En esta edición de “Del acta a la bandera” Rodrigo Ruiz analiza las estrategias de comunicación utilizadas por el cuadragésimo cuarto presidente de los Estados Unidos y cómo estas lo ayudaron a convertirse en uno de los más queridos de los últimos años.

El 20 de enero pasado, el presidente Trump fue juramentado y con eso finalizaron los 8 años de Barack Obama, un período presidencial que para bien o para mal, será digno de recordar.

El primer mandatario afroamericano fue el mismo que sacó a la nación de una de las recesiones económicas más grandes de las últimas décadas. Fue quién ayudó a detener la carrera armamentista de Irán y también fue el primer presidente en 88 años en visitar Cuba.

Por otro lado, a pesar de venderse como defensor de las minorías, con un estimado de 2,5 millones entre el 2009 y el 2015, Obama tiene el mayor índice de deportación de inmigrantes en la historia de los Estados Unidos y el primero en ordenar el asesinato extrajudicial de un estadounidense en más de 150 años.

Además, es el responsable de haber creado una gran división parlamentaria y de socavar la participación de su propio partido en los últimos dos años de su administración. Y aún siendo el ganador del Premio Nobel de la Paz en el 2009, la intervención militar en Medio Oriente se mantuvo constante durante sus 8 años de gobierno.

A pesar de ello, en las más recientes encuestas de Gallup, prácticamente la mitad de los norteamericanos dicen que la historia tratará a Obama con gentileza y lo recordará como un presidente descatado. Estas apreciaciones son todavía más elevadas en la juventud, cuyo índice de aprobación por el mismo llega hasta un 70%.

La pregunta es ¿cómo es que Obama logró posicionarse como un presidente al que se le aplaude por sus méritos, pero no se le critica por sus errores? Hay una serie de factores importantes que podrían estar influyendo:

El nacimiento de la ‘Obama-brand’

Desde su inicio, el camino hacia la presidencia de Barack Obama fue atípico. Por un lado, miles de estadounidenses  perdían sus trabajos debido a la crisis inmobiliaria del 2008 y por otro, había un candidato joven, carismático y lleno de ideas aspirando a la presidencia: una combinación de factores que serían perfectos para ver las elecciones con ojos de esperanza. Esperanza que se convertiría en el símbolo más poderoso de su campaña y que últimadamente lo llevaría a la Casa Blanca.

Izquierda: Afiche “Hope” del artista Shepard Fairey. Derecha: Logotipo oficial de la campaña Obama 2008.

Como cualquier otra campaña presidencial, se trabajaron anuncios y demás material propagandístico. Sin embargo, para Obama esto también sería diferente. La pieza más icónica de su campaña no fue producida por su equipo, sino por el artista Shepard Fairey de manera independiente.

El afiche no fue comisionado pero Fairey, conocido por el uso de colores planos y linea gráfica “retro”, se encargó de plasmar con su estilo el mensaje esperanzador de la campaña oficial. El retrato muestra a un Obama con la frente en alto y mirando al horizonte, acompañado por un titular corto pero poderoso y a pesar de que el logotipo pasa a un segundo plano, éste fue concebido para comunicar exactamente lo mismo que Shepard quiso con su afiche.

Su isotipo es la representación del amanecer a través de la letra “O”, donde las franjas rojas y blancas representan la tierra y el espacio negativo del centro representa un sol naciente. Todo en conjunto funciona como un amanecer en tierra estadounidense.

Si bien hay casos de buenas ejecuciones gráficas para candidatos a la presidencia de los Estados Unidos, pocos han logrado una armonía entre figura política e identidad visual como ésta.
Adicionalmente, el demócrata se encargó de reforzar todos estos conceptos con un mensaje claro, conciso y acompañado de un magnetismo que algunos comparan con el de John F. Kennedy.

Corazón de Millennial

Electo a sus 47 años, se convertiría en el 5to presidente más joven, y combinado con su agenda política de corte progresista, la administración Obama-Biden llegaría a tener un gran impacto en las nuevas generaciones.

Presidente Barack Obama tras bambalinas en el programa de “The Late Night Show With Jimmy Fallon.” Fotografía por: Pete Souza.

Además del tema tecnológico, se ha descubierto que los jóvenes entre los 18 y los 30 años de edad —mejor conocidos como “millennials” se ven influenciados por la idea de generar un impacto positivo en el mundo. De manera que un presidente cuyo plan de gobierno incluye la promoción de energías limpias, la lucha por los derechos de los afroamericanos y la implementación de un plan de salud estatal, les cae como anillo al dedo. Además, si se le suma su fuerte presencia en medios digitales en programas populares como Jimmy Fallon y Ellen Degeneres, la influencia se vuelve prácticamente imposible de ignorar.

Incluso, en su último discurso en las Naciones Unidas, Obama habló sobre las cualidades de las futuras generaciones y de cómo se han convertido en un símbolo de esperanza para el mundo:

“Sentado en la celda de una prisión, el joven Martin Luther King, Jr. escribió que “El progreso de la humanidad nunca gira en las ruedas de lo inevitable; sino que viene del esfuerzo incansable de los hombres dispuestos a trabajar en conjunto con Dios.” Y durante el curso de estos ocho años, a manera que he viajado a muchas naciones, he visto ese espíritu en nuestros jóvenes, quienes son más educados y más tolerantes y más inclusivos y más diversos y más creativos que nuestra generación; quienes son más empáticos y compasivos con los demás seres humanos que las generaciones anteriores. Y sí, algo de eso viene con el idealismo de la juventud. Pero también viene con el acceso de estos jóvenes a la información sobre otras personas y lugares —un entendimiento único en la historia de la humanidad donde su futuro está atado al futuro de otros seres humanos al otro lado del planeta.”

La influencia sobre este sector de la población resulta de suma importancia porque tanto gobiernos como empresas alrededor del mundo se han dado la tarea de estudiar su comportamiento y entenderlo para distintos fines. Por lo que un presidente que logre ganarse sus corazones tan naturalmente, es un gran logro.

Mal de muchos, consuelo de tontos.

Después de que Donald Trump ganara las elecciones en noviembre del 2016, el panorama político cambió drásticamente. En un sentido comparativo, el discurso de Trump vino a opacar cualquier  tropiezo de sus predecesores, por lo que los errores de Obama se han vuelto considerablemente menos graves.

Se ha vuelto más evidente que deportar millones de inmigrantes no es tan malo como construir un muro en toda la frontera sur. La división del parlamento no es tan escandalosa como tener un presidente cuya visión es rechazada por las figuras más importantes de ambos partidos. Un asesinato extrajudicial es fácil de olvidar si se compara con reforzar el armamento nuclear de Estados Unidos y fomentar la carrera armamentista entre potencias. Lo que en algún momento se le criticó, ahora se le perdona, y en gran parte, esto sucede gracias a la comunicación.

“Donald J. Trump y Barack Obama en la Oficina Oval de la Casa Blanca en su primer encuentro formal.”

Algunos podrían llegar a pensar que estos acontecimientos son coincidencias que mágicamente jugaron a su favor, pero hacer que lo planeado parezca natural es una de las características más notables de una estrategia de comunicación bien ejecutada.

El manejo de la imagen personal de Barack Obama pasará a la historia como uno de los mayores logros de su administración y por eso es que el día después de la investidura, las noticias más destacadas no fueron aquellas que hablaran sobre los fracasos del Obamacare, o sobre el desastre con Guantánamo, sino las que hablaron sobre lo mucho que el mundo va a extrañar a un presidente que salude a los conserjes con un “fist bump” o que cante las noticias con comediantes en televisión nacional.


Foto de portada de Wikimedia Commons.

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