El 8 de noviembre Estados Unidos eligió a Donald Trump como presidente. Este hecho dejó al mundo boquiabierto, ¿cómo es posible que esto haya pasado? Los anti valores en Estados Unidos llevan generaciones en formación y mucho se debe a las faltas de su sistema educativo. Además de esto, la vida en las poblaciones rurales de Estados Unidos peligra y las necesidades son cada vez más grandes. Ante esta situación, ¿será posible ver a Trump como la salvación?

Sam Eastes es un estadounidense alto y pelirrojo, respaldado socialmente por los privilegios de ser hombre, tener recursos económicos y contar con estudios superiores. Es estudiante de Comunicación de la Universidad de Kansas y está de intercambio en la Universidad de Costa Rica. A él le enseñaron que Cristóbal Colón fue un héroe.

Sí, sus profesores de educación pública le mencionaron algo sobre racismo durante y posterior a la colonia. Incluso le hablaron del genocidio contra los nativos americanos. Pero nunca le mencionaron que los mecanismos para apropiarse del territorio fuesen violentos.

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Donald Trump y su política de cambio climático.

Pagando miles de dólares por su matrícula, Sam ingresó a un centro de educación superior donde se rodeó de personas dispuestas a hablar sobre cómo el abuso y la opresión fueron claves para construir la historia. Mucho de lo que Sam entiende sobre cómo él tiene una posición socialmente superior a muchas otras personas no lo aprendió dentro del colegio pero sí en un ambiente universitario.Pero Sam no es parte de la mayoría, no todos los estadounidenses tienen acceso a una educación superior. Según Wall Street Journal, en promedio, cada estudiante estadounidense que se graduó este año (en lo que en nuestro sistema sería el equivalente a un título de bachillerato) tiene una deuda de $37 172 (más de 20 millones de colones).

“Muchas de las personas más inteligentes que conozco nunca fueron a la universidad, o la abandonaron luego de un año o dos. Las personas que no tienen acceso a esa educación superior tienen que hacer un esfuerzo mayor”, menciona Sam. Él cree que las personas aprenden más de quiénes tienen alrededor.

Sam no lo dice de forma explícita, pero es fácil leer que esto se puede convertir en un problema político que además puede incidir en el proceso electoral.

Como uno de los estadounidenses conscientes de lo que ocurre en su país, Sam cree que “cuando alguien está en una posición de liderazgo y apoya cosas como prohibir una religión o construir un muro para denegar el ingreso de ciertas personas al país, permite a las personas mostrar públicamente sus opiniones racistas de mierda”.

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Donald Trump y su política de inmigración.

¿Qué pasó?

La psicología social propone que existe una tendencia a seguir a las personas que encarnan mejor el prototipo de un determinado grupo. Nunca se elige a la mejor persona candidata o a la persona más brillante, sino que se escoge a aquella con la que se logra identificar más.

Hay un grave problema relacionado a cuáles criterios se pueden usar para establecer esa similitud. La mayoría de estadounidenses no tiene millones de dólares (supuestamente) en su cuenta bancaria y no tienen la piel anaranjada. Eso sí, no sería raro ver a muchos estadounidenses defender el tamaño de su pene, ser machistas, creer que los mexicanos son una amenaza, defender su derecho a portar armas y pasarse por el culo a la ciencia y al concepto de calentamiento global.

#MakeAmericaGreatAgain significa hacer de los Estados Unidos un peor lugar para las personas vulnerabilizadas. Las que pertenecen al colectivo LGBTIQA, las personas no blancas de ascendencia europea, las mujeres, quienes no son cristianos [y] los que no son estadounidenses” explicó Sam.  

Existe un espacio para que las personas que encarnan todos estos disvalores aparezcan.  Quienes dirigen ya no convencen a la población  de que pueden estar al mando. Entonces, ese descontento es aprovechado por una figura que emerge y dice cuál es el problema y señala con el dedo (inusualmente pequeño) a un culpable. Ni siquiera tiene que preocuparse por ofrecer una solución, activó la ira de la gente y eso funciona.

Sin embargo, los sentimientos de descontento no necesariamente se canalizan de forma racional hacia las causas que explican los problemas sociales. Las zonas rurales usualmente son menos favorables hacia el multiculturalismo y favorecen concepciones más tradicionales sobre los roles de género y la inmigración. Las ideologías que se dan dentro de ese contexto difieren mucho de la visión cosmopolita de los centros urbanos de donde sale el grueso de la cultura popular. Esta tendencia no es nueva pero su potencial no había sido detonado como ahora.

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Mapa del voto popular por condado en las elecciones presidenciales de 2016 en Estados Unidos. Hillary Clinton (demócrata, azul) ganó las principales ciudades cerca de las costas y los Grandes Lagos. Donald Trump (republicano, rojo) ganó las zonas rurales al interior del país.

Un candidato que sea la voz de los prejuicios que estaban prohibidos dentro de lo políticamente correcto puede aprovechar esa cultura discriminatoria para catapultarse hacia el triunfo.

Dice Sam que “Estados Unidos ha normalizado la supremacía blanca. No nos enseñaron [en la escuela] las atrocidades que sostuvieron los sistemas de opresión. Cuando se habla de eso, la gente dice ‘que pasó hace mucho tiempo’.” Jueputa.

Donald Trump y su política de armas. (Comentario hecho después del ataque en Orlando en Junio del 2016).

La prevalencia del voto conservador en Estados Unidos pasa por el efecto “pensamiento de grupo”. Cuando un conjunto de personas que comparte cultura se somete al criterio de una figura de liderazgo, tiende a cerrarse a opiniones de afuera. Cuando se discute de forma interna, se intenta reflejar la posición media entre todos los miembros del grupo y se diluye cualquier postura que sea más extremista.Más allá de los pintorescos adjetivos que se nos ocurran para calificar al tipo, no podemos dejar de lado la estrategia – que pudo no ser de él – de darle la espalda a un montón de personas históricamente vulnerabilizadas. Hacer política implica tomar una postura. Él apeló al gringo que cree que la negritud, la diversidad sexual y la inmigración son amenazas contra su pura sociedad, y eligió ganar el voto de todas las personas que piensan así.

Trump tuvo la capacidad de que habláramos de él. Un montón de personas simpatizaron con él y sus problemas ficticios basados en el intento de deslegitimar los problemas reales de las minorías. Y al resto, nos  enojaba tanto que era imposible no seguir el ritmo de las redes sociales y compartir, comentar, reaccionar y retuitear al contenido que lo mencionaba.

Trump tuvo la capacidad de que habláramos de él al resaltar lo peor de la cultura occidental: los prejuicios contra todos los que *inserte cualquier cosa súper ofensiva*.

Es destacable que una candidata que abrazara abiertamente el legado de Barack Obama (quien logró reducir el desempleo a la mitad, aumentar la cobertura médica y mejorar sustancialmente las relaciones exteriores) no lograra obtener un apoyo mayor. Su programa electoral buscaba aumentar el salario mínimo, hacer accesible la educación superior e implementar una licencia de maternidad (Estados Unidos es el único país desarrollado que no posee ese derecho).

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Donald Trump y su política sobre el aborto.

¿Por qué una mayoría desencantada rechazaría esas propuestas? Pues lejos de las teorías que explican el voto como algo racional, la respuesta se encuentra en otras visiones que ponen énfasis en la necesidad de contar con proyectos disyuntivos en un escenario como el estadounidense. Si el establishment eran Hillary Clinton, el Partido Demócrata, algunos republicanos y un mundo globalizado, la única propuesta alternativa era el ultranacionalismo irracional. Los demócratas no tuvieron la estrategia para proponer una narrativa que verdaderamente llamara la atención de quienes querían votar por alguien diferente.Contrario a algunas de las encuestas y proyecciones previas a las elecciones estadounidenses, era previsible que se tratara de una elección reñida. Existen factores importantes que son imposibles de medir mediante instrumentos de opinión pública. Por ejemplo, que la intención de voto realmente se materialice en un voto o que la gente se avergüence de mencionar ante una tercera persona la posibilidad de hacer algo que se considere políticamente incorrecto. Por otra parte, las tendencias son muy importantes en las encuestas y las de los últimos días favorecieron más a Trump que a Clinton.

Sí, este es el mundo en el que vivimos, un mundo en el que Donald Trump es el presidente electo de uno de las naciones más influyentes en el mundo. Es el mismo mundo en donde, en un mismo año,  el pueblo colombiano se opuso al tratado de paz e Inglaterra dejó de ser parte de Unión Europea. Todas estas decisiones fueron votadas por una mayoría conservadora y enojada.

En el mundo en el que vivimos, el rencor, el nacionalismo y las políticas irracionales tienen cabida en una población anclada en valores arcaicos. Por eso, personas como Donald Trump pueden ganar elecciones. Este tipo de discursos logran hacer que la gente se sienta parte de algo, cuando antes solo sentían exclusión -y eso pasa incluso si ese algo es completamente irracional.  

Este año no debería ser una nota al pie en los libros de historia. Debe ser un recordatorio de que, como sociedad, debemos entrar en un profundo proceso de reflexión. La sociedad en la que vivimos es poco inclusiva y se resiste al cambio. Pero sigue siendo la sociedad en la que vivimos. Y esto, en sí, es muy poderoso.

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