Vivimos en un mundo donde se venera el concepto de virginidad y se nos valora en una tabla de experiencia sexual. En esta tabla quien está más arriba merece menos respeto, menos derechos y es culpable de lo malo que le pase. Quien esté abajo es un fetiche, es buena, es respetable, es honrada, es una ofrenda para los dioses. Ninguna es autónoma.

No voy a entrar en la liturgia alrededor de María y su santidad, el hecho de que la Iglesia Católica afirme que subió en cuerpo entero al cielo y que le pusieron una corona, ni tampoco de las fiestas de “espiritualidad mariana”, tampoco en todo el tema de las monjas y su subalterno matrimonio con dios. Esto porque ni volviendo a nacer lo podría llegar a entender. De lo que sí quiero hablar es del mito de la virginidad, la obsesión que tienen religiones con que las mujeres nos mantengamos vírgenes, incluso aquellos cultos que no celebran a María o no creen en ella.

El primer retrato conocido de María data del siglo segundo y está en una catacumba en Roma. De ahí miles de representaciones, oraciones y celebraciones fueron apareciendo en los siguientes dos mil años. Se celebra no solo que María fuese virgen, sino que ella también fue “sin pecado concebida”.

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Acá en Costa Rica, la imagen que se adora es la de la Virgen de Los Ángeles. La leyenda nació cuando Cartago era capital, las personas no blancas vivían alejadas del centro de la ciudad ya que -por ley- no los dejaban pasar de cierto punto (un pequeño apartheid pura vida). Dicen que el 2 de agosto de 1635 una chica se encontró una estatua pequeña en medio del bosque, se la llevó a la casa, la envolvió y la metió en una gaveta. Al día siguiente le volvió a aparecer una estatua en el bosque, se la llevó para guardarla al lado de la primera pero esta no estaba.

El tercer día pasó lo mismo, pero en vez de llevarla a la casa se la llevó al cura, él la guardó en una caja y (¡sorpresa!) en la mañana ya no estaba, y así sucesivamente hasta que decidieron que era una mensaje de la Virgen y que debía quedarse en el bosque. Le construyeron un templo alrededor y el resto es historia; historia de la negrita y las romerías a ver esa imagen tallada con una técnica indígena y basada en una Virgen que también apareció en España.

Hay asimismo diferencia entre la casada y la doncella. La doncella tiene cuidado de las cosas del Señor, para ser santa así en cuerpo como en espíritu; pero la casada tiene cuidado de las cosas del mundo, de cómo agradar a su marido. De manera que el que la da en casamiento hace bien, y el que no la da en casamiento hace mejor (1 Corintios: 7,34, 38).

Tener valor y valer la pena

Ser merecedora de más derechos y más respeto a mi cuerpo y dignidad. ¿Por qué? ¿Por tener un himen intacto? Es ridículo. Hay chicas que sufren todos los días por esta idea de virginidad idealizada. Imaginen a esas chicas de adolescentes, imaginen a esas chicas que fueron violadas y no solo tienen que cargar con las cicatrices físicas y psicológicas del hecho, sino que también el sentimiento de ser menos por no tener himen.
Se nos enseña que el sexo es solo para cuando estamos casadas y ahí -obvio- para procrear. Por ahí leí que otra razón por la cual se nos permite tener sexo es cuando lo hacemos con otra mujer pero no cuando es por nuestro placer y deseo, sino cuando lo hacemos para que un hombre nos vea y disfrute. Los hombre fetichizan el “quitar la virginidad” y hasta escriben canciones al respecto, algunos hasta parecen tener un complejo de Humbert Humbert.
Nuestra sexualidad es considerada un pecado o una mercancía. El pecado y la mercancía no son contradictorios, termina siendo lo mismo; las mujeres no podemos ni debemos tener poder sobre nuestra sexualidad. Por eso las lesbianas causan tanta indignación entre machistas y grupos conservadores: una mujer lesbiana no tiene interés en darle placer a ningún hombre y su relación sexual no va a traer a ningún bebé a esta tierra.

A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera los dolores en tus preñeces; con dolor darás a luz los hijos; y tu deseo será para tu marido,[a] y él se enseñoreará de ti (Génesis, 3:16).

La virginidad es algo que debemos guardar, o algo que podemos vender. Vender como un ideal, como algo sexy, como la colegiala inocente a la que se masturban viejos de 50. También puede ser un elemento que guardamos para vender nuestra flor a algún hombre a cambio de amor. O vender en realidad, subastarla al mejor postor. En serio. Se subastan, se pagan y luego se hacen rankings de las virginidades más caras como si fuesen carros de futbolistas o algo así. Recolectando información sobre este tema escribí “auction” en la barra buscadora de Google y una sorprendente cantidad de resultados eran sobre virginidad.

Vi varios vídeos y todos tenían la misma frase “virginity is the one skill for which no experience is highly valued” ¡¿Qué?! ¿La virginidad es la única habilidad en la que es altamente valorado no tener experiencia? ¿Desde cuando ser casta es una habilidad?

Lo legal es personal

Es un agravante de violación si la mujer es virgen. O sea, si te violan y sos virgen es peor a que violen a una mujer que ya ha sido sexualmente activa. Además, si andaba tapadita y virginal es una tragedia; si andaba vestida de manera provocativa, se lo merecía por perra.

"Ella se vistió así porque algo buscaba".

“Ella se vistió así porque algo buscaba”.

Bajo la Ley del talión (que cada vez más gente quiere implementar en Costa Rica) si un hombre violaba a una mujer VIRGEN, el padre de ella tenía derecho de violar a la esposa del violador. Ojo por ojo y todas terminamos violadas. En la Inglaterra del siglo XIX se castraban y cegaban a los violadores… de vírgenes.

Legalmente ser virgen sí te da más derechos civiles en Costa Rica. Nuestro Código Penal es de 1970 y ha pasado por incontables reformas (la última en el 2014), pero estos dos artículos se mantienen igual: Aborto honoris causa y aborto procurado. El primero dice:

Artículo 120.- Si el aborto hubiere sido cometido para ocultar la deshonra de la mujer, sea por ella misma, sea por terceros con el consentimiento de aquélla, la pena será de tres meses hasta dos años de prisión.

El segundo:

Artículo 119.- Será reprimida con prisión de uno a tres años, la mujer que consintiere o causare su propio aborto. Esa pena será de seis meses a dos años, si el feto no había alcanzado seis meses de vida intrauterina.

Pregunta honesta: ¿Nuestro Código Penal considera menos grave si una mujer aborta para ocultar la pérdida de su virginidad que una mujer que abortase por cualquier otra razón? ¿Una mujer hasta hace poco virgen tiene más derecho (o menos castigo, en esta sociedad conservadora y patriarcal) a decidir sobre su cuerpo que una mujer que ha tenido múltiples encuentros sexuales?

Otro detallito de la versión original del código (que por dicha ya cambiaron) es que se penaba la violación a una niña cuando esta fuese honesta, o sea virgen.

Artículo 159.- Se impondrá prisión de uno a cuatro años, al que tuviere acceso carnal con mujer honesta aun con su consentimiento, mayor de doce años y menor de quince.

¿Alguien me puede explicar? Si una preadolescente fuese violada primero por un hombre y luego por otro ¿el segundo ya no sería penado porque ya ésta no era honesta? ¿Qué pasaba antes del 2007 (cuando se reformó este artículo) con los niños violados? Ésto también me hace preguntarme el significado del eufemismo hombre honesto vs. el de mujer honesta.

Antes del matrimonio

Hace unos años estaba en un pueblito de Catalunya cuando conocí a un señor que trabaja como enlace entre la policía de la zona y la población gitana. Al tener una relación cercana le invitan a eventos especiales, como por ejemplo las bodas de las hijas de los patriarcas.

Me contó de la (terrible) tradición de verificar si la novia es virgen antes de que empiece la boda (o ajuntamiento). A las chicas gitanas las acuestan en una cama en el lugar de la fiesta y las penetran 3 veces para que manchen un pañuelo blanco. Si no sangra es una vergüenza para el padre, y la familia del novio puede pedirle compensación. A las mujeres gitanas las casan muy jóvenes y muchas recurren a una cirugía de reconstrucción del himen porque -por esas cosas de la vida que no tienen nada que ver con tener relaciones sexuales- a veces se rompe “antes de tiempo”.

Esto siempre lo he contado y me ha causado bastante indignación, pero en realidad nunca me puse a investigar cómo era el proceso hasta ahora. Es espantoso y completamente degradante. Las visten, maquillan, enjoyan para entrar a la fiesta. Pero antes de la ceremonia, las acuestan en una cama y les rompen el himen frente a una multitud de invitadas. Cuando por fin sangran le tiran almendras, la alzan, la llevan donde el novio a quien también alzan y bailan mientras la familia muestra al mundo el pañuelo manchado. En el mundo tecnológico de hoy todo esto lo filman y lo suben a YouTube.

¿Qué hacemos con nuestro himen? ¿Qué hacemos las que no sangramos en nuestra primera relación sexual? Yo hubiese dejado en desgracia a mi familia porque nunca sangré.

Pero no pensemos que estos espectáculos públicos con respecto a la virginidad de chicas jóvenes es exclusivo a comunidades gitanas, pobres y marginadas. En Estados Unidos hacen bailes (algunos con fondos públicos) donde las niñas se viste como de novias y le encomiendan su pureza a dios y a su padre. Ahí prometen ser abstemias hasta el día de su matrimonio, algunas incluso no llegan a agarrarse la mano ni darse un beso hasta decir “I do”. En otras palabras, su sexualidad pertenece a sus padres hasta que él se la entrega a algún hombre apropiado. Las mujeres son completamente pasivas en este arreglo.

*lee cuentos de princesas rescatadas*

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Esta costumbre estadounidense viene acompañada -desde 1981- con una educación sexual que da como única alternativa la abstención. Esto ha contribuido a que Estados Unidos sea el país de renta alta con mayores índices de embarazo adolescente y de enfermedades de transmisión sexual.  Además, se ha comprobado que hay una correlación significativa entre los estados que tienen este tipo de educación con los índices de embarazos y enfermedades.

Ahí enseñan que cuando se pierde la virginidad una se convierte en un chicle masticado, en un cepillo de dientes viejo, algo que nadie quiere, que no tiene utilidad. Se pone todo el valor de una persona en su sexualidad, no servimos para nada más que ser madres y esposas, castas y sumisas, objetos para ser usados y luego desechados.

Bill Clinton le destinó millones de dólares a estos programas. Luego vino Bush hijo,  un gran promotor de solo abstenerse, y llegó a duplicarles el presupuesto. Para luchar en contra de esto, Obama ha estado cortando financiamiento por donde pueda, pero muchos también son financiados por los gobiernos estatales. Hay que ver qué pasa ahora.

En Estados Unidos se hace el show de los anillos de pureza, podemos recordarlos de películas como Britney Spears: la primera celebrivirgen, Cuando Jessica juró pureza (a su papá), y otro éxitos del marketing adolescente como Los hermanos santos, un viaje con los Jonas y El cambio de Miley (porfa vean ese último link). Todo esto ocurrió desde fines de los 90 hasta hace un par de años. Por dicha ha disminuido la virginilocura en las revista de chismes gringas. Esta estrategia de mercadeo es vomitiva: “Te vendo a esta virgen que actúa como una chiquita buena, sexy y tonta”. No puedo no empezar a describir lo nocivo que me parece todo esto de la perpetua inocencia -por ende perpetua niñez- sexualizada.

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¿Qué pasa con las chicas que ya tuvieron relaciones sexuales? ¿Qué pasa con las que no han tenido pero tienen ganas? ¿Qué pasa con las que -en contra de su pensamiento moral/racional- terminan dejándose llevar? Las primeras sienten que ya no sirven para nada, que ya no valen, disminuye su autoestima y son más propensas a tener actitudes autodestructivas. Las segundas se sienten sucias, que son malas personas, que no deben de actuar según sus propios deseos.

La virginidad no es un invento del cristianismo. En el Islam tienen una fuerte y peligrosa obsesión que violenta hasta los derechos más básicos de millones de mujeres. En algunos países podés ir a juicio por no llegar virgen al matrimonio. En otros podés ser lapidada por dejar a tu familia en vergüenza. Ese es otro despelote para otro día.

Neovírgenes

En Costa Rica nos ha llegado la moda de lo que mis amigas y yo llamamos neovírgenes. Estas son mujeres (y hombres) que han tenido una vida sexual relativamente normal y de un pronto a otro deciden dejar de tener relaciones sexuales -e incluso besar- hasta el día de su boda. La gran mayoría de ellas empezaron a ir a estudios bíblicos y terminaron tan culpabilizadas por todo lo que han sido antes que deciden arrepentirse ante dios. Este movimiento de born again virgins empezó en Estados Unidos a mediados de los 80 y tiene unos cuantos años en nuestro país.

Al igual que yo espero que nadie me juzgue por el número, frecuencia y calidad de mis parejas sexuales, yo no juzgo a nadie por decidir sacar el sexo de su soltería. El problema -PROBLEMÓN- es que muchas deciden dejar sus amistades de años, alejarse de sus familias para juzgar y menospreciar todo lo que vaya en contra de su propia moral superior. Moral limpia e inmaculada que rechaza lo sucio y deshonesto.

Las neovírgenes han crecido exponencialmente al lado de las iglesias y partidos evangélicos en el país, de la mano del desprestigio de la iglesia católica (donde se es más fácil ser menos obediente). Como ya muchas personas se les habían salido del canasto y querían atrapar nuevas fieles elaboraron el concepto de segunda virginidad.

Así incrementan el número de personas que juran pureza, incluyen a todo el mundo (hasta a las promiscuas), y crece el negocio y la cantidad de buenas mujeres (inserte imagen de Catalina Mendieta). La buena mujer es la que se sacrifica, la que da placer, la que es prudente, la que renuncia, la que no obtiene placer, la que anula el erotismo, la que es madre y esposa, la que concibe sin gozar de su cuerpo.

No nos engañemos cuando dicen que la neovirginidad es un tema espiritual, es un tema físico, religioso y político. Es el intento de controlar el cuerpo de la mujeres a través de sentimientos de culpa y responsabilidad, ya no solo en el marco de su congregación, ahora desde los partidos políticos en la Asamblea Legislativa. Quieren imponer su creencia religiosa a toda la población, coartar nuestra autonomía según su moral, negar nuestras experiencias corporales y nuestro placer.

No caigamos en la tentación

Si nos dicen que todo nuestro valor está en nuestra virginidad, y por ende en nuestra sexualidad, no nos puede sorprender el otro lado de la misma moneda: chicas hipersexualizadas que han interiorizado que son objetos y que su cuerpo es una mercancía.

Estas mujeres tampoco son dueñas de su sexualidad, de sus relaciones ni de su placer. Son víctimas de la misma cultura que nos despoja de nuestra autonomía, nos considera subalternas, ciudadanas de segunda categoría. Nuestra ética está atada a nuestros cuerpos.

Poner a nuestra sexualidad y nuestro cuerpo como termómetro de quienes somos es sumamente nocivo. Yo -personalmente- creo que muchas cosas me definen antes de que con quién, a qué edad o por qué cogí la primera vez. Mi habilidad de ser una buena persona está basada en mi solidaridad, mi respeto a las demás personas, mis luchas personales y sociales, mi aporte a la comunidad, mil características más.

En pensar que pasamos por todo este sufrimiento y juzgamiento por algo que no sabemos lo que realmente es. ¿Qué determina la virginidad? ¿Tener himen? ¿Y las chicas que tienen sexo oral y anal para preservarlo siguen siendo vírgenes?¿Es la virginidad el estado de no haber tenido ningún contacto sexual o es solo la presencia de un tejido? ¿¡Qué importa!?

Paremos con toda esta obsesividad y definamos a las personas por su calidad como seres humanos, por sus valores y su trabajo, no por lo que tiene, ha tenido o tendrá entre las piernas. Y eliminemos el concepto de virginidad de nuestras vidas. No permitamos que se sexualicen niñas ni que se infantilicen mujeres. No nos juguemos, confiemos en las elecciones personales de las mujeres, cojamos en libertad, con responsabilidad y con quien(es) nos haga(n) felices.

Es traviesa, retoza, chorrea, me empapa, le gustan las lenguas que se creen mariposas, los penes solidarios, la pulpa de ciruela femenina, o simplemente las caricias venidas de mi misma (Rosa María Roffiel).


Bibliografía

  • Lagarde y de los Ríos, Marcela. Los cautiverios de las mujeres. México DF. Siglo XXI. 2015
  • Brownmiller, Susan. Against our will. New York. Bantam Books. 1975
  • Valenti, Jessica. The Purity Myth. Berkley. Seal Press. 2009

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