Zootopia, la última entrega de estudios Disney apuesta por un mensaje de tolerancia, el cual se relaciona con no incluir ninguna especie de mono dentro de los habitantes de la “armoniosa” ciudad.

Por Marijosé Chaverri y VotZ

Zootopia es una alegoría de una sociedad que parece vivir en armonía mientras sus miembros mantienen prejuicios, los cuales ingeniosamente se representan con animales “que caminan en dos patas, no van al trabajo desnudos…y usan tecnología”. No obstante, estudios Disney tomó una decisión interesante que parece encaminada a reforzar el comentario sobre el racismo: no hay ningún primate entre las más de 60 especies de mamíferos incluidas.

Es casi contradictorio que, después de humanizar decenas de mamíferos, se abstuvieran de representar a los animales que más se parecen a los humanos. Pero, según nuestra teoría, así lograron evitar que un mono se confundiera con una caricatura despectiva o racista.

“Todos somos lo que somos: zorro astuto, tonta coneja”

Entonces cuando consideramos una película de animales humanizados, ¿por qué vemos a los animales y tenemos una idea aproximada de a qué tipo de humano se parecen antes de que hablen? Esto se debe al inmenso acervo cultural que viene desde épocas antiguas donde los animales de todo el mundo han adquirido características humanas: desde la serpiente que tienta a Eva en el paraíso hasta todos los tíos de Los cuentos de tía Panchita.

A partir de esto, todos fuimos al cine esperando que Nick Wilde, el zorro, fuera un pícaro astuto que le iba a jugar bromas a la “tierna” conejita protagonista, Judy Hopps. La película se monta en esta lógica y aprovecha al máximo la mezcla de clichés, arquetipos y símbolos para darnos exactamente lo que esperamos de los personajes. Entonces, desconfiamos de Nick por ser un zorro astuto, mientras que confiamos en la dulce ovejita Bellweather.  Seguimos los estereotipos que aprendimos culturalmente y dejamos que la película les dé la vuelta y nos engañe por nuestros prejuicios. La película juega con nuestras propias expectativas y nos hace ser prejuiciosos sin querer.

Con estos prejuicios nos sumergimos en la supuesta armonía de Zootopia donde se dice que los animales han superado sus antiguos instintos desde hace millones de años. Cada habitante tiene una clara conciencia de a qué lado pertenece: puede ser un depredador o una presa (1). Etiquetas como éstas, aparentemente casuales e inocentes, nos remiten al contexto donde se produce la película y al cuidado que tienen muchas personas por ser políticamente correctos al hablar.

El diálogo entre Judy y el chita recepcionista, Benjamín Garraza, en la estación de policía se vuelve tenso cuando el recepcionista la llama “tierna”. En principio, parece que el chita sólo está diciendo lo obvio, incluso un cumplido, y que no hay problema. Pero así como sólo los afro-americanos se llaman “nigga” entre ellos pero un “blanco” no puede llamarlos así, al parecer no es políticamente correcto que animales que no son conejos le digan tierno a uno.

Cuando Judy hace la aclaración, Garraza se disculpa y le habla de cómo él también es objeto del típico estereotipo del policía come donas, lo que suaviza la posible tensión, ¿o no? Situaciones similares están por toda la película.  Al igual que en nuestra vida diaria, no necesariamente les damos importancia y no nos damos cuenta de los prejuicios que cargan.  

“¿No hay heladerías donde viven los zorros?”

Al ver a un zorro entrar a una heladería para elefantes, Judy instintivamente piensa que algo anda mal. Lo sigue y se topa con que Nick solamente desea comprar un helado para su hijo, y que el heladero se rehúsa a venderle por su especie. Judy de inmediato se siente culpable por haber desconfiado de Nick sólo por ser un zorro, y se indigna con el heladero por discriminarlo. El heladero argumenta que “Nos reservamos el derecho a no ofrecer servicio a cualquiera”, y Judy le da la razón, por ser su “derecho”, pero a la vez lo convence de darle servicio al zorro.

El derecho del heladero elefante de negar su servicio es un derecho que los humanos también pueden aprovechar, pero del que también pueden abusar. Este derecho de admisión se utiliza para proteger a los locales de consumidores agresivos, molestos o hasta ofensivos, pero no para discriminar arbitrariamente sobre quién entra y quién queda fuera del local comercial. De hecho, un local comercial debe tener rótulos que expliquen bien qué condiciones regulan el derecho de admisión, y a quiénes. Es decir el letrero del señor elefante no sólo es inexacto, sino también inservible.

Sin embargo, varios comerciantes ya han negado darle servicio a personas bajo el amparo del “derecho de admisión”, y en Indiana, Colorado y Arizona, se han dado casos en que los dueños de locales comerciales no desean dar servicio a parejas homosexuales. Los comerciantes argumentan que se trata de una defensa de su libertad religiosa, mientras que la comunidad LGBT lucha por su derecho a ingresar y consumir en cualquier establecimiento.

En Costa Rica el caso no es muy distinto, aunque el tema de la discriminación de locales públicos no haya llegado al nivel legislativo, como en Estados Unidos. En nuestro país los locales comerciales le han negado el acceso a las personas por su orientación sexual, o su manera de verse y también se han escudado en un cartel de “Nos reservamos el derecho de admisión” para decir que tienen el derecho a echarlos del lugar.

“Bueno, podría haber un componente biológico”

Otro ejemplo fundamental del comentario anti-racista de la película es que la propia Judy también tenga prejuicios, lo que nos hace identificarnos más con ella. Al estar influenciada por los prejuicios de Zootopia, Judy comete un gran error durante la conferencia de prensa donde, a pesar de tener las mejores intenciones, explica que los depredadores de la ciudad se están volviendo violentos por algo inmanente en su ADN. Sin quererlo, Judy termina expresando un prejuicio que tiene muy interiorizado: que los depredadores son agresivos y peligrosos en el fondo, y que las presas deben cuidarse de ellos.

Cuando Nick la enfrenta, ella se da cuenta de las implicaciones de lo que dijo.  Sin embargo, las repercusiones de su discurso ya han afectado a la ciudad, llevando a los ciudadanos a desconfiar unos de otros. Pero eso no es culpa sólo de Judy, puesto que la semilla de la desconfianza ya venía desde antes. El sentimiento de culpa lleva a Judy a renunciar a la policía, pues siente que rompió la armonía de la ciudad. No obstante, su jefe la corrige y le dice que ella no puede romper algo que ya estaba roto de antemano.

Es justo en ese momento donde vemos la alegoría de Zootopia como una ciudad humana cualquiera materializarse: nosotros nos creemos civilizados, pero seguimos desconfiando unos de los otros por cómo nos vemos, cómo hablamos, o cuál es nuestra religión o equipo de futbol, etc.

Zootopia (1)

Es común ver este tipo de juicios biológicos o conductuales en personas que quieren reforzar sus posiciones discriminatorias. Al comienzo de la película, los padres de Judy intentan disuadir de ser un policía porque nunca ha habido un conejo policía, y de cierto modo la audiencia puede entender por qué; los conejos son pequeños, asustadizos, en cierta medida frágiles, por lo que parece lógico que Judy no “pueda” ser una policía. ¿Pero estaríamos igual de contentos con que le dijeran a una niña que no puede ser policía porque es negra? ¿O gorda? ¿O gay? Por supuesto que no.

“Nunca serás más que una tonta coneja” le dice un bravucón a Judy.  Como audiencia, nosotros queremos verla sobreponerse a ese estigma y lograr convertirse en policía. También es válido preguntarse si Judy hubiera logrado ser policía sin la “iniciativa de integración” de la vicealcadelsa Bellwether, de la misma forma en que uno se pregunta si en nuestro país se generaría el mismo interés por propiciar la equidad de género en materia laboral sin el corpus legal que se ha desarrollado al respecto en los últimos 25 años. Del mismo modo, los prejuicios raciales han permeado nuestras expectativas sobre a quién vemos en ciertos trabajos. En muchos casos, personas de piel oscura tienen muchas menos posibilidades de ser electos para un trabajo, incluso sólo por la manera en que suena su nombre.

“El miedo siempre funciona”

Esta frase del clímax, en boca de nuestra recién revelada villana, nos lleva al final no sólo de la eficacia del comentario de Zootopia sino de su relevancia en el 2016. Algunos de los temas más candentes de los últimos meses tienen que ver precisamente con cómo nuestro mundo tan civilizado está teniendo grandes problemas con los movimientos migratorios, el racismo y la discriminación contra personas por su orientación sexual, su religión o su género, por mencionar sólo unas pocas.

¿Cuál es la peor parte? Lo que dice Bellweather no está muy lejos de la realidad, y así vemos a Donald Trump ganando popularidad en los Estados Unidos a punta de frases racistas que sólo estimulan los prejuicios y el miedo contra los inmigrantes, los afro descendientes, etc.

Ante esta frase la película va más allá de la disculpa de Judy hacia Nick por haber sido prejuiciosa. En su discurso en la graduación de Nick como policía, ella habla de lo que podemos hacer todos y cada uno de nosotros para “hacer un mundo mejor” aunque el mundo no sea perfecto. Todos hemos tenido algún momento donde hemos sido insensibles con otros, aún cuando estos son nuestros amigos, de la misma manera en que Judy fue prejuiciosa con Nick. La importancia de que Judy se equivoque es que nosotros también nos equivocamos, pero eso no debe detenernos de intentar mejorar.


Referencias

Spencer, Clark  (Productor), &  Howard, Byron y  Moore, Rich. (Directores). (2016). Zootopia [Película]. Estados Unidos: Walt Disney Animation Studios y Walt Disney Motion Pictures

Nelson, J. (2012, Junio 27) ¿Derecho de admisión o discriminación? Negocios obligados a explicar decisiones. Recuperado de http://www.quienpagamanda.com/2012/06/%C2%BFderecho-de-admision-o-discriminacion-conozca-que-dice-la-ley/

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Shah K. (2015, Marzo 16) Indiana Passes Insane Law Giving Restaurants the Right to Refuse Gay Diners. Recuperado de http://www.eater.com/2015/3/26/8296615/indiana-law-religious-freedom-gay-lesbian-mike-pence 

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