hacer obras completas sin necesidad de una banda. Esto estaba en ese momento condicionado al acceso de costoso equipo (sintetizadores, secuenciadores, centros de producción, etc.).

Rompiste mis flores. Fotografía por Pablo Murillo

Cerca del 2005 me empecé a interesar en la escena electrónica costarricense.  A través de redes como 89decibeles y el Costa Rica Space Program pude enterarme de proyectos, propuestas que de alguna u otra forma se cruzaban con esta tan cambiante y fragmentada forma de hacer música. Había entonces muy pocas mujeres. Puedo citar a las djs/productoras Monik Zdan y Melissa O, quienes aún están activas.

Diez años después ¿cuál es la situación de las mujeres costarricenses en este contexto? Para intentar responder esto debemos ver, aunque sea de manera superficial, lo que está sucediendo globalmente.

El rock suele asociarse con características masculinas hegemónicas (dureza, agresividad, rebeldía) y por esta razón ese mundo puede ser difícil para las mujeres en bandas. En particular cuando la función de la mujer dentro de la dinámica de la banda no coincide con los roles tradicionalmente asignados (cantante en la gran mayoría de los casos, y con cierta frecuencia, sobre todo en el indie rock, bajista).

Por ejemplo si una mujer es baterista en una banda, es frecuente que el público se disponga a juzgarla de manera consciente y directa, como si ella tuviera que ser merecedora a priori del título de baterista. Por otro lado los aportes creativos suelen ser invisibilizados. Esta situación es en parte consecuencia de que la cantidad de mujeres dispuestas y preparadas para tocar en una banda es baja, lo cual es un efecto de una serie de condicionamientos, presiones y bullying estructurales. Algo similar ocurre en otras disciplinas como las ciencias.

Bengalas. Fotografía por Pablo Murillo

¿Qué pasa en la música electrónica? La posición de una persona que hace electrónica suele ser bastante más anónima que la de alguien en el rock. Usualmente los y las artistas en electrónica están detrás de una laptop o de una mesa de equipo, o en un estudio casero programando beats y moviendo perillas. A partir de estas características podríamos pensar que el género de la persona detrás de la música no es relevante, sin embargo no es así.

Ya se ha hecho notar por diversos medios y organizaciones la poca participación de mujeres en festivales de electrónica. Además es constante, por parte de un sector de la prensa y la opinión del público, el menosprecio y la minimización de los méritos en producción y composición. En este sentido Bjork ha hablado abiertamente sobre su experiencia, Gabriela Jimeno, en una entrevista que le hicimos recientemente, nos cuenta que al principio el productor de sus trabajos como Ela Minus recibió más atención que ella, pero que en el mundo de la electrónica esta actitud no es tan fuerte como en el rock (ella es baterista de la banda Balancer).

Distintas iniciativas se han creado para contrarrestar esta situación.La red internacional Female Pressure, fundada por la artista austriaca Electric Indigo,se ha encargado de visibilizar a las mujeres productoras y compositoras creando una red mundial con información de distintas artistas y fotografías de ellas en su estudio; además han organizado festivales y conciertos con alineaciones 100% femeninas.

Rompiste mis flores. Fotografía por Pablo Murillo

También es relevante el trabajo de Tara Rodgers, quien fundó el sitio PinkNoises.com, cuyo objetivo era documentar el trabajo de mujeres en música electrónica. Posteriormente editó el libro Pink Noises: Women in Electronic Music and Sound, que consiste de entrevistas a 24 mujeres que trabajan en electrónica (compositoras, productoras, djs) en las que tratan el tema del género a partir de su experiencia personal, desde su formación hasta su desarrollo profesional.

¿Y en Costa Rica?

En diez años la situación ha cambiado. Los avances tecnológicos permiten hoy que la música electrónica, como muchas otras áreas creativas, se puedan desarrollar con relativamente pocos recursos: cualquiera con una computadora o incluso un smartphone puede conseguir software libre, gratis o pirata, empezar a mezclar o componer y subir sus creaciones a Soundcloud o Bandcamp.

No diría que esto ha democratizado la creación sonora pero sí ha abierto las posibilidades para que una persona, de clase trabajadora para arriba pueda crear o mezclar música electrónica. Por lo tanto no es indispensable tener que lidiar con una banda y las políticas de género, implícitas o explícitas, que como vimos, suelen imponerse. Esto ha permitido el surgimiento de varios proyectos unipersonales y colaboraciones entre dos o tres personas.

JulieB. Fotografía tomada de su Facebook.

En el mundo de djs ahora encontramos también a María Wabe, Sosu, Daniela Orozco, Julie B, muchas de ellas dieron sus primeros pasos en el Laboratorio de Djs. En cuanto a productoras, hay una destacada producción de Art Pop en donde puedo mencionar los proyectos individuales Rompiste mis flores de Coraima Díaz, Bengalas de Suzi Love, Voodoo Lily de María José Leal, Ari Poupée de Ariadna Ocampo y Mimus de Rebeca Solano.

En el rock electrónico también hay una importante participación de mujeres: Arde Plutón de Jimena Torres, Paola Rogue, Patrullero Overol, trío que incluye a Sofía Madrigal, Señorita Abril incluye a Mme. Bowman. En cuanto a la música experimental destaco el trabajo de la artista visual Paulina Velázquez con su proyecto Multifungi, la compositora Susan Campos, autora de obras con elementos electroacústicos, y los recientes trabajos noise de Carla Alfaro con su alias Blau Grisenc.

En la web se pueden encontrar interesantes propuestas de música electrónica hecha por mujeres costarricenses, pero cuya intención parece ser simplemente ponerla en la web. No hay pretensiones de gran difusión o de participar activamente en una determinada escena musical. Estas outsiders son principalmente jóvenes, que se desenvuelven en algún medio creativo pero que muestran una actividad interdisciplinaria.

Monik. Fotografía por Pablo Murillo.

A algunas de ellas las he conocido personalmente y les he preguntado sobre su producción musical, no pocas veces he recibido respuestas como “Qué va, yo no sé hacer música”, y me viene la mente el síndrome del impostor, un obstáculo más que enfrentan estas mujeres.

No se puede decir, por lo tanto, que las mujeres que hacen música electrónica en Costa Rica formen una escena articulada, pero se han estado formando redes que han logrado visibilizar a estas artistas. Dentro de ellos quiero destacar el proyecto Uncanny Valley de Susan Campos y Pablo Murillo, y la relevante compilación latinoamericana Feminoise Latinoamérica curada por la compositora argentina Maia Koenig e incluye varias compositoras costarricenses.

Voodoo Lily. Fotografía por Aarón Sagot

Pienso que es el momento propicio para articular una escena musical que incluya a estas artistas pero que además pueda generar espacios inclusivos para la discusión, creación y formación. Para esto no es indispensable la participación de instituciones ni la difusión en medios tradicionales.  

Lo que es vital es la participación de las personas involucradas en la creación y gestión cultural, teniendo claro que hay que romper con los estereotipos, los roles de género y las construcciones estáticas de lo masculino y lo femenino. Esto no solo debe darse en el ámbito de lo creativo (y de la valoración de lo creativo), sino que en todos los aspectos, en especial en la construcción de las relaciones interpersonales.


Ilustración de portada de Guadalupe Rodríguez. 

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