La artista Albertine Stahl usa diversos lenguajes para criticar, analizar y parodiar el entorno violento que la rodea.

Estaba esperándome desde las nueve de la mañana, y sin importar mi retraso, me sonrió con su soltura característica. En una mañana de domingo, donde la mayoría pretendía tener un desayuno familiar o bien bajar la goma del día anterior, Albertine se destacaba del resto. No era sólo su ropa lo que la hacía sobresalir. Quienes la conocen saben que su ropa no es el único statement. Ella, en sí, es un statement.

El desenfado permea en todas las capas de Albertine, desde la persona desenvuelta y carismática hasta su trabajo punzante. La artista, nacida en El Salvador, mezcla el color, la parodia, la crítica mordaz hacia un entorno violento y machista en su obra, cosa que se ve reflejada en cómo es ella. Y ella misma dice ser una extensión de su obra.

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Ahora bien, para entender las motivaciones y conceptos detrás de la persona, es importante comprender primero que Albertine Stahl se considera una hija de la violencia. Cuando escribo algo así, cualquier persona debe pensar que nació en un contexto sumamente hostil y realmente no se dan cuenta que todo lo que nos rodea es violento.

Las temperaturas cambiantes y el tiempo irregular, el miedo a ser asaltado, la competitividad en el trabajo – todo transpira cierto grado de violencia. Y es justamente este entorno violento, violento desde el momento que nacimos, el que alimenta su obra.

Ella explora, además, el hecho que la violencia se encuentre, hasta cierto punto, tan normalizada dentro de lo cotidiano. “Me interesan mucho imágenes de violencia porque son lo que ves. Estamos tan acostumbrados a verlas que ya no las ves. A mí me interesa retomar esas imágenes y darles un giros para volverlas agradables. A través de su estetización, captás la atención [de las personas].”

Si no les parece que la violencia se encuentre normalizada, simplemente abran cualquier periódico y lean cómo los asesinatos, asaltos y choques son tratados como eventos cotidianos (¿para eso existe la sección de “Sucesos”, cierto?).

Es más, una de sus series más recientes, denominada “Come on! I know you can do it”, contrapone no sólo la banalización de un evento tan violento como un accidente de tránsito. También contrapone la ilusión de cómo el bienestar y el ideal de confort que implica tener un automóvil puede justamente llevarlo a uno a la muerte.

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Para Albertine Stahl, todo el arte es político, y su arte tiene un peso – un mensaje político y feminista-, muy fuerte. El arte, no necesariamente la pintura, sino cualquier tipo de medio artístico, es el medio central para expresar sus ideas y sus vivencias.

Pero ella no se conforma con sólo eso. Es decir, el uso del medio (en este caso, pintar en gran formato) es también parte, importantísima, del mensaje. Esto es una patada en… ¡donde sea! a quienes piensan que las mujeres solo deben pintar en formatos pequeños y pintar cosas bonitas, afines a lo “delicado” y “femenino”.

“Entonces, inconscientemente, bueno, más bien, muy conscientemente, intento romper con lo que se espera de mí. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a una expo de artistas mujeres y que viste obras de gran formato? Entre más grande el formato, más grande el pintor. Entonces, [al pintar en gran formato] estoy entrando en su mundo, en su categoría. Estoy en derecho de reclamar mi espacio.”

Y lo cierto es que Albertine conoce ese espacio muy bien. Ha estado en contacto con el arte desde los trece años, siendo la pintura el primer medio que conoció (y el cual es hasta hoy en día en el que más cómoda se siente).

A pesar de la importancia que tiene el arte en su vida, tuvo un brevísimo paso por las facultades de Arquitectura y Derecho después del colegio. (Como egresada de una carrera de humanidades, entiendo lo difícil que es decidir estudiar algo que en apariencia es tan poco cotizado y competitivo). Ninguna de las dos era lo suyo. Una vez probado ese punto, se volcó completamente hacia el arte.

Mientras estaba estudiando Pintura en El Salvador, aplicó a dos residencias para artistas emergentes centroamericanos y asistió, por dos años consecutivos a EspIRA la Espora (Espacio para la Investigación y Reflexión Artística) en Managua, Nicaragua.  Espacios como la Espora le ofrecieron otra visión de lo que le ofrecía la academia y la ayudaron a formar una visión más amplia del arte, del arte contemporáneo y del arte en Centroamérica. “Eso me abrió los ojos a la producción artística local porque la universidad es súper conservadora…. Fue chivo porque comencé a participar en otros circuitos que a los que no tenía acceso con la universidad.”

Fue poco después de decidió mudarse a Costa Rica, donde pudo extender aún más su conocimiento e ir explorando nuevos espacios artísticos. Esto no significa que comenzó a producir de forma inmediata. Durante unos dos años, ella se mantuvo relativamente inactiva, impregnándose de su nuevo entorno.

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Quizá debería aclarar que esta inactividad, que en realidad se reduce a una falta de producción artística, no significa que sea poco productiva a nivel creativo o intelectual. La observación y la absorción de todo tipo de información, desde académica hasta cultural, es esencial en el proceso de formación. “Iba mucho a expos y a conversatorios para empaparme de las dinámicas de producción.  La verdad, este es un contexto súper dinámico. Cuenta con un montón de posibilidades para los artistas para moverse en distintos medios.”

Eso sí, una vez asentada, tanto su producción como su temática comienza a agarrar una fuerza que solo es dada por la estabilidad. “Es importante que el artista esté tranquilo y que tenga estabilidad económica y emocional para poder empezar a producir”. Para ella queda atrás la idea romántica del artista como alma en pena. “Hay gente que cree que el arte es vida, pero yo creo que la vida viene antes que el arte.”

Después de producir y estudiar varios años en Costa Rica (pues, aparte de sus estudios y carrera artística, actualmente cursa Filosofía en la Universidad de Costa Rica), no pude evitar preguntarle en qué se diferencia el contexto artístico salvadoreño del costarricense. “El contexto es bien parecido al de los demás países [de la región]”, me dice con toda seguridad, “Esa es como la cosa más curiosa.”

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Un contexto pequeño como lo es Centroamérica es algo sumamente beneficioso para los artistas, pues resulta relativamente fácil ir hilvanando redes de comunicación y colaboración entre ellos. Estas redes, lejos de formar círculos impenetrables, les permiten formar una especie de frente de ataque. Juntos, es más fácil tocar puertas e ir formando nuevos espacios.

Existen aspectos negativos a todo esto, por supuesto. “Yo pienso que de Guatemala a Panamá, México inclusive, están esperando a una especie de salvador. Esperan a la cooperación internacional, a las convocatorias.” Estos artistas en hibernación, según los describe, aportan poco a la generación de espacios y lenguajes propios de la región.

Asimismo, ella no percibe la labor artística como un fenómeno anual. Un artista verdaderamente emerge si se encuentra en un estado de producción constante, y él solamente mediante la producción que logra visibilizarse. De esta forma, la emergencia no se convierte en un suceso, sino que es un estado en donde constantemente se están cuestionando y renovando técnicas, discursos y procesos.

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Quizá por eso sus premisas son el trabajo (individual y en equipo) y la educación. El estudio, para ella, le permite tener una noción más clara del momento exacto en el que se encuentra, permitiéndole organizarse y producir discursos, obras y proyectos que hablen con un lenguaje más asertivo y comprensible. Y esta forma de llegar su mensaje a los demás es solo parte de una carrera fructífera.

“Ya que en Centroamérica son muy pocos los artistas que pueden costear asistentes, profesionales, administradores integrales (es decir, personas con conocimiento del área cultural y del mercado), para tener éxito hay que prepararse, estudiar, trabajar mucho y ser un administrador competente. Independientemente de tu edad, sexo y preferencia sexual, si no sos un ente integral en Centroamérica, estás perdido.”


Fotografías cortesía de Anna Matteucci.
+ del trabajo de Albertine Stahl en su web / facebook.

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