Visto en La Nación, La Teja y hasta en Dancing with the Stars, es común ver y leer sobre el Cosplay posicionándose en nuestro país. Pero, ¿qué es y por qué debería interesarme?

Dada la creciente popularidad de la actividad, es muy probable que usted o alguno de sus conocidos esté familiarizado con el término “Cosplay”; ese arte oscuro e increíblemente ñoño de encarnar personajes a quienes hemos llegado a “tomarles afecto”. Sin la existencia de un grado de relevancia dentro de cada propiedad intelectual que marque un límite, se da lugar a que haya amor para todos por igual.  Es decir, si habemus Cosplay de Snake, habrá en algún momento amor para la caja que lo esconde de sus enemigos.

No hay mucho sentido en ahondar tecnicismos sobre lo que es o no es el Cosplay; que si la palabra es o no es en realidad un juego de palabras, si la disciplina nació en Japón o se volvió mainstream gracias a Yaya Han.  En su forma más simple, el Cosplay se trata de disfrazarse de algo o ”alguien” que a usted le gusta o admira, y “meterse en la vara.

Vivir, respirar y darle vida a ese personaje que por una u otra razón nos ha dado suficientes motivos a lo largo del tiempo para querer ser él (o ella) por un rato. Para lograr este cometido, los cosplayers recurrimos a diferentes métodos que nos ayudan con la parte física del parecido con dicho personaje: maquillaje, pelucas, fajas, toneladas de foam con forma de utilería cubierto en otras dos toneladas de pintura acrílica; escudos, armaduras, alas, y hasta la mitad de las criaturas del rebaño del señor.  Si es propio del personaje, se hace. Punto.

Cosplayer: Anthony Zúñiga Fotografía y edición: Calendario Cosplay

Cosplayer: Anthony Zúñiga
Fotografía y edición: Calendario Cosplay

Esta es la parte donde normalmente el estigma social escala… y rápido.

Dado lo cerrada que es en promedio la cultura costarricense, este asunto de disfrazarse ya se considera lo suficientemente “perdedor” por el simple hecho de “disfrazarse de faulitas”. Agregue a la ecuación pelucas, maquillaje y el costo bruto de todo eso, elegir personajes de género diferente al que le tocó de nacimiento, la facilidad para viralizar cualquier cosa medianamente popular en Facebook, y quedamos con una fórmula capaz de hacer arder Troya cien veces más rápido que toda Grecia junta, con un prejuicio social sinónimo de “¿cómo hace la gente para dormir sabiendo que son parte de una actividad de tan baja calaña?”.

-“¡Propaganda!” dirán unos.
-“Nada, personas ignorantes; ¡obtusas!” dirán otros.

Claro, dependiendo del nicho, es de ni acercase. De pronto alguien cuya estima sea delicada puede salir lastimado, ofendido y hasta acomplejado de cuanto adjetivo coloquial le toque escuchar. Yo prefiero pensar como Oscar Wilde: “la única cosa peor que hablen de nosotros, es que no hablen de nosotros”.  Esto es reflejo de que cualquier cosa, una vez es mainstream, se acepta. Dele el tiempo suficiente; una vez se vuelve moda eso que usted ama pero nadie entiende, van a aparecerle más “mejores amigos” de los que puede contar con sus manos y las de ellos.

Y es que, indistintamente del nivel de aceptación o prejuicio que exista, el consenso general para con el cosplay es que es un pasatiempo completamente diferente a toda actividad promedio. Las personas pensamos en todos los lugares que queremos visitar y las mil y un actividades YOLO que queremos realizar antes de morir, pero ¿dónde quedan las experiencias que se viven durante la vida y se atesoran como recuerdo todo el resto de ella?

Cosplayer: Daniela Quesada Fotografía y edición: Chia Long Photography

Cosplayer: Daniela Quesada
Fotografía y edición: Chia Long Photography

Ser partícipe del cosplay no es viajar a Japón ni tirarse de bungie -estamos de acuerdo-, pero no por eso no puede ofrecer una experiencia de vida igual de gratificante en la situación y circunstancias correctas. Si la razón del titubeo es el qué dirán y demás escrutinio común entre la prole, piénselo bien; la gente va a hablar de usted de cualquier manera.  Si engordó porque está gordo, si adelgazó porque está en drogas, si tiene novia porque la tiene, si no la tiene porque es un forever alone, si tiene trabajo por la plata que gasta, si no lo tiene por la misma plata que gasta… es clara la idea.

¿Por qué no, entonces, hacer algo diferente por el simple hecho de sumar una experiencia más de vida que recordar con cariño y contarle a los nietos? No tienen que ser suyos, forever alone que se respeta tiene plan de contingencia para contar sus vivencias a los nietos ajenos. O al menos eso me digo a mí mismo.

Razones para animarse a sumar esta vivencia a su memorabilia hay muchas, tanto ñoñas como artesanales, de reto personal e inclusive hasta morales y de auto estima, teniendo todas en común lo gratificante que es como reto cuando se llega a la meta y se logra.

Conversar con un cosplayer sobre los beneficios que le ha traído dicha actividad a su vida es algo sorpresivamente agradable, por muchas razones que para muchos de nosotros no sólo son impensables y nada obvias en primera, segunda y hasta décima instancia, si no también hasta increíbles.  Para muchos, el cosplay es mucho más que una parte intrínseca e inherente del nicho de otakus en gabardina, rodeados de waifus y fans de Mago de Oz.

Suena curioso, ¿cierto? Después de todo, ¿cuánta trascendencia puede tener esta actividad, más allá de verme como Sailor Moon y tomarme fotos con mis amigos, conocidos y la horda de gente que me stalkea en Facebook desde el evento anterior? La respuesta es, más curioso aún, “mucha”; se sorprendería de saber la cantidad de conocimientos pragmáticos y aplicables en la vida diaria que aprende un cosplayer que se toma el hobbie un poco más en serio que el promedio. Ya sea costura, pintura, trabajo en madera, PVC, foam, circuitos y hasta LED; hay material de aprendizaje para que hasta la más ambiciosa fantasía empírica salga satisfecha. Y de la gente que viaja por el mundo y hasta vive de eso, ni hablar.

-“Imposible. Impensable. ¡Rareza nivel diamante!”

Cierto. No todos llegamos a ser Leon Chiro, Kamui o Vampy; muchos de ellos son quienes son, y no llegan a tener los ingresos económicos de, por ejemplo, Jessica Nigri. Pero… ¿y qué? ¿Cuántos de sus compañeros mejengueros de barrio llegaron a ser Keylor Navas o Cristiano Ronaldo? Bien. Está claro.

¿Qué tal si le cuento historias de personas cuya admiración por su personaje las ha llevado a superar miedos, traumas personales, problemas de autoestima y hasta de sobrepeso?  Hablo de personas que han mejorado su calidad de vida, relaciones familiares y hasta fortalecido su noviazgo o matrimonio por el simple hecho de llevar como emblema en su piel a su personaje, y compartir la pasión que es sinónimo de esta actividad. Hasta bonito suena. Bonito, porque es algo real; tangible y parte de la vida de muchos ticos como usted.

Se conoce gente, se hacen amigos de una semana y algunos para toda la vida, se comparte una afición en común, y sin un solo efecto secundario ni goma física ni moral de ningún tipo. No tiene que volverse frecuente o profesional; elija un personaje para interpretar una única vez, lo vive y lo hace valer. El resto viene sobre la marcha.

angela-bermudezAngela Bermúdez, cosplayer reconocida a nivel internacional y la mayor exponente del cosplay a nivel nacional, también empezó en un evento cualquiera, con un cosplay cualquiera, por llenar su curiosidad. Vea donde está ahora.

-“Pa’qué, si para eso está Jalogüin. Ahí no pego hueco.

Bueno. A decir verdad, el nivel de trabajo y dedicación que requiere un cosplay en comparación a un disfraz de Halloween promedio es, digamos… mucho.  Es como comparar lo que es armar un DUPLO a un LEGO, tal vez. ¿Quién va a invertir horas de su vida elaborando un traje que, dependiendo del ambiente, puede terminar cubierto en vómito propio o hasta ajeno?

Pero dejemos eso de lado. Obviemos la diferencia en la calidad y complejidad del traje, parecido al personaje y en general el 90% de cosas que hacen al cosplay algo chiva y completamente diferente a sólo disfrazarse.

Hablemos de lo aburrido y limitado de interpretar un personaje por unas horas, de noche, donde nadie va a apreciar su trabajo por la oscuridad, humo, alcohol y la fiesta, una vez al año. Súmele el ambiente de un festival grande, lleno de gente con la misma afición que usted, y donde todo su esfuerzo, sudor y empeño va a ser reconocido y apreciado por muchos otros cosplayers, dedicados igual que usted. Donde, básicamente, no hay hueco qué pegar. Se escucha como… diferente. ¿Verdad que sí?

la-roca-popeye

Dwayne Johnson, de Popeye para Halloween. Imagínelo en un cosplay de calidad, en un evento.

-“Attention whores, drama, divas, argollas y delirios de grandeza: sólo eso se escucha de ese gremio. ¿Qué tan cierto es?

Tan cierto, como el hecho de que todo gremio existente sobre la faz de este planeta sufre de los mismos males. Personalmente no conozco uno exento de personas así, de una u otra forma y en alguna cantidad. Empero, puedo decirle por experiencia propia que la llamada “élite cosplay” no es más que una ilusión de quienes, si bien no se dan de más, insisten en darse por menos.

Quien se sume al nicho con la única intención de encontrar fama y fortuna puede llevarse un golpe de realidad en la cara muy, muy fuerte.  No obstante, quien lo haga por amor, pasión y dedicación puede terminar consiguiendo mucha más fama de la que pensó, quiere o necesita, y por qué no, hasta un poco de fortuna. La calidad va a ser siempre la mejor carta de presentación; el cosplay no se exime por ser un hobby.

Hay muchas cosas que podría decir. Experiencias que podría contar. Anécdotas propias y ajenas, e inclusive fotos y recuerdos que no me molestaría compartir. Pero nada de lo que haga o diga va a ser ni remotamente similar a vivirlo, respirarlo y experimentarlo por usted mismo. Es claro: Zidane puede hablarle mucho de fútbol, Félix Baumgartner de caídas libres y Mika Häkkinen de Formula 1.  Por más pasión que fluya en la cátedra nunca va a estar ni remotamente cerca de la vivencia misma; de sentirlo en su propia carne.

Hay muchas razones qué argumentar. Al final del día, lo único que puedo decir para cerrar es: si le da curiosidad, le parece interesante y le pica el gusanito de la duda, inténtelo. ¿Recuerda las historias sobre cosplayers que le expuse un par de párrafos arriba? Bueno, muchos de ellos empezaron igual que usted. Muchos de ellos dudaron de dar o no el paso, y en algunos casos el haber dicho “sí” les ha llevado a toda Centroamérica, Sudamérica y hasta a Japón; muchos de ellos no imaginan cómo sería su vida sin los lugares y personas que conocieron, las experiencias que vivieron y las habilidades que adquirieron, todas gracias al Cosplay.

Anímese usted también. ¿Quién quita y sea uno de ellos en potencia?


Imagen de portada original de Pat Loika (Joker!) [CC BY 2.0 (http://creativecommons.org/licenses/by/2.0)], via Wikimedia Commons. Con modificaciones para esta publicación.

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