Pasillos azules y rosados, entre muñecas y camiones. Así se dividen las jugueterías y se construyen las diferencias que marcan los estereotipos de género de años por venir. ¿Cómo se construyen estas diferencias y para qué?

Me adentré en una juguetería y recorrí sus pasillos. Empecé por NERF y NERF Rebelle (con belle de bella en francés, obvio). Pasé por los LEGOs tecnológicos y LEGO Friends, y llegué a ridiculeces como la cocinita de Elsa o el carrito de compras de princesas.

Estos pasillos marcan una diferencia clara de qué te pertenece y qué no. Una línea para que los padres se den cuenta que, si los genitales de sus hijos o hijas no calzan con el color del producto, han fallado.

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Estas diferencias no se construyen exclusivamente con la imagen de una niña sonriendo o un niño con casco y herramientas. La gráfica es suficiente para marcar una división clara: lo cuadrado y firme para los hombres versus lo curvilíneo y flexible de las mujeres.

NERF es un ejemplo de eso.  Aunque sus abundantes imágenes muestran a hombres jugando seriamente y con una gráfica “masculina”, la línea NERF Rebelle presenta una línea enteramente rosada y púrpura con letra cursiva que incluye entre sus productos carteras convertibles en armas.

En lugar de planear un tipo de campaña que incentive la presencia femenina en NERF regular, lo “diversificaron” mediante más estereotipos femeninos.

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Las cosas van más allá de solo colores y letras en lo que a estereotipos se refiere. Maquillaje, bebés, cocinitas, cajas registradoras, coronitas y accesorios es lo que predomina entre el rosado chirriante y las muñecas Barbie.

Del otro lado, los súper héroes, carros, centros de bomberos, cascos, tecnología y herramientas entre armas y Avengers. Esto representa un impacto fuerte en los roles sociales de estos niños y niñas: se traduce en la escasez de mujeres en áreas que requieren labor física o tecnológicas y la rareza de la actividad masculina en áreas de cuido y las conductas asociadas a lo doméstico o femenino.

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Un caso más concreto es la falta de superheroínas. A excepción de un único póster promocional de la película Civil War, no hay ni un solo juguete o si quiera representación de Black Widow como miembro de los Avengers.

También rescato la ausencia de Wonder Woman junto a sus compañeros Batman y Superman en sus ediciones especiales de la más reciente película. Por más que Wonder Woman sea un personaje que ha trascendido en el tiempo, su poca o nula presencia en los estantes de las jugueterías marca que, para el mercado, el área de héroes es para niños (hombres, masculinos).

La representación de mujeres heroínas no despierta el interés de las compañías como para promocionarlas. Los niños no consumen “muñecas”, sólo “héroes”.

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Realmente es algo más de mercadeo y el cómo se hacen estas divisiones según  intereses económicos. A estas alturas, hay más niños familiarizados con My Little Pony que con Transformers por una simple razón: la serie se reinventó como un concepto mucho más neutral y disfrutable para niños y niñas.

Esto no evita que Playskool los ponga uno contra el otro (como si fuera competencia). ¡Tan propio de los ochentas! Por un lado, Playskool Heros y Transformers, por el otro Playskool Friends con Ponies.

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Disney promociona el lema “Soy princesa siendo yo”, concepto que me parece apropiado y me remonta más en la definición de princesas de Hora de Aventura de Cartoon Network: científicas, bibliotecarias, fantasmas, incluso princesas de desayuno.

Pero en la sección de princesas de Disney no solo encontramos lo tradicional entre muñecas -cuyos rostros no siempre están adaptados a las características físicas que Disney recientemente ha tratado implementar, como mejillas más redondas o facciones menos “ideales” de belleza femenina – sino que dan un paso más allá e inventan cocinas, cajas registradoras, casitas y carritos de compras.

Esto crea un shock visual fuerte frente al rostro de las hermanas de Arendelle, creadoras del aclamado filme sobre independencia femenina, Frozen. Al menos podemos agradecer que no vimos ningún set de maquillaje de Merida.

Piensen en Star Wars, una franquicia que para muchos ha marcado momentos  interesantes con sus padres o madres. (Diría, “fuera de los sentimentalismos” pero en este contexto son importantes) Star Wars ganó millones adeptos con una historia de trascendía los roles.

En su nueva película nos presentaron una protagonista femenina fuerte, la cual  interesó a muchas niñas. Con esto, los padres fanáticos de la serie comprarían juguetes tanto para sus hijos e hijas como para ellos mismos: hay LEGO Star Wars, hay NERF Star Wars, hay infinidad de peluches, figuras de acción, peluches y naves…

Pero recién estrenada la película, la gente comenzó a preguntar ¿y la protagonista? Rey no se encontraba en ninguna parte. Esto cambió, pues entre estos pasillos de la ahora muy popular sección de Star Wars, me encontré un arma NERF de Rey y figuras de acción de la heroína. Luego miré a mi alrededor. Estábamos en la sección de hombres.

Las armas, los carros, los guerreros y el azul-negro-rojo resaltaba en estos pasillos. Esa Rey no estaba ahí para las niñas.

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Muchos de estos juguetes pueden ser neutralizados ante los estereotipos de género, incluso una cocina de juguete puede ser algo entretenido para niños y niñas si no trae implícito que es algo PROPIO de un género o identidad. Ya hay demasiada gente en la sociedad que se encarga de eso, dejemos los juguetes fuera del asunto.

Entre los pasillos, veo como las marcas como Lego, una empresa que se le ha aplaudido su característica de neutral, han adoptado estrategias de “diversificación” según género. El contraste es claro: hay una línea de juguetes para todas las personas al lado de los de LEGO Friends (en rosado) y los LEGO Heroes (con Mary Jane incluida para ser secuestrada en la versión Spiderman).

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“Pero a los chiquitos les gusta eso, es lo que buscan” ¿Es realmente esa una explicación? ¿O simplemente es lo que se les hace pensar? Si se le da una plancha a una niña y se le dice que es para que juegue casita, la idea es que o la utilice para eso o la deje botada. Pero, si se le da una plancha y simplemente se espera a ver qué piensa… todo puede pasar.

Eso es lo especial de la niñez, las imaginaciones trabajan sin límites si se les da esa libertad. ¿Mi caso? Esa plancha era un perro y el cordón era su correa. Hasta la fecha, ese pedazo de plástico sigue siendo mi Perro-Plancha, uno de mis juguetes favoritos, que nunca se usó para su motivo inicial.

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Nuestras conductas, al igual que nuestras “diferencias”, son aprendidas. El exponer y participar en este binarismo de género (tan dividido por murallas de músculos y labiales) solo continúa esa cadena. No es tan complicado. D

Dejemos elegir en un contexto justo. En la tienda, no vi ni una niña en el área de Marvel.  Caminando por el mall, sin embargo, sí vi una pequeña jalando a su mamá señalando una figura de Spiderman en un quiosco. También es posible ver niños que les gustan las muñecas de Valiente, Frozen y My Little Pony, pero estos deben mantenerse callados porque su masculinidad se vería cuestionada inmediatamente.  

Dejemos que sean en libertad, que se desarrollen como quieran. Detengámonos y razonemos un poco. No encerremos a las chiquitas en cocinas y a los niños con herramientas y camiones. Nadie se va a torcer. Aquí lo único torcido son las percepciones de género.

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