La nueva marca del Banco de Costa Rica ha desatado polémica desde múltiples frentes. Acá revisamos su color: el rosado.

El rosa es uno de esos colores que, como su primo el rojo, desatan pasiones, exabruptos, polémicas. Es de las niñas, de los quinceaños, de los gays, de los metrosexuales que se atreven. La idea de este texto inició por la consternación (porque ya a estas alturas ¿quién se indigna?) causada por el nuevo isotipo de la banca “que nació mujer” del BCR (que yo no sabía era hombre).

Para contextualizar a los lectores que no se han enterado (o los de otras latitudes), Kristal es el nombre de un servicio especial del Banco de Costa Rica que ofrece productos supuestamente enfocados a la población femenina. Se ha hablado y dudado mucho de la veracidad de estas premisas, lo cuál eleva preocupaciones más allá de la poca calidad de la solución técnica en todas las versiones de la marca.

Tomado del facebook de Banca Kristal.

Desde el sitio poco navegable, una decoración de castillo rosa en medio de un centro comercial y rematando con un bolso con maquillaje y un manual de uso (¿?), Kristal (sí, se escribe con K) se ha puesto en el camino del comentario desaprobador. Los encargados de su comunicación han echado al traste una oportunidad para posicionarse frente a un público ávido y merecedor de mejores opciones para dinamizar su economía personal y seguir aportando a la economía del país.

Ya se ha hablado muchísimo de la torpeza del equipo comunicativo, los estereotipos que repite y el casi cómico extremo al que han llevado todo el asunto con cada una de las sorpresas que han revelado desde su campaña de expectativa.  En un mundo de opiniones polarizadas y de reacciones inmediatas en redes sociales, pareciera que el uso del rosa como elemento principal de una marca está destinado al fracaso.

“El color no se mancha” me dice Lucho Chumpitazi en un comentario en mi muro de Facebook.  El comentario parafrasea aquel dicho sobre la pelota de fútbol y me recuerda que los colores, independientemente de sus significados usuales, son fuertes aliados. Si se utilizan bien, se transforman en potentes herramientas para todo visualizador.

Y es que no podemos negar que muchos colores parecen tener el destino formulado: el negro es luto y elegancia, el rojo es seducción, pasión, putas y sangre; el amarillo es cálido y “da hambre”. Fórmulas hay para quién las quiera dentro de esos recetarios de los quehaceres comunicativos.

Pero estas recetas son soluciones que casi siempre dan un resultado a lo mucho pasable.  Están pensadas para crear sobre ellas y no para quedarse con la lista del libro. Sólo aquellos que se atreven a experimentar, a desdoblar los ingredientes y a buscar sus esencias, los que realmente hacen trascender la cosa y deleitar la mirada con un uso novedoso de condimentos. Lo demás es fast food.

De allí que el rosado no está condenado a ser el color femenino, ni lo femenino a ser únicamente representado con los tonos más claros de su espectro. Es simplemente un ejercicio de pereza que nos lleva a la asociación directa y a la solución sencilla, a esa seguridad amparada en el vox populi que coincide en que rosado = señorita y celeste = varón.

Y es esta pereza ante la que hay que estar atentos, esta pereza la que deberíamos evitar tanto creadores visuales como consumidores. Diversas fuentes desmienten esos supuestos seudo psicológicos que se blanden en la sobremesa o en las lluvias de ideas: no existen preferencias determinantes probadas de un género por uno u otro color desde el nacimiento.  No es sino hasta la edad de la asignación de la identidad sexual (un proceso que lleva mucho de social) en donde estas tendencias comienzan a marcarse con firmeza. Vivir los primeros años de la vida en un cuarto monocromático sirve para condicionar a cualquiera.

El “¿qué dirán?” o el “público meta no sabe de colores” no son excusas. No hay diseño que le quede a todo el mundo ni color que sea para todos.  La contundencia formal y los conceptos sólidos reducen las críticas a un nivel de preferencia subjetiva: siempre se estará expuesto ante este.

Una gráfica, afiche o identidad con fuerza y resolución son capaces de introducir un color, o un concepto insospechado en el área deseada.

Eficientes aplicaciones del rosa - créditos

Buenas aplicaciones del rosa – poster de A little Sex (1982) y afiche de Herbert Leupin para Pelikan (1952)

Hay bancos rosa que no se ven débiles y blandengues sino frescos y vivos; el rosa intenso en la pintura de Frida Kahlo grita con potencia, contrastado y desafiante.

A nadie se le ocurre, por ejemplo, pintar de blanco la casa rosada argentina.

El rosa puede ser sensual y erótico en una pintura de O’keeffe; cómico sobre una pantera; un polémico éxito de ventas para Nike en las casacas del Boca y el Barça o agresivo en un vestido y delicado en una camisa de seda. Potente en un contraste sólido, subversivo y mordaz bajo su aparente inocencia. Queda en los que hacemos imágenes la opción de usarlo a plenitud y hacerle justicia.

El amplio espectro del rosa presenta oportunidades de diseño muy generosas. Podemos revisar tres ejemplos en los que se evitan sus lugares comunes y el potencial del rosa brilla con fuerza y efectividad.

Satomi TanakaEn el primero, un afiche de Satomi Tanaka del 2010 para la Expo de Libros de Segunda Mano, se observa una magistral composición de figuras geométricas y estructuras tipográficas. Acá el rosa es acompañado de un verde olivo en un contraste inusual, pero muy efectivo, con sólo dos tintas y el blanco del fondo. Tomado de GURAFIKU.
Johnross PostEl segundo es una exploración gráfica para un programa musical del whisky Jack Daniels autoría de Johnross Post. En la página de proyecto nos explica cómo las imágenes solicitadas debían apelar tanto a una escena rockera como a nuevas tendencias musicales como el indie, la electrónica y el hip hop. El rosado incendiado incluye perfectamente todos estos sonidos con una saturación que nos indica pasión, dinamismo y fuerza. El contraste con el negro y blanco es extremadamente efectivo y funcional para el mensaje.
Ver proyecto en Behance.
Jamie ReidY en la tercera tenemos un clásico. Se trata del sobre del infame Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols que Jamie Reid creó para la mítica banda. Jamie Reid es quizá el padre de la estética punk con su notorio estilo de letras rotas que se nutre de las ideas anarquistas, dadaístas y situacionistas. Una total belleza en donde el rosado de delicado tiene muy muy poco.

Pantone publicó recién la primer dupla para su “color(es) del año”: un rosa claro que se acompaña, previsiblemente, con un celeste cielo. Si bien bellos colores, un aburrido par que no se merece sucesor del curioso Marsala del año pasado (que al principio nadie quería y ahora es lo más chic).

El problema en Kristal va mucho más allá de su color y radica en un tratamiento mediocre hacia su público meta. En una apuesta por lo seguro han obtenido una solución mal resuelta que raya en la parodia. Lo bueno es que al final y cómo diría el maestro Lucho “el color no se mancha”.

Notas

Gender Mystique de Jo Paleotti (autora de Pink and Blue: Telling the Boys from the Girls in America) es un recurso genial y divertido para desmitificar algunas nociones de género en manifestaciones culturales. Su último blog post con respecto al “Pantene thing” (sic) es genial.

Acá un buen artículo de Ben Goldacre: físico, académico y divulgador científico (lean Bad Science que es genial) en el que refuta los argumentos de una sonada publicación de la TIME que afirma la supuesta relación mujer=rosado.
Pink, pink, pink, pink. Pink moan.

El proyecto de El Banco de Uno de Saffron, una identidad para banca que utiliza primordialmente el rosado con una frescura excelente y al que hace referencia Lucho Ch. en el comentario que menciono en el artículo.

Uno de los mejores artículos al respecto del tema Kristal en el Semanario Universidad, de Daniela Muñoz Solano y Ana Beatriz Fernández González.
Banca Kristal, a la (k)caza de “princesas rosadas”.

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