En Cómo entrenar a tu dragón, Hipo debe enfrentarse con monstruos enormes, y retos peligrosos, pero ninguno de ellos le inspira tanto temor como su padre. ¿Es posible que un padre sea su antagonista de su hijo?

La cultura popular está llena de figuras paternas amenazantes y dominantes. Desde el magnánimo Tywin Lannister hasta el clásico Darth Vader, los padres en las historias de ficción suelen representar el poder y la autoridad en sus sociedades, mientras que encarnan todas las inseguridades y limitaciones de sus hijos.

Hace unas semanas, Majo escribió un artículo sobre cómo esta figura de autoridad funciona como una prueba en las historias heroicas, poniendo como ejemplo el viaje de Rapunzel para salir de su torre en Enredados. El planteamiento de Joseph Campbell que ella usó también puede ser aplicado a Como entrenar tu dragón, de Dreamworks.  

La diferencia más importante entre CEATD y Enredados en este aspecto es que a pesar de que ambos héroes deben enfrentarse a sus padres como parte de sus pruebas, la relación entre padres e hijos es totalmente distinta.

La diferencia principal la marca Estoico, el padre de Hipo, nuestro protagonista. Estoico es el jefe de su aldea, es fuerte, determinado, capaz, un líder nato; básicamente es el vikingo perfecto, pero no es un muy buen padre. Estoico no confía en su hijo, no lo escucha, está públicamente avergonzado de él y constantemente quiere “arreglarlo”; y sin embargo, sabemos que hace esto con las mejores intenciones.

Estoico no es un padre malvado, intentando convertir a su hijo al lado oscuro, sino un padre preocupado por un hijo que no se adapta a su pueblo, que corre peligro por ser débil y distraído.  Aunque esto no sea justificable, su único modo de ayudarlo es imponiendo su autoridad y tomando decisiones por él.

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Ahora bien, Estoico e Hipo sí tienen algo en común: ambos desean lo mejor para su aldea. El problema es que los dos tienen maneras distintas de alcanzar la misma meta. Mientras que Estoico dirige a los vikingos para defender su aldea de los dragones, Hipo crea una resortera para derribar al dragón más problemático de todos (aunque esto no funciona del todo bien).

Más adelante, mientras que Estoico viaja a buscar el nido de los dragones para destruirlo, Hipo se queda en la aldea y comienza a entender a los dragones a través de su amistad con Chimuelo, el dragón al que él hirió y por el que se siente responsable. En el fondo ambos quieren que su aldea viva en paz, ya sea deshaciéndose de los dragones, o conviviendo con ellos.

Esto, curiosamente, es lo que marca a Estoico como antagonista de la historia. Un antagonista no es necesariamente una persona malvada o alguien que odia al protagonista, sólo se trata de un personaje que se opone a las intenciones del héroe. Estoico quiere que Hipo se adapte a la aldea, e Hipo quiere lo mismo al comienzo de la película.  Sin embargo, su amistad con Chimuelo (el dragón) lo cambia, y hace que se rebele contra sus costumbres e indirectamente contra su padre.

El momento cumbre de esta rebelión es la prueba final en el entrenamiento de dragones; Hipo debe matar a un dragón frente a toda la aldea y demostrarle a su padre que es como todos los demás. Pero Hipo deja al dragón vivir, y abiertamente desafía a su padre y a la aldea, diciendo que no tienen por qué matar a los dragones. Estoico enfurece, el dragón se asusta, y todo se sale de control. Sólo después de que Chimuelo rescata a Hipo y es capturado, Estoico confronta a su hijo directamente y en privado. Es curioso como Hipo teme encarar a su padre incluso después de haber enfrentado a un dragón desarmado.

En este encuentro, como en todos los anteriores entre padre e hijo, Hipo no logra que Estoico lo escuche, y técnicamente pierde la pelea, pues su padre ignora sus advertencias sobre lo peligroso que es el nido de los dragones y hasta niega que Hipo sea un vikingo o su hijo. Estoico no encuentra ningún placer en esta victoria; cuando sale del salón se le ve angustiado, y zarpa hacia el nido de los dragones con un aire melancólico.

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Hipo, por su parte, sale de este encuentro mucho más fuerte que antes y, después de una breve charla con Astrid, sale en busca de su padre sobre la espalda de un dragón. Esto es muy frecuente en esta parte de la historia de los héroes: enfrentar a la autoridad, o a la figura paterna en este caso.  No se trata de la prueba final, sino el momento en el que el héroe se enfrenta a aquello que alguna vez tuvo poder sobre él.

Aunque Hipo no logre convencer a su padre y todo le salga mal, la experiencia le permite hacer lo necesario para salvar a su aldea, con o sin la autorización de su padre y jefe.

A raíz de esta nueva fortaleza y confianza en sí mismo, Hipo derrota al rey de los dragones y salva a su padre y a su aldea de la destrucción. La prueba final del héroe, trae consigo el resultado que el héroe anhelaba: la aldea está en paz, el héroe consiguió una novia y hasta obtuvo el respeto de su padre.

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A pesar de que estos dos personajes sean un padre y un hijo que legítimamente se quieren, no hay que dejar de lado que son realmente el antagonista y el protagonista de esta película. Aún las personas que amamos pueden estar en contra de nuestros deseos, y enfrentarse a estas figuras de autoridad nunca es fácil. Lo importante, tanto para los héroes como para nosotros es que salgamos de estos encuentros más fuertes y sabios, aunque no siempre victoriosos.

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