Cuando Adrian Veidt, de Watchmen, elige llamar a su alter-ego Ozymandias condena su ‘triunfo’ a ser poco duradero.

Escribir el primer párrafo de este artículo fue infinitamente complicado. En concreto, porque quiero hablar de la importancia del nombre que escoge un personaje para su alter-ego en un cómic (o novela gráfica si creen en esa división). Desafortunadamente, este medio está plagado de ejemplos donde los nombres son caprichosos o ridículamente minimalistas. ¡No hubo forma! Di en empezar por reconocer la dificultad: sí, el mundo del cómic ha tenido sus problemas para nombrar, sea por las frecuentes aliteraciones (Peter Parker, Stephen Strange, etc.) o por una simplicidad casi bobalicona (el que se viste de murciélago se llama Batman y el que es súper todo se llama Superman). Pese a esto, el poder de un nombre ha sido explotado por escritores como Alan Moore, quien en su obra maestra, Watchmen, escoge el nombre Ozymandias para el alter-ego del antihéroe Adrian Veidt.

Primero, un poco de contexto: en el capítulo X los héroes, Owlman y Rorschach, descubren que Adrian está vinculado a una serie de asesinatos a su vez relacionados con la inminente guerra nuclear entre EEUU y la URSS. Habiendo dado con esta información, proceden a rastrearlo hasta su fortaleza en la Antártica con lo que da lugar el capítulo XI. En este Veidt cuenta a sus sirvientes la historia de su vida, se enfrenta a los héroes y triunfa. Pero el plan ejecutado no garantiza la destrucción del mundo sino todo lo contrario, evita que las potencias mundiales entren en guerra nuclear a costo de haber fingido un ataque alienígena en el que mueren miles. El capítulo XII da cierre a la historia pero solo nos importa resaltar una conversación con Dr. Manhattan (el ser más poderoso de este universo) y el último panel.

El juego con el nombre gira entorno a dos elementos: una pintura de Alejandro Magno que aparece estratégicamente en la fortaleza antártica de Veidt y un poema del siglo XIX llamado Ozymandias de donde proviene el nombre al capítulo XI de Watchmen (Contemplad mis obras, O poderosos…). Por sí solos estos elementos ya tienen su peso para la historia, pero en conjunto dan perspectiva al personaje de Adrian y al mismo final del cómic.

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Ahora, empecemos por la pintura. Desde la llegada de Adrian a su fortaleza en el capítulo X, esta pintura aparece en el fondo aunque de manera poco detallada, casi hay que estarla buscando para distinguirla. En el capítulo XI aparece a hoja y media de haber empezado la lectura y en un panel que ocupa casi toda la página. Definitivamente el lector debería notar algo de esa magnitud.

Pero, ¿qué nos muestra la imagen en sí? Al conquistador, Alejandro Magno, frente al nudo gordiano ya cortado. ¿Por qué decir que esto es importante? Este es el mismo capítulo en que Veidt cuenta su historia y establece que solía idolatrar a Alejandro Magno por casi haber alcanzado un mundo unido y sin barbarismo. ¿Es una coincidencia que la imagen se agrande justo cuando escuchamos la historia de Adrian por primera vez? ¡Poco probable! También en este capítulo el mismo Veidt explica la importancia del nudo gordiano como un problema que supera la solución convencional y requiere pensamiento creativo.

Penetrando un poco más podemos ver que ambos elementos reflejan el conflicto de Veidt en otro siglo y a otra escala. Como Alejandro, Veidt tiene un sueño de un mundo unido y sin violencia, aunque su mundo es más grande que el del antiguo conquistador. La inminente guerra nuclear es su nudo gordiano: es un problema que supera toda solución convencional y requiere un paso más allá.

Ahora llevemos la imagen un paso más allá. Watchmen es famoso por presentarnos un antihéroe que logra ejecutar su ‘plan malvado’ sin que los héroes lo detengan por haberlo iniciado tan pronto los vio llegar, el parlamento que termina ‘lo hice hace 35 minutos’ es famoso en el mundo del cómic. La imagen de Alejandro ante un nudo gordiano cortado desde la llegada de Adrian a su fortaleza enfatiza que el problema ya ha sido solucionado. La atrocidad para salvar al mundo no se ha cometido durante las primeras apariciones de la pintura en el capítulo X pero esto solo recalca lo inamovible que es la decisión de Veidt, el gran sacrificio está concretado y es tan firme como el destino.

La aparición central de la pintura en el capítulo XI, cuando ocupa casi toda la página, sigue el mismo patrón con un elemento extra.  La pintura aparece justo antes de que Adrian presione el botón (confirmando su decisión por adelantado) y justo en el capítulo donde los héroes tratarán de detenerlo, lo cuál hace que los esfuerzos de estos se vean aún más pequeños.

Pero a todo este gesto de grandeza falta sumar un grave contrapeso, el nombre del alter-ego. Adrian llega a considerar a Alejandro insuficiente y opta por seguir al faraón Ramsés II. De hecho, toma su nombre, no Ramsés, sino el nombre dado por los griegos, Ozymandias. Este también es el título del poema de Percy Bysshe Shelley de donde salen las líneas que a su vez son el título del capítulo XI ‘Contemplad mis obras, O poderosos…’  

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Aquí es donde una profunda y fuerte ironía toma lugar, pero hay que rastrearla paso a paso. El nudo de la ironía es si Adrian alguna vez deja de ser Alejandro y por qué asume el nombre Ozymandias y no Ramsés. A medida que Adrian cuenta su historia en el capítulo XI llega a decir que se decepcionó de Alejandro por no haber logrado unificar todo el mundo ni construido una unión duradera. Aún así, Veidt admite haber tomado el nombre griego de Ramsés y el estilo saqueador de Alejandro, con lo que retiene algo del conquistador Macedonio.

Más adelante, en su pelea contra los héroes, Adrian cuenta como su plan para salvar al mundo requería asumir la real persona de Ramsés y dejar al aventurero Alejandro en el polvo. A todo esto hay que sumar un panel, cuando las consecuencias del plan se revelan y se confirma la cancelación de la guerra tenemos una imagen que abarca toda la parte inferior de la página. ¿Qué muestra esta imagen? A Veidt celebrando su victoria con la pintura de fondo. ¿Qué hacemos de esto? ¿Indica que Adrian superó a Alejandro?

Sí, en cierta forma, pues logró resolver un problema más complejo que traerá unidad a todo el mundo. Pero, recurriendo a la segunda pregunta veremos que también indica que Viedt retiene  algo de Alejandro: un triunfo que no está destinado a durar.

Veidt nombra varias veces a Ramsés II en estos capítulos, incluso el password de su computadora es Ramsés II, pero el nombre que él eligió es Ozymandias. ¿De dónde viene esta discrepancia? ¿Por qué no se apodó Ramsés? La pista puede estar en el poema que se titula precisamente Ozymandias. El viajero en el poema encuentra las ruinas de una estatua y una leyenda que dice “Contemplad mis obras, O poderosos, y desesperad” donde solo hay arena alrededor.

Shelley nos muestra la impermanencia del triunfo humano ante el paso del tiempo y la ironía de creer que las grandes obras durarán para siempre. Justo esta frase da nombre justo al capítulo en el que Veidt alcanza su más grande triunfo y supera al mismo Alejandro, discúlpenme si no puedo creer que sea una coincidencia. En su momento, Adrian criticó a Alejandro por un problema de perspectiva, no pudo unir todo el mundo y no pudo hacer una unión duradera, en cierta forma el problema se sostiene con Ozymandias quien no alcanza una unión duradera.  

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Hay al menos dos figuras que confirman esta posibilidad, una es el Dr. Manhattan quien contesta la última pregunta de Veidt, ‘¿hice lo correcto, no? Todo funcionó al final.’ Con ‘Nada termina, Adrian. Nada jamás termina.’ Devolviéndonos al problema del poema Ozymandias, la perspectiva humana contra el tiempo, no hay un final aunque las páginas del cómic de acaben y a mí se me acaben las palabras, la historia sigue y el tiempo se lleve al polvo las obras de los poderosos.

La otra confirmación que tenemos es el final de la historia con la inminente publicación del diario de Rorschach, en el cual se expondría la vinculación de Veidt con eventos demasiado cercanos al ataque alienígena. ¿Contiene el diario suficiente evidencia para exponer a Adrian? Quizá no, pero la perspectiva no es optimista si sumamos el epígrafe del capítulo “sería un mundo más fuerte, más fuerte y más amante, para morir en él.” y la última imagen que muestra la sangre descendiendo sobre un reloj llegado a la media noche, símbolo a lo largo del cómic de la guerra nuclear.

Y todo esto brota de un ligero juego con el nombre. El personaje de Adrian no está diseñado para triunfar sino para poner en perspectiva las soluciones de los problemas, por creativas que sean. Su afición por Alejandro siembra sus propias limitaciones: perspectiva y alcance en el tiempo. Abandonar a Alejandro para tomar el nombre Ozymandias es la ironía que corona todo, su nombre triunfal es el de un líder infame por un triunfo que no dura. Moore garantiza que el poema esté presente en la historia para recordárnoslo, así como garantiza que la pintura de Alejandro esté presente para mantener el contraste. El alter-ego condena a Adrian a pagar un alto precio por una obra que será devorado por el tiempo.  

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