Seymour Guado no es sólo uno de los personajes más emblemáticos del universo de Final Fantasy, sino de los más complejos dentro de su propia superioridad. 

Hoy me gustaría que dejáramos de lado las discusiones sobre películas, cómics, o series, y nos enfocáramos en la historia de un hombre que quiso cambiar al mundo, y de cierto modo lo logró. Era un hombre místico, rodeado tanto de adoración como de polémica; su madre era humana, pero su padre era un ser sobrenatural. Sus seguidores lo veían como un maestro, un profeta; un vínculo entre lo sagrado y lo terrenal, entre lo humano y lo espiritual; un líder religioso y un filósofo con ideas revolucionarias.

Este hombre lideró a su iglesia hacia una nueva era, lo cual le costó la vida, pero volvió de entre los muertos más poderoso que nunca… tres veces. Su nombre, como ya muchos habrán adivinado, era Seymour Guado, y su visión para el mundo era sencilla: Para salvar a la humanidad, él debía matarlos a todos.

Seymour Guado

Seymour es el principal antagonista de Final Fantasy X (FFX). Es un villano elocuente y magnánimo que oculta un oscuro secreto importante de la historia de FFX. Por esto debo advertir que a partir de este punto hablaré a profundidad de la trama con el fin de comparar a Seymour con otro mesías, Jesús. Spoilers adelante.

El padre de Seymour, Jiscal Guado fue una figura política y religiosa muy importante. Era del pueblo de los Guado, seres parecidos a árboles que cuidan el portal al más allá en la fe de Yehvon (la religión principal en el mundo de Final Fantasy X). Los guado no son seres celestiales, pero sí altamente espirituales, además de ermitaños.

Jiscal Guado fue el primero en acercar a su pueblo a la fe de Yehvon y al resto del mundo. Se casó con una humana y engendró un hijo híbrido, Seymour. En este aspecto Seymour y Jesús comparten su linaje mestizo como hijos de una mujer humana y un ser sobrenatural, pero mientras que el linaje de Jesús es cuestionado por algunos, y alabado por otros, Seymour es claramente un mestizo y fue discriminado por esto desde su infancia.

Jiscal Guado, el padre de Seymour.

La madre de Seymour intentó protegerlo de esta discriminación criándolo en aislamiento. Sin embargo pronto se dió cuenta de que su hijo nunca sería aceptado tal como era, y elaboró un plan para convertir a Seymour en un héroe para su fe. La madre de Seymour (quien lamentablemente no tiene un nombre oficial) se sacrifica (cuando Seymour apenas tiene 10 años) para convertirse en un espíritu de invocación con el cual su hijo pueda pueda destruir a Sin, el monstruo que amenaza a su mundo, y volverse un héroe.

Pero Seymour resiente el sacrificio de su madre, y desprecia a las personas que lo rechazaron y a las que ahora debe salvar. Rechaza el llamado de los invocadores y en vez de eso se une a la iglesia de Yehvon, en donde se convierte en uno de los grandes Maestros de la fe.

Aquí es en donde conocemos a Seymour por primera vez en el juego: como un líder religioso carismático, joven, sabio y poderoso. Distinto a Jesús, la autoridad de Seymour no es cuestionada por el gobierno ni otros sacerdotes, pues Seymour es, para efectos prácticos, uno de los líderes políticos, además de religiosos, del mundo. Para rematar, pronto nos damos cuenta de su enorme poder mágico, cuando salva a toda una ciudad de el ataque de unos monstruos utilizando el poder de su Invocación: Ánima.

El nombre de esta terrible bestia no es casualidad. El ánima, en la teoría psicoanalítica, es la parte femenina del inconsciente de un hombre, que en el caso de Seymour delata sus cualidades monstruosas ocultas. De manera literal, Seymour invoca el espíritu de su madre, el símbolo de su doloroso pasado, para imponer su poder, y a la vez nos revela su verdadera naturaleza.

Ánima, la manifestación del espíritu de la madre de Seymour, y de su monstruoso lado oscuro.

Este lado oscuro se sugiere cuando Seymour se une a un grupo de herejes, los Al Bhed, en un esfuerzo conjunto por matar a Sin usando máquinas apócrifas. Cuando Waka, un hombre profundamente religioso, lo confronta sobre las herejías de los Al Bhed, Seymour responde tranquilamente:

– ¡Pero, usar “máquina” está prohibido!, argumenta Waka.

– Haz como que no los viste, responde Seymour.

– Discúlpeme, pero ¡eso no es algo que un Maestro debería decir!

– Entonces, haz como que no lo dije.

Seymour no tiene convicciones religiosas muy profundas, sino que utiliza su rango y su poder para obtener lo que desea. En este caso: destruir a la bestia que acosa a toda la humanidad. Este espíritu revolucionario que se aleja de los convencionalismos a favor del bien común también tiene sus similitudes con Jesús. Mientras que el hijo de Dios se alejó de las enseñanzas de su fe para criticar sus vicios y promulgar el amor al prójimo, Seymour se aleja de la tradición por conveniencia propia y según su filosofía maquiavélica: lo que sea que ayude al mundo a largo plazo merece sacrificios.

Como si fuera poco, luego descubrimos que Seymour asesinó a su padre para poder tomar su puesto como Maestro de la Fe, y que orquestó el ataque en la ciudad que él mismo salvó. Seymour confiesa sus crímenes en el templo de Macalania, y luego intenta asesinar a nuestros héroes para que no revelen su secreto. Esto termina en su muerte, pero no es el fin de su historia. Los guado toman el cuerpo de Seymour y se lo llevan con ellos, ignorando los rituales sagrados que requieren enviar el alma de los muertos al más allá.

Muerte de Seymour en el templo de Macalania.

Seymour es resucitado por los miembros de la iglesia de Yehvon, quienes tienen un control muy literal sobre la vida y la muerte en el mundo de FFX, y debemos luchar contra él de nuevo. En esta segunda pelea, Seymour se transforma en una estatua de sí mismo, como una imagen de culto del hombre sagrado que fue.

Seymour Natus (el ídolo)

En el tercer encuentro que tenemos con él, Seymour se presenta como un ser celestial, literalmente volando sobre las nubes en la forma de un arca celestial, viendo al mundo desde los cielos y juzgándolo. En este momento Seymour comparte su ideal: Spira es un mundo maldito, encerrado en un ciclo de vida y muerte eterno que gira alrededor de Sin, que siempre reencarna después de ser destruido. Al igual que nosotros, Seymour desea terminar con el ciclo, solo que para él la única salida es la muerte, el genocidio total de la vida en Spira.

Seymour Flux (ascendiendo al cielo).

Después de otra difícil pelea, Seymour parece disolverse en el aire, pero no desaparece del todo aún. La última vez que lo vemos, Seymour está técnicamente en el más allá. Habiendo sido absorbido por Sin, Seymour pretende usar al monstruo desde dentro para completar su plan. Su forma final es etérea, casi angelical, y la música de esta pelea final es sin duda una de las mejores de todas las peleas finales de videojuegos en la historia.

Seymour Omnis, su forma final.

Seymour me fascina como alegoría mesiánica porque sus acciones imitan las del viaje de Jesús, sin embargo sus motivaciones y su moral son inversas. Al igual que Jesús es una figura sabia y de apariencia gentil, rodeada de seguidores y con el deseo de sacrificarse para salvar al mundo. A pesar de esto Seymour está dispuesto a matar, traicionar, extorsionar o sacrificar lo que sea necesario para lograr su cometido. Al igual que Jesús, Seymour “cae” tres veces en su camino; muere tres veces a manos de nuestros héroes y regresa de la muerte cada vez más poderoso.

Finalmente, el ideal de Seymour no se aleja mucho del de Jesús o de cualquier mesías, al menos en principio. Seymour desea terminar con el sufrimiento de su pueblo, y llevarlos a un estado espiritual superior. La diferencia es que Seymour cree que solo la muerte puede traerle paz, y que el mundo no tiene otra salvación más que ser destruido.

Final Fantasy X presenta a un villano complejo e interesante, una figura enigmática que es moralmente repulsivo y sin embargo consecuente con su ideología. Es fácil comprender por qué Seymour tiene el culto que tiene en Spira, y a la vez podemos simpatizar con sus intenciones y su triste historia, aunque al final del día nuestro deber sea salvar al mundo de las buenas intenciones de este falso mesías.

 

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