Desde agrupaciones hasta músicos callejeros; estudio de grabación de “El Farolito” busca rastrear y grabar la escena musical costarricense

Si no se graba la música que se produce en Costa Rica a lo único que podemos apelar es a la memoria infiel que inevitablemente conduce al olvido.

Casa Caníbal, espacio del Centro Cultural de España en Costa Rica -también conocido como “El Farolito”-, desempolvó su estudio de grabación -utilizado como bodega después de haber estado en desuso por varios años- bajo el nombre “La Movida Caníbal”. Una oportunidad de lujo para los músicos en un país donde las estaciones de radio, ¡aún!, están tomadas, y en donde nuestro gusto ha sido establecido por las industrias que colocan la música a su antojo en los medios de comunicación.

“A puro peluche” de Sonámbulo, “Babylon” de Walter Ferguson y “Tierra seca” de Max Goldenberg y Odilón Juárez con el grupo Malpaís, son algunos ejemplos del importante legado del estudio y el financiamiento de El Farolito. Para algunos de ellos significó la oportunidad de poder grabar por primera vez. Para nosotros de recordarlos y tenerlos a mano.

Las primeras grabaciones de este nuevo ciclo se lanzaron en septiembre: Ánama y Emma Brott; ambas cantautoras que solo se podían oír en presentaciones esporádicas y ahora, en cambio, tenemos registro de sus canciones y alguno que otro podrá descubrirlas. Esta semana salió la tercera entrega: un EP de seis canciones de la banda alternativa A Merced.

La Movida Caníbal es necesaria. Como dijo Fo León, Productor Ejecutivo de La Movida Caníbal (y parte del staff editorial de Revista Vacío): “quizá en algún lugar lejano de San José, en un cuarto con su guitarra está el nuevo Bob Dylan y aún no lo sabemos”.

Este proyecto, además de ser un aporte a la memoria artística del país, también sirve como medio de difusión musical costarricense y esto nunca está de más cuando los medios son tan restringidos: si no se abren ¡los abrimos nosotros!

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