El 8 de abril pasado se celebró el centenario del nacimiento de Yolanda Oreamuno. Hoy en día, los textos de Yolanda Oreamuno siguen siendo pertinentes y transgresores. ¿Pero por qué?

Para Yolanda Oreamuno, el reconocimiento llegó muy tarde. El pasado viernes y para conmemorar el centenario de su nacimiento, el Ministerio de Cultura inauguró una exposición itinerante, cuya primera parada fue en el vestíbulo del Teatro de La Aduana. Ésta explora el contexto histórico en el que se desarrolló, así como su vida, obra e influencias. Sin embargo, ¿no les parece preocupante que el interés general por su obra haya llegado hasta ya entrados los dosmiles?

A mí sí.

Durante su vida y por muchos años posterior a su muerte, la sociedad estaba encantada con este personaje excéntrico y mítico. Pero hasta ahí. Su obra pasaba a un plano secundario. En una investigación que realizó Alexánder Sánchez, éste cita a un artículo del periódico La Hora en donde comparaba a la escritora con la Miss Universo de esa época. Yolanda Oreamuno era el arquetipo de la mujer “alta, fuerte, deportista, elegante, sobria en el atavío y con naturalidad en todas sus facciones (…)” (2).  

Las historias de sus múltiples admiradores, su fallido intento de secuestro, y sus dos matrimonios son, como lo pone Sánchez, elegante chismografía literaria que aporta a la imagen de mujer fuerte y transgresora. La apatía e incomprensión que rodea su obra la hizo optar por el autoexilio: primero emigra a Guatemala, donde incluso adopta la ciudadanía guatemalteca, y luego viaja a México, lugar donde moriría pocos años después.

Ilustración de Yolanda Oreamuno por Alejandra Montero

Yolanda Oreamuno

Como lo describe Rima de Valbona, Yolanda “escribió siempre con el ánimo de ser leída y comprendida en su medio, sin embargo, en Costa Rica solo encontró críticas en privado, pero un silencio sepulcral en cuanto a publicaciones críticas”. Es más, en una carta a Joaquín García Monge, ella expresa su frustración ante la falta de reconocimiento en su tierra. “Quiero que si algo de valor hago yo en el ramo literario, mi trabajo pertenezca a Guatemala, donde he tenido estímulo y afecto, y no a Costa Rica donde, fuera de usted, todo el mundo se ha dedicado a denigrarme, odiarme y ponerme obstáculos.” (3)

Ahora, si bien la obra de ella no fue comprendida y reconocida en su época, ¿por qué, casi sesenta años después de su muerte, su obra sigue siendo trascendente? Si bien hay muchísimos argumentos, voy a indicar algunos de los más importantes:

Critica los códigos patriarcales

Yolanda logra unificar dos mundos que usualmente (y hasta ese momento en la literatura costarricense) convivían por separado: el mundo de la escritura y el mundo de la vivencia psicológica. Al explorar los pensamientos de sus personajes, su obra pone en evidencia cómo los códigos patriarcales marcan la vida de las mujeres con angustia y sufrimiento. En La ruta de su evasión (1948), por ejemplo, son los recuerdos de Teresa en su lecho de muerte los que revelan el comportamiento abusivo de don Vasco, su esposo.

La agresión don Vasco es tal que la única manera en la que ella pudo rebelarse de la opresión fue por medio de la enfermedad. La autora revela, por medio de la exploración de la psique de las protagonistas, tipos de violencia (como la intrafamiliar o la simbólica) que en ese momento no entraban en discusión en la sociedad costarricense.

Su obra es innovadora a nivel de estilo

El nivel de experimentación en La ruta es impresionante. En lugar de optar por un inicio, desarrollo y final, Oreamuno intercala las historias de Aurora y Teresa, haciendo uso de una narración fragmentada. Los pensamientos de muchos de sus personajes, además, no sólo provienen de lo consciente, también afloran desde el subconsciente. Esta técnica, conocida como fluir de la conciencia, permite una mayor profundización en el personaje.

Aparte de la narración fragmentada y el fluir de conciencia, la autora también hace uso de saltos temporales, donde la narración se va moviendo entre el presente y los recuerdos del pasado. Ahora, cualquiera pensaría que la combinación de estos tres recursos tendría como resultado una obra pesadísima e incomprensible (James Joyce, ¡te saludo!). Sin embargo, ese no es el caso. A pesar de ser una obra compleja a nivel de estilo, esta sigue siendo una obra accesible y muy relacionable con la actualidad.

Ilustración de Yolanda Oreamuno por Alejandra Montero

Ilustración de Yolanda Oreamuno por Alejandra Montero

Rompe con el folclor costarricense

Ella se niega a seguir con las tendencias literarias y artísticas de la época. De acuerdo con Valbona, Oreamuno considera que el camino de la novela hispanoamericana de protesta es muy trillado y limitado a nivel estilístico y espiritual. Esto queda clarísimo en “La lagartija de la panza blanca” (1936), donde el tono sarcástico de la narración hace burla del paisaje costumbrista. “Todo es sencillo y arrullón y tembloroso. Así… bueno, suave y tranquilo como debía ser todo en ‘aquel tiempo’”.

Define a la mujer desde ella misma

Hasta ahora, sólo he tocado su obra de ficción. “El trabajo de testimonio social de sus artículos”, indica Dorelia Barahona, presenta “a una Yolanda más racional, más comedida (…) en el uso del lenguaje, y cuya finalidad era comunicar una idea clara sobre algo que le parecía que estaba sucediendo.” (4) En ¿Qué hora es? (1933), uno de sus primeros ensayos, Yolanda inicia un camino hacia la definición de la mujer desde ella misma y no desde los constructos de la época.

En este ensayo, ella cuestiona el tipo de educación que se le está dando a las mujeres, pues estas no pueden ser partícipes activos de una sociedad si se les educa únicamente para ser madres y esposas. La igualdad de condiciones solamente es posible, dice Emilia Macaya, “si antes la mujer no abandona los estereotipos, a fin de encontrarse en una definición propia –no ajena– que la lleve a autoafirmarse.” (5)

 

El reconocimiento de la obra de Yolanda Oreamuno llegó tarde, pero este no debe ser el paradigma. Un ambiente que reprime, invisibiliza y obstaculiza la realización artística e intelectual de una mujer no es ni normal ni aceptable. ¿Cuántas carreras de escritoras, pintoras, músicas y cineastas han sido ignoradas o truncadas por sociedades machistas que no han logrado darles un reconocimiento merecido y a tiempo? Necesitamos, sí, necesitamos acercarnos al trabajo de todas las costarricenses talentosas que se han expulsando y enajenado. Recuperar a las Yolandas y las Chavelas. Ojalá ninguna otra se vea obligada a emigrar y buscar nacionalidades ajenas para poder desarrollarse.

 


 

Referencias

  1. González, Alfredo. “Yolanda rompe el silencio”. El Financiero. 2012. Tomado de http://wvw.elfinancierocr.com/ef_archivo/2012/marzo/04/estilos3081362.html
  2. Meléndez, Mauricio. “Yolanda y su época”. Suplemento Raíces. La Nación. 2000. Tomado de: http://wvw.nacion.com/ln_ee/ESPECIALES/raices/yolepoca.html
  3. Sanchez, Alexánder. “Tras el mito de Yolanda Oreamuno”. Ancora. La Nación. 2008. Tomado de: http://wvw.nacion.com/ancora/2008/abril/06/ancora1483490.html
  4. Red Cultura. “Yolanda Oreamuno: Su obra, la mujer y el mito”. Entrevista a Dorelia Barahona. 2011. Tomado de: https://www.youtube.com/watch?v=2Mm1k9ZO9x4
  5. Macaya, Emilia. “Identidad y género en la obra de Yolanda Oreamuno”. Entretenimiento. La Nación. 3 de abril, 2016. Tomado de: http://www.nacion.com/ocio/artes/Identidad-genero-obra-Yolanda-Oreamuno_0_1552444770.html

Ilustraciones por Alejandra Montero. Imagen de portada con modificaciones.

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