¿Qué oportunidades y retos enfrentan las editoriales costarricenses a la luz del desarrollo tecnológico actual de la industria editorial? Al igual que en otras latitudes, repensar lo que viene haciendo la industria desde hace más de 500 años.

Usualmente, cuando se aborda un tema como este se le presta mayor atención a las opiniones extremistas: las de quienes abogan porque todo continúe como hasta ahora, pues 500 años de tradición respaldan el quehacer; frente a aquellos que vislumbran un futuro con productos hoy impensables (más allá del libro digital, de los libros interactivos con contenido multimedia, de la narrativa transmedia) y la obsolescencia total de los libros en soporte papel. La típica polémica de actitud/visión de apocalípticos e integrados.

En mi opinión, el debate sobre las ventajas o desventajas del papel sobre lo digital, y viceversa, es un sinsentido, pues opone dos experiencias de lectura totalmente distintas. Además, expertos y tendencias demuestran que ambos soportes convivirán por mucho tiempo, en vista de que cuentan con su propia audiencia y nichos de mercado.

Las oportunidades de la industria editorial son producto de la transformación en el modelo de negocio tradicional debido a las nuevas tecnologías digitales, al auge de los soportes multimedia, a la aparición de una amplia diversidad de formatos de edición y de contenidos digitales. Asimismo, la demanda de contenidos en línea por parte de los lectores también ha crecido de forma paulatina, lo mismo que el comercio electrónico. Todo esto demanda de los editores un esfuerzo por actualizar sus catálogos y su oferta de títulos para adaptarse a los requerimientos, gustos y hábitos de este nuevo mercado de consumidores de lo digital.

Concretamente, la llegada del libro electrónico y de las herramientas de la edición digital podrían ayudar a reducir parte de los problemas que enfrenta el sector editorial en estos días: una elevada cifra de devoluciones (que encarece los costos de todos los agentes económicos del sector: editor, distribuidor, librero); reducir los costos de distribución, así como facilitar y ampliar el acceso a mercados internacionales (distribución multicanal), para aprovechar las ventajas de compartir con millones de hablantes de diversas regiones geográficas una lengua en común, lo que supone tener acceso a un mercado potencialmente gigantesco; que el editor distribuya sus libros de forma directa desde su propia plataforma, lo cual le permitiría tener mejores márgenes de ganancia y, a su vez, un contacto directo con sus lectores, sin intermediarios; que las editoriales diversifiquen su oferta de productos y ofrezcan servicios para terceros –otros sellos editoriales, instituciones y autores individuales–: conversión de libros impresos a soporte digital, distribución de contenidos digitales en su plataforma o página web, distribución bajo demanda de libros impresos, digitalización, etc.

Ahora bien, como se mencionó, el futuro del libro no es solo digital; existen otros nichos de mercado, por lo que también hay futuro para la impresión bajo demanda (digital) y, en general, para los libros en soporte papel, en especial para aquellos que es difícil trasladar al soporte digital: libros de arte, álbumes ilustrados, ediciones de colección; también para los proyectos independientes, para las editoriales cartoneras, y un largo etcétera.

Además, hay experiencias de narrativa transmedia en la que los libros digitales y los impresos convergen, por ejemplo, gracias a aplicaciones como las de realidad aumentada (RA).

Así. el potencial de incorporar las nuevas tecnologías en el proceso de edición va más allá de simplemente convertir o digitalizar los libros ya impresos o de preservar en soporte digital las obras y su herencia cultural: su futuro va de la mano de incorporar y generar nuevos discursos digitales, de modo que la noción de texto deje de ser la de “algo fijo”, que haya conexiones y posibilidades más allá del texto; de ampliar la oferta de contenidos culturales con innovadores modelos de negocio; de abrir espacios de participación a los lectores para que estos generen contenido, interactúen con los textos y compartan sus experiencias lectoras a través de páginas web, de redes sociales y de redes de lectores (Goodreads, Wattpad, Lectyo); de evolucionar en nuevos géneros, formatos y tipos de lectura; de ir más allá de las dos dimensiones, lo que implica repensar y reestructurar lo que viene haciendo la industria editorial desde hace más de 500 años.

En definitiva, desde mi punto de vista, el desafío principal de un editor es y seguirá siendo dar coherencia a su proyecto editorial, lo que depende de una selección cuidadosa de los contenidos y, en algunos casos, de colaborar con los autores en la gestación de sus obras (Gabriel Zaid destaca la figura del editor como partero, metáfora presente en su etimología: del latín edere, dar hacia fuera). Los libros, ya sean impresos o electrónicos, representan la diversidad de textos y contenidos de sus autores, la diversidad de visiones e ideas, la llamada bibliodiversidad; son y seguirán siendo vehículos de conocimiento, socialización, cultura y placer.

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