Persona Nuñez nos comenta como aún dentro de la población sexualmente diversa, “siempre habrá una excluida, muy posiblemente mujer, o pasiva, o loca; pero casi segura que siempre en clave femenina”.  

feminismos subalternos, todos en minúscula

Este texto se enmarca en el no diálogo constituido entre las realidades de las diversidades sexuales  y sus activismos, que guste o no guste tienen una hegemonía y un sector sin duda excluido y resignado al oscuro y pervertido lugar de la disidencia. Este texto se deja entre ver en un contexto social y político donde a las que nunca hemos tenido la palabra, o los medio, a las que el sistema nos ha marginado se acerca de nuevo y nos roba esta vez en forma de capitalismo gay nuestras historias de vida invisibilizando que el amor no es lo único que constituye una cuerpa travesti, un cuerpo de playo, y mucho menos una cuerpa lesba, sin cuestionar estas cuerpas bisexuales y nuestras violencias.

Ponemos en discusión lo inconformes que somos con el sistema heteropatriarcal, con las financiadoras internacionales que financian proyectos a conveniencia eurocéntrica, ponemos en discusión nuestros feminismos y los de otras cuerpas subalternas, ponemos en discusión que los movimientos sociales LGBT de este país y casi toda latinoamerica haga lo que muchas locas no queremos hacer, es decir casarnos.

Y digo ponemos, en plural porque este texto sin duda es el resultado de la percepción de muchas conversaciones entre afectos, cariños, mujeres cis, mujeres trans, mujeres lesbianas, travestis y cuerpas sin nombres, porque no basta ser una loca, no cuando solo se tiene un ojo de loca y no una vida de loca. No quiero dialogar, ni construir, quiero una distopia post apocaliptica donde la manada de la que soy parte y otras manadas destruyan todo lo que el sistema patriarcal ha construido.

Ser mujer, ser trans, ser prostituto, no ser bachiller, no ser mujer, no ser un hombre, parecer siempre un hombre, parecer siempre el enemigo, no querer un pene si no es en medio de las nalgas, que no me estorbe el mío pero no tener registro, no ser universitaria y por tanto no ser excelente.  Es decir, ser travesti. Ser feminista pero ser objeto de violencia,  no ser adaptada, ser anarquista, ser posiblemente VIH positiva (porque siempre es posible), ser violenta, ser ingenua, disque ser activista, ser cáncer, ser histérica, ser morocha, ser latina y centroamericana pero no ser suficienta.  

La jerarquización del cuerpo en definitiva me lleva a un lugar inesperado de la realidad. Inesperado porque en este pedazo de tierra en el que vivimos, me enseñaron que tener éxito es el estado que debería existir como común denominador.  Yo escribo, escribo como cuando creí que era gay y escribía bajo el calor de una Guanacaste que nunca quise y hasta hace muy poco tiempo he empezado a querer; una Guanacaste que cabe destacar tampoco nunca me quiso. Yo escribo, de nuevo, como el fracaso de un régimen sexual.

Yo escribo como ese niño que un día fue niño y también fue gay, yo escribo como la depresión y el matoneo que se comió su vida. Escribo ya no como el niño sino como la mujer, como la mujer con los vestigios de una violencia estructural, patrimonial, de una violencia psicológica y un sin número de muertes, un sin número travestis muertas, un sin límite de sangre. Escribo como una mujer que se llama Diego, que reniega de tanto en tanto ser Persona y en ese tanto reconoce ser una Mounstra. Escribo como la mujer que la mayor parte del tiempo sospecho ser.

Escribo también desde donde suelo escribir, como la mujer que algún sueño de opio o alguna marihuana de turno deseó ser. Y escribo tanto que aun cuando no escribo también estoy escribiendo, las aceras de la Ave 3 y calle 19 de San José deben estar escritas en mi piel. Mi novio nica me dice que escribo como mi madre loca, la Pedra Lemebel y ese arte que apenas conozco, con esa escritura barroca que nos robamos nosotras las locas.

Yo escribo siempre, siempre y como ejercicio de des entronización de la escritura NO publico porque tengo demasiado que decir y pocos mecanismos para hacerlo, yo escribo como la única posibilidad de existencia, escribo como la estrategia de un dispositivo político tomado por la élite con tan poco romance, con tan poca clase.

Escribo a un año de haber descrito mi rabia. Escribo con el deseo de ser entre otras cosas leídas, y en ese mismo sentido escribo en clave feminista, para asegurarme que quien me lea se incomode:

Desde el dolor y la muerte, desde la construcción de una política necrófila, desde las cuerpas que nos faltan en la cuerpa, desde el dolor de ser nosotras, desde el hambre de nuestras tripas, desde el vómito de comer cosas caras, desde el odio a lo sectario, desde el anarko feminismo, distinto del anarko pose.

Desde la disidencia de ser una mujer como yo, con este furor que se traduce siempre en rabia, que se traduce siempre en lucha, en cuestionamiento, que nosotras para la hegemonía nos traducimos en irrespeto, porque eso debe ser este cuerpo, un irrespeto para este sistema corporativo en el que se han convertido sus derechos, de sus humanos.  

Hoy por la mañana mientras cagaba, porque las mujeres también cagan, reflexionaba respecto del Matrimonio Igualitario, su agenda capitalista y avasalladora. Pensaba en estas reflexiones feministas donde entendemos a la institución del matrimonio como una de las directrices sociales históricas donde mayormente nos han oprimido a las mujeres, y yo me pregunto qué tan cierto será ese atolillo con el dedo que la diversidad fascista le quiere hacer comer a los engranajes políticos, como si entre lesbianas no se golpearan dentro de una relación, como si entre playos no hubiesen violencias, como si nos contemplara ese matrimonio igualitario a las trans para poder casarnos.

Y yo me pregunto: Si a las mujeres nos matan en el tan mencionado matrimonio, ¿qué será de las locas, y de las pasivas?.  Si aun existiendo el término femicidio para describir la estrategia patriarcal de aniquilar a las mujeres o cuerpos femeninos, cuando el playo o la lesbiana aniquile al sujeto subalterno cuánto tendremos que esperar para que tengan un nombre.

Los cambios sociales a menudo funcionan casi como un efecto dominó. Siempre habrá una excluida, muy posiblemente mujer, o pasiva, o loca; pero casi segura que siempre en clave femenina. Ahora bien, el padecimiento de los movimientos sociales debe estar profundamente relacionado con la inexistente reflexión anticapitalista, del poco feminismo, de la poca lectura pero por sobre todas las cosas, por la poca hambre que padecen las contratadas por las financiadoras internacionales que son las que nos dictan de nuevo como Colón que es lo que necesitamos en el tercer mundo.


Ilustraciones por Daniel Arzola

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