La Fiesta de los Diablitos se celebra del 31 de diciembre al 2 de enero todos los años en la comunidad de Boruca. El equipo documental de Revista Vacío acampó en el patio de Yoyo Marotto, quien nos ayudó a entender el significado de la música en esta ceremonia.

Durante la Fiesta de los Diablitos, Edgar Marotto, mejor conocido como Yoyo, me contaba que unos años atrás a su tío se lo llevó Cuasrán a la montaña. Su tío supo que había sido Cuasrán porque era un hombre al que nunca había visto pero que sabía muchas historias de su abuelo, de su papá y de sus tíos. Entre las historias y la chicha, el tío de Yoyo se dejó llevar hasta despertarse al día siguiente en la montaña, rasguñado y perdido. Se salvó a punta de suerte y destreza. “Hay que tener cuidado”, me dice Yoyo, “No camine sola durante las fiestas”.

Los brunka siempre han utilizado la magia y el misticismo como armas. Cuando los españoles llegaban, armados y a caballo, ellos utilizaban máscaras y salomadas para asustar a sus invasores.  Estos cedían y huían por miedo a caer presa de los poderes mágicos que se les atribuían a los brunka.

De ahí nace la tradición del Baile de los Diablitos, una ritual vivo, pasado generación a generación, que simboliza la lucha y fortaleza de la comunidad ante la invasión española. O en palabras de Wilbert Lázaro, mejor conocido como Tapita, uno de los diablos mayores, “[e]s como una danza más al triunfo que tuvimos en esas épocas.”

Orígenes

La fiesta se remonta a la época colonial que se mantiene de generación en generación de forma oral. Los personajes principales de la fiesta son el toro, representando a los españoles, y los diablitos, representando a los brunka.

La fiesta también tiene una organización jerárquica. Los diablos mayores, un rol que se le otorga de por vida a los hombres y líderes mayores de la comunidad, dirigen la comitiva con el sonido de la caracol.

Los músicos van al lado de los mayores. A estos les siguen los arreadores, que se encargan de disciplinar a los diablitos en caso de que surja algún problema. Luego siguen los diablitos y el toro. Las mujeres y espectadores no son parte de la comitiva ni se les permite el juego. Cabe recalcar que en algunas comunidades, como Curré, ya se le ha permitido a las mujeres formar parte del juego.

Las máscaras han cambiado y se han desarrollando conforme se desarrolla la artesanía en las comunidades. Antes las máscaras solían ser de madera de balsa o cedro. Si acaso se pintaban con tinte natural. Jorge Acevedo documenta que en los años ochenta se utilizaba crin de caballo para simular cejas y bigotes.

Ahora las máscaras son complejas, asemejando diablos o animales como el cocodrilo, el perezoso y la lechuza. A veces los mismos diablos las hacen o a veces las mandan a hacer, son talladas a mano en balsa con complejos diseños y pintadas con colores vívidos.

Preparándose para el Baile de los Diablitos

La celebración del Baile de los Diablitos requiere una amplia organización por parte de toda la comunidad. Antes de las fiestas, las familias pueden matar a un chancho, ahumar la carne, hacer tamales, preparar la chicha y arreglar las casa para las fiestas. El comité se encarga de recibir las peticiones de los jóvenes que quieren jugar, estos deben de ser mayores de 15 años y tener la aprobación de sus padres.

Wilberth Lázaro nos cuenta sobre el proceso de selección, “ahí lo que tomamos en cuenta es la altura y el grosor, […] mientras más macizos sean, mejor. Se les da permiso. Ese permiso es más [por si] los vayan a golpear muy duro o se revientan la frente. […] Cualquier cosa que pase no sea la responsabilidad ni de la comisión de la fiesta ni del mismo juego en sí.”

Durante las fiestas es claro por qué se ocupa este tipo de selección previa. Mientras la ceremonia avanza y la chicha fluye, las emociones se intensifican y el juego se vuelve cada vez más violento. No es raro ver cejas cortadas y piernas sangrando. Esta intensidad solo refleja la verdadera esencia de esta ceremonia, la del juego entre la vida y la muerte.

La ceremonia

El juego de los diablitos tiene tres fases, la primera es la nacida, la segunda es el juego cuando se da la lucha constante y la tercera es la muerte y el renacer. El 30 de diciembre a medianoche nacen los diablitos. Nos cuenta Yoyo, “lo que se hace es que toda la comunidad, bueno más que todo los diablitos, vestidos de máscaras y sacos, suben al lugar más alto. De ahí comienzan a salomar, a gritar y bajan desde arriba. Ahí pasan por todas las casas y comparten con la gente, toman chicha, comen tamales, comen diferentes platos que cada quien por su preparación a estas fiestas ya pensó en ellos.”

El 31 de diciembre en la mañana, el toro se una a la comitiva e inician de nuevo el recorrido del pueblo, esta vez incorporando el baile entre los diablitos y el toro. De acuerdo con Wilberth Lázaro, para este momento “ya sacamos el aparato que le llamamos el toro, ya se arma. […] Los diablos empiezan a hacer como una especia de danza alrededor de ellos. Salomar, brincarle y jugarle al toro.”

Bailan hasta el 2 de enero, que es cuando sucede la tumbazón al caer la tarde. “La tumbazón es entonces que el toro embiste a todos, a todos, a todos, hasta por último el mayor que es la potestad aquí, la que maneja el caracol y la que decide adonde ir. Cuando él cae el toro escapa porque ya piensa que acabó con sus enemigos.”

En ese momento, la música llega nuevamente a simbolizar la lucha, “entonces otra vez el sonido del caracol, del tambor y la flauta produce la resurrección. […] Entonces ellos vuelven a tomar fuerza […] y se van a buscarlo y lo traen amarrado con sogas y se van a una hoguera que ya tienen preparada en la noche y ahí lo queman. Eso es como la culminación de toda la fiesta.”

Los elementos musicales

Se ha documentado ampliamente la Fiesta de los Diablitos pero en Revista Vacío teníamos una pregunta, ¿cuál es el rol que juega la música en todo esto? La música llega a ser una fascinante representación de cultura viva acá en Costa Rica. Las melodías aún se pasan por tradición oral entre generaciones. Los mayores transfieren el conocimiento de las melodías de sus antepasados y las técnicas para tocar y fabricar los instrumentos.

La música la acompaña la saloma, un canto expresivo que utiliza notas sumamente agudas. Cada diablo desarrolla su destreza para salomar, aquellos que logran una mecánica vocal versátil pueden llegar a recibir mucha admiración por parte de la comunidad.

El tambor es hecho tradicionalmente de balsa y cedro, pero, en la actualidad, se produce de pejibaye. El tronco es hueco en ambos extremos y lleva parches de piel de zaíno o cuero comercial. También se ha reemplazado el bejuco por materiales más duraderos que no perecen con el sol.  

La flauta dulce ha reemplazado por completo a la flauta tradicional de caña de carrizo, material difícil de conseguir. Esto también ha cambiado la melodía ya que el tono de la flauta dulce es mucho más agudo a la de la flauta tradicionalmente usada.

A pesar del cambio de los instrumentos, la melodía, o por lo menos así nos lo indicaron, no parece haber cambiado drásticamente. “Estar el frente es una responsabilidad porque […] sabemos que nosotros tenemos que llevar eso hasta donde nos de vida Dios y transmitir a la nueva generación qué significa jugar diablo. Llevar esa tradición que no muera hasta que seguramente nosotros tengamos que darle, así como nos hicieron, el rango a otro nuevo mayor y decirle igual, qué significa eso.” Las palabras de Wilbert Lázaro, diablo mayor, nos recuerdan lo difícil que ha sido mantener la tradición. Es un gran peso sobre los hombros de la comunidad y aquellos que llevan la tradición adelante.

Podemos sumarnos al esfuerzo que hace la comunidad para mantener las tradiciones brunka. Después de casi haber perdido su lengua y muchos de sus secretos, en parte por los esfuerzos del gobierno por homogeneizar la cultura en el país durante los años 80, las comunidades indígenas de Rey Curré y Boruca están viviendo una nueva era. Estas comunidades han abierto sus puertas para que todos podamos disfrutar de sus tradiciones, apoyar con comercio y aprender sobre el pasado de nuestro país, para nunca olvidarlo.

Agradecimiento especial a la Comisión Cabrú Rojc por facilitarnos el permiso para grabar y documentar el Baile de los Diablitos.


Referencias:

Acevedo, J. L. (1986). La música en las reservas indígenas de Costa Rica. Ciudad Universitaria Rodrigo Facio, San José, Costa Rica: Editorial de la Universidad de Costa Rica.                 

Amador, José. (2005). El juego de los diablitos en Curré. Revista Herencia. Vol. 17., No. 1. San José: San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Vargas, Pedro. (2007). Dos Festividades Borucas. Enter Sedes. Vol. VI. San José: San José: Editorial de la Universidad de Costa Rica.

Entrevistas con Edgar Marotto, llevadas a cabo en Boruca entre el 27 de diciembre del 2016 y el 2 de enero del 2017.                                                           

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