Una persona en posición de privilegio no debería limitar lo que otras expresan desde sus diferencias.

El otro día estaba teniendo una “conversación” en Facebook sobre la situación de inseguridad en Puerto Viejo debido al triste asesinato de un fotógrafo canadiense. El hombre con el que conversaba decía que había una correlación casi lineal entre los niveles de desempleo y la delincuencia. Yo le comentaba que en grupo en el que estábamos de hecho habían compartido lo contrario. El compañero entonces exigió que le mostrara las cifras, cuando lo hice me dijo que las estaba leyendo mal, y que de fijo era del PAC por eso (WTF!!).

Vi en ese momento la oportunidad perfecta para compartirle un artículo que había escrito esa semana sobre las cosas que suponemos y cómo el mansplaining y whitesplaing eran un ejemplo de esto. Él me indicó que no podía usar la carta étnica ni la de género. ¿Carta étnica o de género?  ¡A la  puta, ahora sí!,  me dije y terminé la conversación. Un par de días después revise mis notificaciones y vi que el chico bajó el tono confrontativo cuando otros hombres parecían apoyar mi posición.

Ese fin de semana me soñé que el mundo era como un juego de póker, como ese cuadro de terciopelo que sale en las películas, pero en lugar de perros había penes. Penes y vaginas mestizas (porque: Costa Rica) y yo feliz porque me dejaban jugar. De repente me di cuenta que casi todas las cartas tenían penes, de todos colores (muchos blancos) y de vez en cuando salía una vagina, pero nunca una como la mía.

A friend in need (1903) de Cassius Marcellus Coolidge.

Jugué y jugué largo rato con esas cartas y cuando salió una de las mías, la que me iba a dar la oportunidad de avanzar en el juego (y posiblemente hasta ganar), me gritaron No es justo, no podés jugar una de esas, estas polarizando el juego. Yo les quise explicar que todas las cartas tenían valor y que éramos menos pero no por eso, menos importante.También que era importante que todas las personas nos viéramos reflejadas en el juego, que deberíamos de tratar de darle oportunidad por igual.

Les insistí para que entendieran que nuestras vaginas eran chivísimas (hasta unas afro teníamos), que por años hemos apoyado todos los movimientos del juego y ya era hora que nos dieran nuestro espacio. Volví a ver a mis amigas vaginas y me dijeron: todas somos iguales, porque tenés que insistir en hacer diferencias, No seas agresiva. Decepcionada me salí del juego, y me desperté.

Lo malo de todo esto es que yo no me puedo despertar, tengo que seguir viviendo en un mundo de penes, que creen que todo lo saben, que todo lo pueden y que -además- tienen la autoridad para explicármelo; sin siquiera dudar que yo sí puedo saber de lo que estoy hablando. Penes que se consideran aliados, pero que ellos saben mejor cómo jugar y cuando dejarme a mí hacerlo.

Fragmento de The Holdout, de Norman Rockwell.

Éste también es un mundo de vaginas mestizas que han luchado justamente y con nuestro apoyo por mucho tiempo, por sus derechos, el respeto y visibilizacion pero que en sus videos , sus llamados, estadísticas y acciones no nos incluyen. Vaginas que hablan de la importancia de la inclusión, pero nos ignoran y cuando alzamos la voz nos quieren mestizasplain.

Estas actitudes de las personas que supuestamente son nuestras aliadas son desesperantes, yo a veces quiero decirles: Child please! Pero me acuerdo que somos de las mismas  y que tenemos que trabajar en conjunto. Pero que no es mi deber obligarles, educarles (google es gratis) o exigirles sobre la importancia de la inclusión. Ellas ya lo saben (o deberían de saber). Me pregunto siempre, ¿por qué lo hacen entonces? ¿No es que el feminismo es interseccional? Son feministas entonces? Esas pregunta yo no las puedo contestar con certeza, lo que puedo hacer es seguir levantando la voz a través de organizaciones como Costa Rica Afro, que poco a poco queremos poner más diversidad en la baraja de la vida.

 

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