Partiendo de la pregunta “¿en serio Costa Rica es tan insegura?” terminé hablando con filósofos, psiquiatras, psicólogas y dueños de polígonos y armerías. Esta es la primera parte de mi historia. 

La persona que aparece en la fotografía soy yo. Un par de días antes de cumplir los 20 años fui a un polígono de tiro. Nunca antes había tenido un arma en las manos. De hecho, nunca había tenido un interés particular en hacerlo. Para alguien que sufre de nervios cuando tiene un cuchillo en la mano, una pistola suena como algo un poco extremo.

Mi primer disparo me sorprendió mucho. Los siguientes se sintieron naturales. Eso se sintió raro.

¿Por qué llegué acá? ¿Qué estaba haciendo yo en un polígono, si ni siquiera soy un aficionado al tiro?

La razón por la que terminé en esa situación fue intentar responder a la pregunta ¿si somos un país de paz, por qué las armas son un tema de discusión?

¿Qué dicen los datos?

Para entender el problema, le di un vistazo rápido a las estadísticas en línea del Organismo de Investigación Judicial  referente a homicidios, indica claramente que han aumentado los actos violentos en Costa Rica.  

Fuente: Organismo de Investigación Judicial.

En el período 2011 – 2015, se reportó una tendencia a la alta en la cantidad de personas que fueron asesinadas. Si bien hubo una baja en el 2012 que se mantuvo al año siguiente, el 2014 volvió a una cifra similar a la del 2011 y esta aumentó drásticamente para el 2015.

Aunque no se incluye en el gráfico anterior, en el 2016 se registraron 627 homicidios, es decir, 70 más que en el 2015. De acuerdo con lo que arrojaron las distintas investigaciones, el OIJ los clasificó de esta forma:

Fuente: Organismo de Investigación Judicial.

En el último informe de Tendencias en el comportamiento de los homicidios en Costa Rica, disponible en el sitio del Observatorio de la Violencia del Ministerio de Justicia y Paz, se puede ver un panorama más amplio sobre cómo han muerto las personas asesinadas en el país.

Fuente: Tendencias en el comportamiento de los homicidios en Costa Rica 2000 – 2013

*Golpes también incluye envenenamiento, asfixia y quemadura como causa de muerte.

Solo con ese documento las armas de fuego toman un papel preponderante en los homicidios reportados en el país. Aunque ese documento no aclara las causas de cada muerte, el informe sí hace una correlación entre causas y métodos de los homicidios. Los datos más recientes son del 2013.

De todas las personas que murieron por un arma de fuego en el país en el 2013, muy pocos casos fueron catalogados como accidentes o crímenes de odio. En su mayoría tienen que ver la comisión de delitos o con los conflictos que surgen entre personas. Las tensiones entre personas también destacan en los casos de homicidio con arma blanca y con golpes, que superan por mucho a las otras causas para acabar con la vida de una persona.

Los datos numéricos sugieren que Costa Rica se ha vuelto más violenta, y mucha de ella tiene que ver con conflictos entre individuos y mucha de ella se canaliza con armas de fuego.  Lo que no explican es el por qué.

Para entender la violencia

Después de ver esos gráficos, el límpido azul del cielo costarricense, el trabajo y la paz no parecen estar tan cómodos.

Para entender qué tan violenta es Costa Rica, me pareció imprescindible saber qué sí y qué no es violencia y con cuáles conceptos se liga. Tuve la oportunidad de conversar con Alexánder Jiménez y Sergio Rojas, ambos docentes de la Escuela de Filosofía de la Universidad de Costa Rica.  Alexánder se especializa en el análisis de los imaginarios sociales y Sergio en violencia y teoría del poder.

Para Sergio no solo han aumentado “las situaciones violentas”, sino también la susceptibilidad de las personas ante ellas.  Además afirma que “el concepto de violencia es terriblemente subjetivo. Cuando se reivindican distintos derechos humanos, las personas se sienten legitimadas y reclaman lo que les parece”. El problema es cuando ese reclamo no se atiende y genera frustración, que puede desencadenar en más violencia.

Alexánder coincide en que los actos violentos han incrementado, pero cree que la percepción general de la violencia “está inflada”: no corresponde con lo que sugieren los datos cuantitativos.

Otro problema que Sergio encuentra es la falta de narración en los hechos. Por un lado, los grupos a los que se les hace presión “[en ocasiones] no dan respuestas ni buenas ni malas, simplemente no están construidas discursivamente”. Por otro lado, él considera que en los medios de comunicación no hay una articulación entre un suceso y otro, sino que “se narran como cualquier testigo lo haría, pero no hay explicación [con profundidad de los hechos]”.

La forma más fácil de enterarse de los hechos violentos que no están física ni emocionalmente cercanos con uno, es a través de los medios de comunicación y los noticieros. Es claro que el trabajo de quienes ejercemos el periodismo tiene mucho que ver con qué tan seguras se sienten las personas.

Para el periodista y docente de la UCR, Néfer Muñoz, una de las principales falencias del periodismo nacional está en la forma de abordar sucesos. “Lo que algunos medios [nacionales] hacen no es ajeno a la historia del periodismo contemporáneo: que nació por exacerbar el morbo, el estupor y el asombro en la gente”, explicó.

Néfer entiende que es una forma de apelar al público para que compre el periódico, pero él cree que “otra forma de subsistir [en el ecosistema mediático] es contar historias diferentes, más humanas”.

Néfer, quien también fue mi profesor, señala el riesgo que se corre cuando un periodista carece de información y conduce a reproducir o guiarse por estereotipos.

El ciclo natural de las cosas

Teniendo claro que la violencia en Costa Rica ha aumentado, Sergio cree que el “ciclo natural de las cosas” puede explicar la frustración que posteriormente lleva a la violencia. ¿Qué es esto?

Cuando un sujeto tiene un objetivo que le hace ir del punto A al punto B se espera que así suceda. Cuando algo “se atraviesa en el camino” y cambia el curso de las cosas, puede causar una reacción violenta.

 

 

 

Eso sí, cuando no es posible transferir la culpa a un ente tangible – como una persona o una institución – la necesidad de darle sentido al evento lleva a la persona a utilizar las herramientas de las que dispone. Esto puede resultar en la expresión de actitudes conservadoras, moralizantes, algunos antivalores y actitudes discriminatorias en perjuicio de otros grupos o personas. 

Por ejemplo, Alexánder señala que la idea de una Costa Rica “blanca, homogénea, democrática y diferenciada de la región [centroamericana]” surgió de ciertos intelectuales entre las décadas del 50 y el 70.

Casi medio siglo después se sigue pensando que Costa Rica es así. Eso hace común que una explicación “colectiva” ante los actos violentos en el país sea delegar la responsabilidad en las personas migrantes, las personas de escasos recursos o de zonas en vulnerabilidad social.

Alexánder hace énfasis a que una persona costarricense cuenta con una red más amplia de contactos, lo que hace más sencillo que cometa un delito si así lo quiere. Por otro lado, una persona que viene del extranjero tiene más dificultades. Esto tiene todo el sentido – ¿cómo vas a cometer crimen en un país que no conocés?  

“Hay un discurso que ha tenido mucho éxito en el país según el cual el crecimiento de la inseguridad viene de afuera. Cuando se revisan las cifras del OIJ acerca de la proporción de inmigrantes que cometen delitos, no se muestra para nada que allí radique el aumento de la criminalización”.

Tal y como los filósofos lo explicaron, la impotencia de muchas personas por no poder hacer nada en contra de “los criminales” lleva a culpar forzosamente a alguien. Usualmente ese alguien es una persona “diferente”, “de otro grupo”.

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