Aunque este primero de abril nos salvamos de una distopía real, algunos en Metageek decidieron revisitar sus mundos (o gobiernos) represores favoritos.

Las distopías atraen a muchos, ya sea por el miedo o por la curiosidad que despierta el vivir (o sobrevivir) en una sociedad imaginaria que lleva pensamientos o ideologías extremas al límite. Lo podemos ver reflejado en 1984 de George Orwell, donde se muestra un mundo donde el Partido controla de manera asfixiante a la población por medio de La Policía del Pensamiento. Así, una situación llevada a sus extremos parece ofrecernos un consejo, no sobre la sociedad imaginaria, sino sobre nuestra sociedad actual.

Para celebrar que por poco nos salvamos de volvernos una parodia de distopía fundamentalista fortalecida, restaurada y renovada, aquí les traemos las distopías favoritas de cada uno de los colaboradores de Metageek:

Rapture

José Miguel Lizano

Definitivamente cuando pienso en cual distopía me gusta más, Rapture, de la serie de videojuego de BioShock, es la primera que se me viene a la cabeza. Aquí, Andrew Ryan, un hombre de mucho poder económico, creó una ciudad a finales de los años 40, situada en medio del Atlántico.

Guiado por un pensamiento de libre mercado voraz (el sueño mojado de Otto Guevara, por cierto) ayudó a establecer un régimen donde ni el gobierno, ni la iglesia, ni los pobres podían apropiarse del sudor de su frente. Ryan, quien temía por una posible guerra mundial, llevó a muchas personas que pensaran igual que él. Su idea era evitar que estos perecieran en un posible desastre y de paso vivir en lo que él consideraba una utopía.

“¿Cómo olvidar la primera vez que uno ve Rapture? Es increíble lo que el Hombre puede hacer cuando se libra del gobierno y de Dios.” (Bill McDonagh)

Andrew atrajo a la gente con la promesa de una ciudad liberal en donde podrían ser dueños de sí mismos. Una ciudad libre de dios, del socialismo americano y del comunismo ruso.  Es por esto que la ciudad avanza científicamente a un nivel rápido, ya no hay creencia ética o moral religiosa que ponga freno a la ciencia y al arte.

Pero habían unas condiciones para todos aquellos que viajaron a Rapture: una vez dentro de Rapture, nunca más se podría subir a la superficie. No se podía organizar grupos obreros para luchar por sus derechos y no se podía traer nada relacionado con la religión. ¿No son estas condiciones que contradicen a la idea de un mundo donde se puede ser libre?

Bueno, Rapture logró casi una década de progreso científico desarrollando, por ejemplo, los Plásmidos (unas drogas que brindan poderes a quien las use, como sacar fuego o electricidad de las manos).

¡Fuego en la punta de tus dedos!

Sin embargo, el aislamiento total a cientos de metros bajo la superficie llevó a su gente a la locura. Esto aceleró las consecuencias del liberalismo económico sin regulación y dio rienda suelta a experimentos científicos y al arte sin ninguna restricción ética (Little Sisters y Big Daddy). Las contradicciones entre la ideología de Andrew Ryan y su manera de actuar llevaron a la clase obrera a organizarse en su contra.

Al final Andrew Ryan termina convirtiéndose en eso que él más odiaba, porque ejecuta a Fontaine después de que este contrabandeaba biblias y plásmidos y, de paso, se adueña de su empresa. Lo cual es incongruente con su discurso en contra los gobiernos por ser una “nacionalización”. Es ahí donde todo termina por caerse y empieza la aventura de quien desee entrar en este maravilloso videojuego.

Red Son

Javier Víquez

Si me preguntaran cuál es mi distopía favorita fuera de la literatura tendría que irme con Red Son. En estas fechas es muy común ver a muchos seguidores de DC como locos con el concepto detrás de Injustice. ¡Un Superman malo! ¡Wow, eso sí que es innovador! Francamente para mí la cosa va por otro lado. Es más interesante un Superman que se vuelve malo sin darse cuenta de que lo hizo que uno que deliberadamente rompe su código, pero me estoy adelantado.

Un poco de setting. En Red Son, Millar nos presenta un mundo en que Superman se estrella en la Rusia Soviética en vez de Kansas, USA y por tanto crece bajo los ideales socialistas. Su impulso por ayudar y hacer el bien lo fuerzan a involucrarse en política al punto de convertirse en el presidente Superman y liderar a la vasta mayoría del mundo a aceptar el pacto de Varsovia. Los Estados Unidos, liderados por Lex Luthor, obviamente, son su principal antagonista.

El punto de toda esta variante narrativa se hace evidente en el duelo final con Luthor, quien derrota a Superman revelándole que actúa tal como Brainiac y mostrándole  al lector lo que ya se hacía evidente a lo largo de las páginas, Superman puede convertirse en un tirano si pierde de vista su papel en relación con la humanidad, incluso con las mejores intenciones. Esto es lo que hace de Red Son una distopía perfecta para mí.

Superman honestamente cree estar ayudando a la humanidad pero dándose más autoridad sobre el albedrío de la gente de lo que hace en otras de sus encarnaciones. Creo que todo esto me fascina a nivel de conflicto.

Siendo casi todopoderoso, ¿no se está en obligación de ayudar a los demás, sea que quieren recibir esta ayuda o no? El dilema del poder fluye tan naturalmente que uno puede dejarse llevar y verdaderamente creer su discurso: ciertas libertades deben ser suspendidas para la paz, suena lógico, ¿no? Se siente raro darse cuenta de que Lex tiene la razón y Superman ha estado tiranizando a la gente al negarles su derecho a ser imperfectos, inestables, autodestructivos…humanos…

Psycho-Pass

Marijosé Chaverri

Es difícil escoger entre tantas opciones de un género que nos cautiva y nos asusta al mismo tiempo. En ese criterio creo que pocas cosas me han inquietado más que el Tokio distópico de Psycho-Pass.

En un futuro apocalíptico que se caía a pedazos, Japón logra salvarse del desorden mundial gracias al Sistema Sybil. Esta computadora perfecta se ocupa de todas las decisiones esenciales de sus ciudadanos desde dónde trabajan hasta con quién se casan.

Además, mantiene la ciudad completamente segura ya que el sistema Sybil es el juez y ejecutor de todos los posibles criminales. En este Tokio, todos los crímenes se evitan antes de que a las personas se les pueda ocurrir. Todo esto se logra a través del circuito cerrado de “televisión” allá Big Brother que constantemente escanea el cuerpo y mente de las personas para determinar su salud mental o el Psycho-Pass.

En este contexto casi utópico, donde las personas tiene ropa holográfica y avatares kawai que cuidan de su salud mental, seguimos a Akane Tsunemori. Ella acaba de ser elegida por Sybil debido a su inteligencia y psycho-pass perfecto para trabajar en la división de Investigación del departamento de Bienestar Público.

Y es que en este Tokio sin crimen, la supercomputadora aún necesita los Ejecutores y los Inspectores para encargarse de los posibles criminales. De esta forma, la policía se convierte en el hardware del sistema Sybil. Como Akane tiene un psycho-pass bueno ella es una Inspectora y debe supervisar a los Ejecutores, que como criminales potenciales debido a su psycho pass malo, usan el Dominador para controlar otros criminales potenciales.

Akane (derecha) y el Ejecutor Kogami con Dominadores. El dominador es un scanner de psycho-pass directamente conectado con Sybil quien establece una sentencia que se ejecuta inmediatamente.

Este control va desde el simple aturdimiento hasta una muerte por desintegración con todo su gráfico gore (Spoiler alert, siga el enlace bajo su propio riesgo). En este sentido, el animé nunca se autolimita en mostrar cómo el sistema Sybil ha cometido verdaderas atrocidades en nombre del bienestar de los cuidadanos, quienes por su parte viven vidas tranquilas con la única preocupación de su psycho-pass no se oscurezca.

No obstante, como es perfecto la mayoría de los personajes no se atreven a cuestionar el status quo que dicta Sybil y es así como se quedan atrapados dentro de la ley de la computadora. Entonces, por un lado parece difícil no sucumbir a la perfección cuando toda la tecnología se ve demasiado chiva, y aunque los efectos de cómo trabaja el Dominador es muy violento, ¿qué podría salir mal si es para garantizar que no se cometan crímenes?

La primera temporada presenta un antagonista exquisito que es básicamente el punto ciego de la lectura del psycho-pass. Por alguna razón, Makishima es completamente asintomátic. Así comete crímenes, entre ellos asesinatos, sin ser detectado o que su salud mental se altere. Al ser el punto ciego, permite a los espectadores considerar puntos interesantes de delegar las elecciones a una computadora, aunque esta sea perfecta:

“Cuando le confías tanto de tu vida diaria a los dispositivos electrónicos, el argumento de que no eres un cyborg no es muy convincente” (Toyohisa Senguji, cómplice de Makishima)

Es así cómo se desata un juego del gato y el ratón que te mantiene en vilo toda la temporada. Mientras Akane y su equipo tratan de descubrir cómo Makishima no es detectado, este planea grandes golpes y ayuda a otros a cometer crímenes tratando de encontrar “el verdadero color del alma de una persona” más allá de su psycho-pass.

En este sentido, el total desprecio de Makishima por los ciudadanos de Tokio que ya no tienen libre albedrío se convierte en la justificación de su psicopatía asesina. Y sin embargo, lo más interesante es cómo, una y otra vez, con el conflicto con este antagonista la serie logró enfrentarme con mis propias dudas de si sería capaz de delegar el libre albedrío por librarme de la incertidumbre de elegir una carrera o buscar mi primer trabajo.

O mejor dicho, si lo que hoy es sólo no memorizar los números de teléfono podría ser eventualmente la computadora que nos mate en nombre de la seguridad y el bienestar del mayor número de personas.

Spira

VotZ

No extrañará a nadie que uno de mis villanos favoritos habite uno de mis mundos distópicos favoritos. Spira, el mundo que habitan Seymour Guado y los héroes de Final Fantasy X, es una distopía construida sobre mentiras y oscurecida con sueños.

Este mundo cayó en desgracia, según cuenta la historia, por la ignorancia y la soberbia de las personas que se volvieron demasiado dependientes de las máquinas; las sociedades perezosas y frívolas llamaron la ira de un ser temible: Sin. Este monstruo salió un día del mar, sin explicación, y comenzó una campaña sangrienta en contra de la tecnología.

Sin es una bestia parecida a una ballena, pero descomunal, monstruosa, y con un arsenal mágico capaz de destruir una ciudad en minutos. Cuando el juego comienza, encontramos al mundo en ruinas, apenas sobreviviendo miles de años después de que Sin destruyera la civilización.

Spira tiene muchos aspectos interesantes que la distinguen de otras distopías. La mayoría de personas en este mundo tienen acceso mínimo a la tecnología, pero no por escasez, sino por una convicción religiosa impulsada por la iglesia de Yehvon, la religión más grande de Spira, que también funciona como gobierno teocrático.

Lo que la gente (y los jugadores) ignoran, es que la tecnología no es lo que causa la constante reaparición de Sin, ni tampoco los “pecados” que ellos deben expugnar; sino que es el mismo gobierno de Yehvon, él que está inescapablemente atado a la criatura y a su ciclo de muerte y resurrección.

Verán, Spira no es una distopía reciente, sino que cuando comienza el juego han pasado mil años desde la primera aparición de Sin, y desde entonces el mundo se ha adaptado y se ha moldeado a la maldición del leviatán. El monstruo fue una creación de un Invocador llamado Yu Yehvon, que lo ideó como un recurso final para ganar una guerra contra su país vecino, Bevelle.

El plan funcionó, pero una vez que Sin fue desatado sobre el mundo, ya no hubo manera de matarlo. Para poder detenerlo, Yunalesca, la hija de Yehvon, ideó un plan junto a su esposo, en con el que destruirían a Sin, temporalmente. Esto solo retrasaría el regreso de Sin, pero el sacrificio de Yunalesca y su esposo fue suficiente para que se comenzara a formar un culto alrededor de ellos y, a la vez, alrededor de Yehvon.

Zanarkand, la ciudad de Yehvon, mil años después de ser destruida.

Al pasar los siglos, la iglesia de Yehvon se fue fortaleciendo, y la historia del origen de Sin se fue olvidando o encubriendo para satisfacer el dogma de la iglesia. Sin atormenta al mundo para castigar a la gente por sus pecados y por abusar de la tecnología, pero con suficiente devoción y obediencia, algún día desaparecerá.

Mientras tanto, para darle esperanza al pueblo, la iglesia entrena Invocadores y los envía en un peligroso peregrinaje que termina con el voluntario sacrificándose ante Sin para salvar al mundo. Este ritual, tristemente, es meramente decorativo, ya que el sacrificio de los Invocadores y sus Guardianes sólo perpetúa el ciclo de resurrección de Sin, y sin saberlo los héroes de este mundo se vuelven sus futuros destructores.

El control a través del miedo y la devoción religiosa no es algo nuevo en distopías, pero Spira siempre me ha sorprendido por el nivel al que muestra el origen y el funcionamiento de estas creencias, así como la manera en que las personas se adaptan, durante miles de años, a vivir en las condiciones más inhóspitas.

Equlibrium

Melissa Arce

Imaginemos un mundo sin ira ni violencia, donde la guerra sea cosa del pasado y reinen la calma, el orden y la paz, no solo en las relaciones entre nosotros humanos sino también dentro de nuestros corazones, citando al padre al final de la misa. Suena celestial.

Añadamos a este mundo grandioso un sistema económico que no se basa en un consumismo enfermizo. No hay individuos preocupados por modas. Es más, no se puede hablar de tendencias indumentarias cuando existe solo un estilo de prenda. Una preocupación menos para las personas de este lugar, cuyas vidas están constituidas por una rutina que parece no molestar en lo absoluto.

Bueno, de alguna forma se tiene que sobrevivir. Lo bonito es que en esta sociedad también existe un avance extraordinario en la medicina y en la ciencia, lo que aliviana desmesuradamente la sensación de monotonía y sin sentido que conlleva la práctica de levantarse temprano 5 o 6 días a la semana y realizar labores, que tal vez no llenen al labriego sencillo, durante 8 o 9 horas.

Ahora, se preguntarán ustedes ¿cómo se sostiene esto? Para esto tendremos que adentrarnos más en este paraíso social. El cómo, en este caso, siempre está ligado a un mecanismo de control. Los habitantes de una sociedad como esta están organizados; deben de estarlo para vivir en este ensueño, y detrás de esta organización hay reglas y estas reglas inexorablemente provienen de la mente de otros seres humanos.

Pero todo bien con esto, porque la mente de las personas de este idílico pueblo es sumamente estructurada y cualquier pensamiento filtrado a través de emociones es suprimido. Ya lo anterior no suena bonito, me dirán ustedes, ¿cómo es eso que se controla el pensamiento? Pues la respuesta es muy sencilla, como han hecho desde hace años ya, en el mundo real, los de la batuta, por medio de opioides, la religión siendo uno de los más representativos.

Es precisamente en ese ‘ya no suena bonito’ y en la crítica a ciertas estructuras de poder que por mucho tiempo han impuesto ideas y conductas, que la distopía, como género literario, encuentra su fundamento.

Lo que en la superficialidad se ve glorioso, a profundis resulta espeluznante. Existe una ilusión de perfección, de orden, de sistematización y eficacia que se destruye cuando se interactúa con el personaje principal de este tipo de ficciones. En 1984,  Brave New World y Farenheit 451, que considero los más emblemáticos de este género, Wiston Smith, John y Guy Montag respectivamente, son los del ‘algo huele mal’ (“there’s something rotten in the state of Denmark” o en español, “hay algo que está podrido en Dinamarca”). John Preston, protagonista de Equilibrium (2002), es este tipo de personaje, quien vive en el mundo descrito anteriormente que ya no resulta tan bucólico.

Considero que este filme dirigido por Kurt Wimmer es un ejemplo bastante acertado del género. Preston, al igual que el resto de habitantes de Libria, se inyecta Prozium II (segunda versión) todos los días, tres veces al día, para suprimir, no eliminar, emociones. Por eso es que no hay nada que les provoque molestia. Esto en respuesta a una regla impuesta por ‘Father’ que, muy a lo ‘Big Brother’, les recuerda a sus civiles por medio de una abrumadora exposición mediática (televisión y radio) por qué hacerlo: no más guerra.

Similar al efecto del Soma, con el Prozium se adormecen las emociones y el cerebro prácticamente se programa para comportarse de acuerdo a ciertos protocolos basados estrictamente en la razón. Y, al igual que en el texto de Huxley, el opioide no es suficiente. En el caso de Brave New World, hay un condicionamiento brutal.

En Equilibrium, paralelo al consumo de la droga, no se permite a los Librianos tener contacto alguno con ningún tipo de Arte. La exposición a cualquier tipo de manifestación artística es muy riesgosa y podría convertir al ciudadano más automatizado en un ‘sense offender’.

De hecho, al inicio de la película, hay una escena que hace eco al texto de Bradbury, donde Preston ordena quemar la Mona Lisa, que él y su equipo habían encontrado durante una redada. Nuestro héroe, al ser un clérigo (un tipo de policía) que forma parte del Tetragramaton, concejo liderado por ‘Father’, está encargado de velar por el orden en Libria. En este momento Preston todavía no ha despertado, y el contraste entre la severidad reflejada en la cara de Preston y la pícara y ligera sonrisa de la Mona Lisa es genial.

El despertar del clérigo es azaroso: una noche deja caer accidentalmente la dosis de Prozium. Ya nada es lo mismo; el entumecimiento cerebral progresivamente se va disipando, dando lugar a sueños reveladores (estaba ciego y ahora puede ver), que lo ponen en perspectiva. Ahora se da cuenta de que él es un extraño que habita entre extraños y un extraño en sí mismo.

De hecho, hay una escena en donde él observa el video de cuando su esposa fue incinerada – a los ‘sense offenders’, al igual que a los libros, los queman. En un momento se observa a sí mismo siendo testigo de este acto macabro. En ese momento su mirada lo dice todo, la persona del video no es él, es un doble que ha usurpado su lugar durante algún tiempo ya, y esto lo perturba.

Ahora que siente, lo quiere sentir todo. De hecho, en varias escenas se comporta como un niño que todo lo toca, que todo lo quiere descubrir. El deseo de aprender, el instinto de explorar, el impulso de crear, la sensibilidad, la ira, el apego, el miedo, el amor, la tristeza retornan a él. Por eso llora al escuchar a Beethoven, por eso casi sacrifica su vida por un perrito, por eso se une a la Resistencia.

La película termina en caos; la paz ya no reina en Libria. Pero, ¿es paz lo que antes predominaba o simplemente una ilusión de paz? ¿Es realmente un acto pacífico mantener sometido a un grupo de gente mediante drogas e imposiciones? ¿No es violencia el adormecer el impulso creativo de las personas y su capacidad de asombro ante el arte? Afortunadamente existen las distopías para ayudarnos a reflexionar sobre esto y compararlas con nuestras realidades: la paz no reina y nunca ha reinado en la historia de la humanidad; hay caos entre nosotros y dentro de nosotros, pero ¿eso qué importa? El caos no siempre es malo.

“Invention, it must be humbly admitted, does not consist in creating out of void but out of chaos.”

― Mary Wollstonecraft Shelley

“Every morning I jump out of bed and step on a landmine. The landmine is me. After the explosion, I spend the rest of the day putting the pieces together.”

― Ray BradburyZen in the Art of Writing

Tomado de https://viktorhertz.deviantart.com/art/Equilibrium-film-poster-179904345

Estos son solo algunos de los muchos mundos ficticios que han atrapado nuestra atención por la forma en como fueron planteados y desarrollado; mas no son los únicos, hay muchos otros. ¿Ya las conocían? ¿Qué distopías agregarían ustedes?

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