Hace unos meses, nos sentamos a hablar con Gabriela Jimeno sobre su proyecto unipersonal de música electrónica, Ela Minus. Acompañados por un par de tazas de café bien malo, hablamos de cómo ella construye los paisajes sonoros a partir de pequeños detalles.

A Gabriela Jimeno la conocimos en el 2015, cuando tocó en El Steinvorth con su banda Balancer como parte de Epicentro. En ese momento, no mucha gente en el público había escuchado a la banda, pero la sorpresa fue grata. El público se fue metiendo poco a poco en la psicodelia delicada que propuso Balancer, tanto que al final gran parte del público se habría felizmente quedado un rato más escuchándolos.

Pocas semanas después, Gabriela, quien había resaltado por su impecable trabajo en la batería, sonaba en las redes de forma distinta. Había lanzado “Jamaica”, el primer sencillo de Ela Minus, proyecto solista de Gabriela. A partir de esto, ella se sumergió en una intensa actividad: conciertos en distintas ciudades, colaboraciones y más música.

En su proyecto se siente un sello muy personal, en donde Gabriela le presta muchísima atención y cuidado a los pequeños detalles. De hecho, podríamos decir que ella construye su obra a partir de pequeños detalles. Percibimos, además, una visión más clara de Gabriela como compositora e intérprete. El mundo de Ela es creado por medio de secuenciadores, drum machines, sintes y su muy inusual voz.

La presencia de Ela Minus en el line-up fue uno de los puntos de interés para nosotros en el Nrmal 2016. Ya en México, inesperadamente pudimos verla en concierto unos días antes del Nrmal. Su show, nos dimos cuenta, redimensiona por completo su música.

El día del concierto llegó, y unas horas antes de su prueba de sonido nos sentamos en el lobby del hotel, con tazas de café, para hablar con Gabriela.

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A vos te conocimos en Costa Rica, cuando llegaste como parte de Balancer en el Festival Epicentro. Pocos meses después lanzaste Ela Minus, tu proyecto unipersonal, pero fue un cambio muy repentino. Pasaste de estar atrás, un poco escondida detrás de los platos, a estar de frente con tu voz. ¿Cómo fue?

Cuando fui a Epicentro, apenas estaba teniendo la idea de tener un proyecto sola. Mi idea no era que fuera tan serio como se volvió ni nada, ni pensaba tocar en vivo. Simplemente tenía esta idea en la cabeza que quería sacar y dije “Ya, voy a irme, voy a hacer unas canciones.”

Me fui a una cabaña sola y produje y compuse las canciones y ya, la verdad. Cuando las saqué es que empezó a pasar todo. Como que me ofrecieron tocar en vivo y dudé por un momento. Nada fue planeado.

Fue como a medio camino que me lo empecé a tomar en serio. En el primer show de Hermoso Ruido, me dije, “Uh, esto va a ser muy distinto.” Pero precisamente, como solo estaba haciendo música por hacer música, vi que por eso también la gente se ha conectado tanto. Ha sido tan bonito el camino.

Ahora ya sacaste el segundo EP, verdad, a pocos meses de distancia del primero…

Es que como que me emociono. Empecé a tocar y solo me dieron ganas de componer y dije “¡Ya!”. Si voy a hacer algo, me meto de cabeza con todo. Desde ese momento, nunca más volví a tener casa. Apenas acabé de tocar, como en noviembre, me aislé en una finca en las afueras de Bogotá. Ahí compuse otra vez y produje otra vez. En realidad hay dos EPs nuevos, solo que saqué uno para sacar el otro más tarde. Después, fui a Chile a producir otra vez y a mezclar con Andrés.

Y es curioso, aunque sean dos EPs muy cercanos, sí se siente como una diferencia estructural entre uno y el otro.

Claro, es que han pasado muchas cosas. Es muy intenso, y también es por eso que quería sacarlo todo rápido. Yo misma oigo la diferencia y digo, “No puedo”. Primero que todo, a mí me gusta mucho como acabar las cosas y sacarlas, como “¡Ya! Se acabó esta canción, la entrego.” Por otro lado, me gusta que la gente, así sea yo misma, pueda dibujar el camino. Algo como, “Empezó acá, ahora está acá y ahora está acá…”

Y se puede ver la historia…
La idea es que se pueda ver un progreso entre cada cosa. Si me hubiera esperado un año, o algo así, a esta velocidad, cualquier disco o EP que saque no va a tener ningún contexto.

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La industria musical ha cambiado y todo, pero hay muchas bandas que les cuesta adaptarse o ver que hay otros caminos. Vemos mucha gente tiene esa idea de sacar EL álbum, uno que durás meses o años produciendo. Sin embargo, las herramientas actuales permiten que saqués piezas y que la gente pueda recibir algo más actual. Muchas veces las bandas han tocado tantas veces las piezas mientras las graban que cuando están en tour, están hartos de tocarlas.

¡Exacto! Totalmente. Estuve tanto tiempo tocando y grabando en bandas que cuando tocaba en vivo, todo me parecía un trabajo de robots. Esa frustración, tal cual lo que acabas de describir, fue lo que me hizo hacer todo lo contrario. Como, “No quiero pensar en nada y quiero hacer la música cuando yo quiera.” Si no la quiero tocar, no la toco. Fue pura rebeldía a eso precisamente. Tanto años en bandas se volvió tan sistemático que pensé “Esto no es arte, es otro trabajo.”

No tener la libertad de decir: “No quiero tocar más”. Es muy frustrante.

Tu setup es portátil. Cabe en una maleta, entonces podés irte a donde querrás y a donde te llamen a tocar…

Viajo sola, y viajar con poco es una gran ventaja. Me liberé muchísimo. Me siento muy liviana con eso. Me ayuda, especialmente ahora. Algo que he estado percibiendo mucho con las bandas es que el live no solo fuera una experiencia muy distinta a la de la grabación, sino que fuera, de alguna manera, mejor.

Hace algunos años estaba intentando perseguir el concepto del concierto y regresar a como era antes: este ritual, esta unión entre el público y la banda. Cuando me refiero a “antes”, hablo de cuando la música no se podía grabar y era la experiencia del momento. Creo que con Ela pasa mucho. A mucha gente no le gusta la música grabada, pero la toco muy distinto en vivo y el live les gusta mucho.

ela02Vos utilizás puro hardware para hacer tu música. ¿Tiene esto algo que ver con tu trabajo en sintetizadores?

Bueno, primero, yo estudié mucho programación y estudié tanto que llegó un momento en que que empecé a escuchar la CPU. Estaba harta. O sea, como que empecé a escuchar la CPU en muchas compus y en mucha música. Y yo amo la música con compus, la amo. El noventa por ciento de la música electrónica que escuchamos es con compus. No tengo absolutamente nada en contra.

Pero, mi set de producción es lo mismo [en producción] en vivo. No me gusta trabajar con compus. Traté de hacer música electrónica (en compu) y literalmente no me salía nada. Yo toco con los ojos cerrados, entonces tener que estructurar una canción de otra manera me hacía hacer música de una forma que no me gustaba.

En el momento que empecé a trabajar en MPC, pude cerrar la pantalla del computador y pude hacer todo lo que hago con Ela. Y, por otro lado, cuando decidí hacer sola el set, asumí el reto y lo hice. Siempre he criticado los one man shows y nunca los he disfrutado. Siempre termino diciendo, “Ay no, consíganse amigos.” Sin embargo, cuando los criticaba, siempre me daba cuenta que tenían compus.

Cuando me puse a hacer esto, me reté a hacer algo distinto y ver si puedo conectar con la audiencia sola. Parte de este reto implica no usar computadores.

Muchas veces, la música de esos artistas puede ser súper interesante, pero en vivo es ver a alguien detrás de la pantalla.

Exacto. Es que, además, la imagen de alguien con un computador es algo muy común para nuestra vida. Puede que en algún momento me toque usar compu, pero por ahora, mientras más lo pueda evitar, prefiero hacerlo así. Para mí, además, también es como suena. Sin duda. Yo tengo todas las secuencias, pero también tengo todos los sintes.

Al final, es un sonido que termina siendo interpretado por máquinas, claro. Pero igual, es una interpretación. Mis sintes se desafinan, están de mal genio un día y no funcionan.

Como cuando uno toca con alguien y el bajista…

¡No está muy bien ese día! Así lo veo yo, entonces por eso no me gusta tener compus.

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La música hecha por mujeres tiene más difusión que antes. Siempre han habido mujeres que hacen música, desde la composición académica hasta composición de música popular. Sin embargo, en los años recientes, la prensa le ha dedicado más espacio y han salido más oportunidades en festivales. ¿Cómo ves esto desde tu experiencia?

Pues yo lo he vivido más que otras músicas porque tocaba batería, y el público me calificaba más duro. O me decían, “Ah, es buena para ser mujer.” Ya me ha tocado lidiar bastante con eso.

¿Sentís que en el mundo del rock eso puede ser un poco más duro que en el mundo de la electrónica?

En el rock, totalmente. Pero también el mundo de la electrónica está… [se interrumpe]. Digamos, en el caso de los EP, el segundo fue coproducido con Andrés y el primero solo lo mezcló. Pero esto no evitó que en todas las entrevistas saliera el nombre de Andrés grandísimo, y es como… frustrante.

Vos te referís a tu música como tiny dance music y es un término muy preciso sobre lo que hacés.

¡Me parece muy loco porque no lo pensé para nada! [Es música hecha con] Mucho detalle, pero con muy poquitas cosas. Trato de ser lo más honesta posible conmigo misma a la hora de trabajar. Por eso me he dado cuenta es que trabajo más rápido cuando pienso menos. Entre más tiempo trabajo una canción, más tiempo pienso cuál es la razón.

Además, desde antes de pensar en Ela, el sonido que tenía en la cabeza era una música muy chiquita, pero que sonara muy grande. Que te dieran ganas de bailar, pero un baile que no necesitara moverse [mucho]. Como en un abuelito bailando. Cosas así. Me sorprendió que a la gente le guste tanto el nombre.

¿Cuándo pensás volver a Costa Rica?

Estoy muy enamorada de Costa Rica, la última vez que fui me encantó. ¿Sabés? Como que quiero volver. Me encantó la gente, me encantó el café. En Costa Rica, el café es otra cosa. Claro, no estoy diciendo que el café en Colombia sea malo. El café crece muy bien, pero casi todo lo exportamos. La experiencia es diferente.

Además, me llevé como tres libras. Fue un momento duro en mi vida cuando se me acabó.

Nota: Si bien han pasado varios meses desde ese café, esta entrevista se realizó al inicio de una nueva etapa de la carrera de Ela Minus: una gira de veinte fechas en distintas ciudades de Estados Unidos y Latinoamérica. Desde entonces, y hasta el día de hoy, Gabriela sigue produciendo y dando conciertos. Estamos seguros que las palabras que nos mencionó en ese café resuenan de igual manera hoy: “Ha sido bonito el camino”.

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