¿Es el arte visual motor para la música o al revés? Elizabeth Lang entrevistó a cuatro músicos costarricenses y les preguntó sobre su relación con el arte.

El arte y la música nos permiten explorar y experimentar emociones e ideas a partir de lo que sentimos, vemos y oímos.  Esas emociones se plasman de muchas maneras y causan algún efecto en quien esté escuchando u observando. Por el vínculo emocional que hay en la realización e interpretación de una obra, es una exploración y una experiencia para el artista y para el intérprete.

Estas dos áreas siempre han estado vinculadas. Es más, creo que no hay una separación clara: es decir, el arte visual influencia la música y la música influencia al arte. La unión de ambas crea una experiencia más completa para el artista y el intérprete. Se tiene la exploración por parte del artista para provocar una reacción en el observador.

En nuestro país, la cultura promulgada por medio del arte y la música es evidente. La manera para anunciar un concierto consiste en un afiche cuya estética visual debe ser interesante para lograr capturar nuestra atención. No solo sus afiches deben de llamar la atención, sino que sus discos, la mercadería y presentaciones en vivo. El factor artístico se complementa a la perfección con las ondas sonoras que transmiten. Todo debe estar unificado de manera congruente.

En la escena musical costarricense se ubican artistas como Fabrizio Durán (Niño Koi y Las Robertas), Daniel Ortuño (Los Waldners), Jennifer Karczynski (Gnarwal) y Fiamma Aleotti (Saturno Devorando) quienes son claros ejemplos de cómo el arte y la música tienen una fuerte conexión. Cada uno de ellos tiene su propia estética visual y sonora que han definido por medio de una exploración continua.

Fabrizio y la transformación de lo mundano

Fabrizio fue quien me respondió de primero. Había quedado en verlo en San Pedro. Era una tarde soleada y bonita, como las usuales en estas épocas veraniegas. Fuimos a tomar a café. Bueno, él; yo no tomo café. Mientras tanto, comíamos un cheesecake de chocolate al conversar sobre arte y música. En el ámbito artístico, él se ha desarrollado como pintor y en cuanto a la música, Fabrizio experimenta por medio de la batería.

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Él quiso incursionar en el mundo de las artes al graduarse del colegio, pero al no aprobar el examen de artes de la UCR, optó por la carrera de Historia del Arte. Años después y por razones de la vida, dejó la U y se dedicó a trabajar, ser músico y artista.

Mientras conversábamos me mostraba un poco de su última producción artística. Habían distintos personajes con cuerpos desproporcionados hechos con tinta china y acuarela. Por supuesto, yo pregunté si era eso, pero no era así. Eran fotocopias diluidas e intervenidas con el dibujo.

Luego, me mostró fotos de sus pinturas, hechas con acrílico. Sus pinceladas son definidas y su paleta de colores es variada. Toma cuatro colores como base y de ahí va sacando los distintos tonos.

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En este cuadro se muestra un monstruo rojo, que parece ser un demonio y está siendo interrumpido por cuatro hombres con palas. Este demonio no tiene una expresión facial definida y los cuatro hombres no muestran alguna interacción con él. Son dos elementos totalmente diferentes cuyo posicionamiento hacen de la pintura llamativa e intrigante. Por eso no hay ningún sentido coherente en lo que está sucediendo ahí.

Fabrizio tiene la facilidad de convertir lo mundano en interesante. Es su habilidad y lo expresa por medio de su arte. La fuente de inspiración usualmente no tiene ningún tipo de simbolismo para Fabrizio. Casi siempre trata de alguna imagen que le llamó la atención mientras exploraba el Internet o una que capturó con su celular mientras caminaba por la calle. El mensaje que las pinturas emiten no es algo en lo que Fabrizio realmente se enfoca. El proceso de exploración para llegar al resultado final le es más importante.

“A veces importa más el proceso que el resultado final. Paso como cinco horas en Wikipedia de link en link, sin ningún tipo de relación. Tal vez es la vara más aburrida y me gusta ver que imágenes están asociadas con ese artículo. Se puede hacer un collage de imágenes con esas cosas y una representación de ese collage. Por ahí, tal vez, quiero dar a entender la obsesión de conocer. Esa visión de hacer bibliotecas y conocer bandas y artistas, ver pelis interesantes y otras varas. Es muy abrumador a veces”, me comentó Fabrizio.

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El tiempo pasaba muy rápido y comenzamos a hablar sobre la música y sobre cómo llegó a ella, logrando una producción casi tan amplia como su arte. En esta área también explora hasta más no poder. El proceso de la creación de una obra musical para él es súper importante porque va descubriendo, poco a poco, qué funciona y qué no.

Ha experimentado con un amplio espectro musical al estar incorporado en varias bandas de la escena musical costarricense. Estando con Los Cuchillos, por ejemplo, llegó a conocer más sobre el noise. Con Las Robertas se mantuvo dentro de la estructura convencional de la canción.  Por medio de Niño Koi y debido a la naturaleza experimental de la banda, se ha dado el lujo de explorar distintas sonoridades.

Antes de tocar con alguna banda, Fabrizio experimentó con la música electroacústica.  De esta etapa surge el pensamiento de cómo ordenar la música desde un punto de vista musical más académico. La influencia académica en su producción individual parte de una de sus referencias: Marvin Camacho. Por primera vez, alguien fuera de la academia musical mencionaba al compositor costarricense Marvin Camacho como referencia. Eso me llamó mucho la atención, pues su trabajo se ha reconocido por el uso acústico e inusual de los instrumentos.  

El tiempo no fue suficiente. Tuvimos que continuar conversando al día siguiente en su apartamento sobre su proceso musical.

A la hora de crear la música el proceso varía por banda dado que son géneros musicales diferentes. Las Robertas se mantiene más en la estructura convencional. Todos los elementos que componen una canción ya están previamente establecidos en los ensayos y durante la creación de la misma. A la hora de tocar en vivo se tienen los roles de los músicos fijados.

“Para Las Robertas, usualmente, Meche lleva una canción. Estamos ensayando y la toca toda. Conforme la va tocando uno va metiéndose poco a poco ahí a ver que tipo de cosas suenan bien. Igual, la bajista se va metiendo. Se va construyendo entre todos”, contaba Fabrizio.

En cuanto a Niño Koi, el proceso es parecido con la leve diferencia de ser una banda experimental. En este caso la estructura no está tan establecida. Los conciertos son experimentales, en el sentido de que se da la improvisación y exploración sonora en vivo. Se prueban nuevos sonidos que probablemente no estaban previamente fijados y se tornan en una nueva idea musical.

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“Niño Koi también es así. Usualmente alguien llega con una idea y se construye o des construye. No necesariamente lo que pensábamos que era la versión finalizada es lo que termina siendo. Muchas veces se quitan o agregan partes. Se extienden otras secciones. Hay libertad. No es como que tengo una canción y es esta, sino que se va construyendo en los ensayos”, me decía Fabrizio sobre el proceso musical de Niño Koi.

Este proceso de la construcción también ocurre de manera inconsciente, tanto en el arte como en la música. Mientras Fabrizio escucha música produce su arte pictórico. A veces se le ocurren nuevas ideas musicales cuando pinta. Y cuando está tocando también piensa en nuevas ideas para sus obras artísticas. El arte y la música no se pueden separar porque juntos son un todo.

Plasmando lo musical en papel

Después de conversar con Fabrizio, ese mismo día fui a almorzar con mis mejores amigos. Me dirigía luego al Steinvorth para conversar con otro músico-artista, Daniel Ortuño. Mientras iba en bus un rasta se paró a tocar guitarra y a cantar canciones de Bob Marley.

Al finalizar su presentación, comenzó a hablar sobre los músicos en Costa Rica y como había que defender su arte y prestarles más atención. Claro, nadie hacía ningún gesto de interés para poner atención a lo que él decía porque estaban inmersos en sus celulares.

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Finalmente llegué al Steinvorth y conversé un rato con Daniel en El Apéndice. Daniel toca guitarra en Los Waldners y es artista gráfico. Estudió ingeniería mecánica y cuando era niño vivió en Turrialba porque su papá trabajaba allá.

Su producción artística está fuertemente vinculada con lo que son afiches, portadas de discos y camisetas. En otras palabras, mercadería para bandas. Su arte no es nada sencillo. Es una composición de varios elementos con un uso mínimo de recursos – es decir, una paleta limitada de colores.

“Me tiendo a inclinar más por hacer diseños que tengan una paleta limitada. Trato de minimizar o ser minimalista en ese sentido. Cuando yo empecé a hacer afiches, todavía eran afiches. Eran de papel. Todavía se pegaban en la calle, en los postes y tenían que ser algo que saliera rápido y fuera barato de producir. Uno en esa época no tenía plata. Además, seguro lo iban a arrancar a los días. Como lo tenía que volver a pegar, entonces eran fotocopias en blanco y negro”, comentaba Daniel.

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“Por necesidad empecé a diseñar de manera que funcionara en blanco y negro. Empecé a usar colores que no fueran muy saturados y que a la hora de fotocopiarlo no quedara como una mancha negra en donde no se entendía nada. Todavía, aunque diseñe a color, me gusta que el afiche funcione hasta cierto punto en blanco y negro, aunque nunca se vaya a producir en blanco y negro”, me comentó Daniel sobre su escogencia de paleta para su arte.

En la música, menos también es más. Al tocar la guitarra en Los Waldners utiliza, si acaso, tres notas y las repite cíclicamente. Esto lo hace con el fin de crear loops cuyo efecto, a causa de la métrica, hace que la música suene ornamentada, arreglada y llena.

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“Las cosas que suelo tocar, pueden sonar complicadas, pero no lo son.  Se podría decir que son minimalistas. Algunas veces hago mucho arreglo de guitarra. A escucha se podría pensar que es barroco. Es muy arreglado y muy ornamentado, pero lo que yo estoy tocando son tal vez tres notas cíclicamente”, me explicaba Daniel.

En Daniel, la música necesita del arte visual para ser atractivo y el arte visual necesita de la música para poder crear una nueva experiencia.

La creación de una identidad

Había quedado de toparme con Jennifer Karczynski en el Café Rojo. Me fui caminando desde mi casa y llegué en cuestión de unos cinco o diez minutos. Ahí nos sentamos a hablar un rato.

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Hija de padres extranjeros (su padre es polaco y su madre china), ella a veces siente que no es tica. Estudió tres años arquitectura en la Veritas, gastronomía en la Latina y finalmente se metió en lo que siempre quiso estudiar: artes plásticas en la UCR. Actualmente toca guitarra y canta en Gnarwal.

Su mayor producción artística en este momento está enfocada en los tatuajes. Empezó practicando en sus amigos y le costó aprender porque en el país no hay una escuela que enseñe sobre el arte de los tatuajes. Sus diseños se caracterizan por líneas definidas y la complejidad en estos está en los detalles de cada uno.

“Me gusta mucho hacer mis propios diseños. Dibujar mis propias cosas. Me interesa mucho hacer cosas botánicas, flores, plantitas y animalitos. Más que todo, eso. No me gusta tanto cuando la gente llega con una idea formada. Siento que eso le quita el proceso creativo de diseñarle el tatuaje personalizado a alguien”, me comentó.

Ella prefiere llegar a conocer bien a sus clientes para poder tenerles un diseño con el cual se sientan identificados.  

“Primero, me gusta hablar con la persona para la cual le estoy haciendo el diseño. Me gusta preguntarles qué tipo de cosas les gusta, con qué se sienten identificados y a partir de eso empiezo a bocetar cosas. Después, se las muestro y hay intercambios antes de llegar al producto final”, explicaba Jennifer sobre la manera de idear los tatuajes.

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Mientras me comía un queque de chocolate, seguimos conversando sobre su música y el potente mensaje político detrás de esta. Jennifer se ha permitido explorar diferentes géneros musicales y los diferentes elementos que lo componen.

“He estado en demasiados proyectos enfocados en diferentes géneros. Antes estaba en esta banda que se llama Girl Scouts que tocaba noise y punk. Ahora estoy en una banda que es como emo-pop. También estoy trabajando en otro proyecto electrónico. Me compré un sintetizador, entonces estoy probando hacer música electrónica. Antes estaba en una banda en donde era mucho más oscuro, rápido y yo gritaba. Siento que he hecho un poco de todo” me comentaba Jennifer sobre su exploración musical.

“Para mí es la misma cosa tanto la música como el arte. No existe una distinción ahí. Lo que me interesa es la posibilidad de crear mundos tanto vivenciales como políticos. Girl Scouts lo tomé más como un proyecto político o feminista donde se trata de cantar de temas de género. Uno está creando un espacio y un mundo donde uno se va a sentir cómodo haciendo sus cosas y siendo la persona que uno es. Tal vez en la vida real no existen esos espacios. Siento que es tarea de uno ir creándolo. En el arte y la música es lo que yo trato de hacer”, expresó ella.

A Jennifer le gusta crear controversia e incomodar a la gente con temas de los que se evita hablar. Su música es agresiva y directa. Tira las cosas como deben ser, sin ningún rodeo. Ella nunca se tomará la molestia de decirlo bonito. Lo expresará tal y como es.

“Siento que la música es muy agresiva, entonces el mensaje también lo es. Uno está ahí y nada más es un pichaso a la cara. Si usted está ahí tiene que escuchar esto y no me importa porque no se lo voy a hacer lindo y suavecito. Voy a decir las cosas como son.”

“Me cuesta categorizar que esta es mi vida, esto es arte y esto es música. Todo es una misma masa amorfa. Yo no puedo ser feminista en vida real y no dejar que esas cosas no se muestren en mi arte y música. Yo no sé cómo hace la gente. Me molesta cuando hay bandas que cantan sobre las nenas y no son machistas en vida real. Claramente lo son”, me aseguró fuertemente Jennifer.

La tristeza existencial como celebración de la vida

Fiamma siempre tuvo un amor por las artes. Desde niña explotó su creatividad al estar dibujando e inventándose disfraces con la ropa de su madre. Siempre estuvo muy estimulada por todo lo creativo en cuanto a arte, libros y música.

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Fotografía por Pablo Murillo.

Comenzó su desarrollo como artista al hacer el examen para entrar a Artes Plásticas en la UCR, pero no lo pasó. Por eso se metió a Historia del Arte. Su desarrollo artístico nunca se detuvo. Hacia los 20 años descubrió que tenía el talento para cantar y comenzó a colaborar con Ronald Bustamante en su actual banda, Saturno Devorando. Explotó aún más su creatividad y en el 2013 se fue a Italia, donde se graduó de pastelería – la rama más artística de la cocina.

Si hubiera descubierto o explorado mi lado musical más temprano, en la adolescencia, probablemente no habría dejado de crear arte plástico. La razón por la cual dejé de dibujar fue que me convencí de que ese no era mi camino porque no era suficientemente buena.”

“Y cuando me di cuenta de que no podía continuar no alimentando mi lado creativo porque eso me estaba causando una depresión muy fuerte, fue cuando empecé a explorar no sólo mi lado musical, sino que a retomar todas mis expresiones creativas: la escritura, el dibujo, la cocina, etc. La creatividad llama a la creatividad, y entre más cosas uno haga, más dan ganas de hacer”, me comentó.

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La creatividad siempre estuvo a flote en Fiamma de una u otra manera. No había nada que la pudiera detener. Sus múltiples actividades reflejan esa inquietud creativa que tenía que salir.

“Estuve haciendo unos dijes en pasta de modelar en forma de senos, vaginas y penes, y saqué un pequeño fanzine con textos autobiográficos e ilustraciones mías, seguido del primer disco de Saturno Devorando. Todo eso iba de la mano sencillamente porque estar activa me mantenía activa, y hacer cosas, aunque no fueran para nadie más que para mí -al menos inicialmente- me hacía feliz”, expresó.

El arte de Fiamma se caracteriza por una paleta de colores reducida, bien planteada y expresada de forma directa. La música, por otro lado, se ha convertido en un medio de sanación y para expresarse abiertamente sin filtro. Sus verdaderos sentimientos son plasmados ya que es honesta con sí misma.

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“Hay una omnipresencia melancólica en todo lo que hago. Como una tristeza existencial, que al mismo tiempo yo veo como una forma de celebrar la vida. Dejarse sentir todo, incluida la tristeza, es estar vivo y en el presente. Y la música para mí se ha vuelto la primera herramienta para sanar heridas,” me decía Fiamma.

Fiamma no encuentra distinción alguna entre el arte y la música. La música es arte. El arte se alimenta de las demás actividades que esté realizando. Todo le funciona como fuente de inspiración.

En los casos de Fabrizio, Daniel, Jennifer y Fiamma, la combinación de las expresiones artísticas y musicales es algo que ocurre de manera natural. El arte inspira la música y la música inspira el arte. Sus trabajos reflejan el mismo pensamiento creativo tanto en lo visual como en lo musical.

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Todos tenemos un lado creativo, pero hay quienes lo han desarrollado más que otros. Estos artistas-músicos son el claro ejemplo de un motor creativo que se manifiesta en más de un área. Por medio de la exploración musical y visual, su creatividad ha impactado y revitalizado la escena cultural de San José y del país.

 


Créditos

Todas las imágenes son de autoría de los entrevistados, excepto cuando se indica.

 

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