En El ruiseñor y la noche: Chavela Vargas canta a Lorca, la Chamana utiliza la obra del autor español para reconfigurar los temas de la vida y la muerte y establecer una conexión con quien la lee.

“…se dejó llevar por su convicción de que los seres humanos no nacen para siempre el día que sus madres los alumbran, sino que la vida los obliga otra vez y muchas veces a parirse a sí mismos, El amor en los tiempos del Cólera, Gabriel García Márquez.”

En el marco del Festival Internacional de Cine se presentó El ruiseñor y la noche: Chavela Vargas canta a Lorca, un documental del joven cineasta mexicano Rubén Rojo Aura. El filme es una aproximación a la relación que la cantante estableció con la obra de Federico García Lorca. Una conexión que toma como base la sensibilidad lírica y que trascendió hasta el plano metafísico.

El documental parte del último trabajo que Chavela Vargas hizo: La luna Grande, un disco-libro donde Vargas pone a dialogar los poemas de Lorca y las creaciones que ella hizo grandes con su estilo único. El amor y la ternura con que se buscan los motivos de la vida y la muerte son claves en el entendiendo de estos dos artistas que lograron superar las banderas y las ausencias físicas.  El texto fílmico, lejos de pretender ser biografía, nos acerca a una Chavela que existe en un nivel más allá de cotidianidad. Nos presenta una Chavela que fluye a través en la poesía y el folclor.

Fotograma del documental “El Ruiseñor y la Noche. Chavela Vargas canta a Lorca”

Las lecturas que Chavela hizo de la obra artística lorquiana es el punto clave de conexión con la vida de la cantante que, como Soledad Montoya (“Romance de la pena negra”, Romancero Gitano) conoció la exclusión, la soledad, la marginalidad, la desesperación que se devela cercana a la muerte.

Según declaraciones del mismo director, su interés por Chavela nació a partir de la fuerza de la presencia de aquella mujer; una presencia reducida en lo físico pero extendida en lo sublime, en lo poético, en lo metafísico. Una presencia que grita rebeldía, dolor y plenitud.

Chavela Vargas es, sin lugar a duda, una de las figuras más importantes del folclor mexicano y, a su vez, es una figura importante en el folclor latinoamericano. A pesar de ser de otro país, la cercanía con que Chavela reconfiguró aspectos de una de las identidades mexicanas más populares es brillante y transgresora, como fue toda su vida.

Chavela Vargas redimensionó el valor de los mariachis y las rancheras.  Su voz se apropió de las letras y matizó el tono de celebración parrandera para brindarles un tono más triste, más doloroso pero a la vez más sensible, más poéticamente sensible.

Gabriel García Márquez a través del narrador de El amor en los tiempos del cólera, sugiere que no sólo se nace el día que la madre pare, sino que existe la capacidad de reinventarse cuantas veces sea necesario en la vida y que esas son formas pragmáticas de nacer de nuevo.  

La vida de Chavela fue transgresora hasta con el ritmo natural de la vida y la muerte: Chavela nació, murió y volvió al vivir muchas veces en los 93 años que duró su línea de vida en este mundo. Hoy, gracias a la poesía, sigue viviendo y muriendo en una constante cíclica, como la luna lorquiana: lúbrica y pura.

En La Residencia de Estudiantes en Madrid encontró a una de sus almas gemelas. Representado en un pájaro y un piano, Chavela conoció al alma de Federico García Lorca, ese hombre visionario que logró reconocer y reivindicar el sufrimiento humano que otros creían justo. Lorca, el poeta, el músico, el dibujante, el humano, el hombre, también se reconfigura a través de Chavela.

Fotograma del documental "El Ruiseñor y la Noche. Chavela Vargas canta a Lorca"

Fotograma del documental “El Ruiseñor y la Noche. Chavela Vargas canta a Lorca”

Ella le asigna a sus personajes, a sus textos, a sus alegorías y sus ambientes este pausado y angustiante tono de una voz trabajosa que supera la simple comunicación del día al día. Los textos de Lorca se complementan con el folclor universal que Chavela conoce. Además incluye textos de su propia autoría para matizar con su pícara y amplia visión de mundo. Los textos de Lorca se latinoamericanizan, aún más, en las lecturas de Chavela y en este diálogo de vida y muerte Poeta y Chamana se inmortalizan.

Sólo se abraza con amor la muerte cuando se ha podido vivir la vida. Por eso, Chavela habla de vida y muerte como una dualidad hermosa, indisoluble, necesaria y omnipresente. “La muerte es como una bailarina de flamenco: peluda y morena” en un baile que es casi lucha,  una seducción arrebatadora,   el control corporal propio y de otros. Cuando esa bailarina se acerca a vos y te seduce, bailás con ella con pasión y entrega. Porque la vida, al igual que la muerte, hay que pelearla.

Como Rubén Rojo Aura insiste, los artistas no se mueren en la jubilación, se mueren en el escenario.  Esto fue lo que Chavela hizo y por eso será inmortal. Así como ella conectó con Lorca en un plano más allá de lo comprensible, La Chamana conectará con la historia de muchos y muchas que sientan una conexión con la vida de esta mujer.  Ella demostró que el determinismo no es más que una falacia y que cuando el dolor está sentado a la derecha, no toca más que abrazarlo con ganas e invitarlo a un tequila para que se relaje.

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