El patriarcado puede definir la forma de crianza de una persona, aún cuando el “patriarca” no está presente.

Las maternidades se ejercen de muchas maneras pero el patriarcado, como siempre, nos dice que solo hay un tipo bueno, correcto y normal. Usted es mamá de verdad si es mujer, heterosexual, casada y sus hijas o hijos son biológicamente suyos. Cualquier otro tipo de maternidad que se salga de esa norma lleva comúnmente un adjetivo calificativo a la par, madre adoptiva, madre soltera, madre viuda, madre lesbiana o la temida madrastra. En el caso de las madres solteras, esta descripción es casi como la letra escarlata que nos sigue por la vida.

Se supone que si sos madre y soltera es porque el padre de la criatura no quiso casarse con vos, no lo pudiste amarrar y si además el hijo o hija no lleva los apellidos del padre, la situación es peor, algo raro debe de haber ahí. La legislación costarricense obliga a la paternidad responsable lo que en términos prácticos significa la posibilidad de obtener los apellidos del padre y una pensión que coadyuve a la manutención. En el mejor de los casos, el padre quiere hacerse responsable y ejerce una paternidad activa e involucrada aunque él y la madre ya no sean pareja; bien sabemos que este no es el caso de la mayoría de las mujeres en Costa Rica (casadas o solteras).

Yo tomé la decisión de no ponerle los apellidos del padre a mi hija. Fue una decisión consciente basada en el bienestar de mi hija como objetivo principal, asumí mi maternidad en solitario y con el apoyo de una red familiar y de amigos que han hecho el proceso muchísimo más fácil. Me atrevo a decir que es una maternidad empoderada y feminista.  Sin embargo, el Estado y las instituciones costarricenses continúan definiendo mi vida y la de mi hija con base en la ausencia de un hombre.

Cuando vamos al hospital, a migración, en instituciones públicas o privadas hay que explicarle al funcionario que lleva mis apellidos solamente, que las decisiones las tomo yo, que soy yo quien tiene la guarda, crianza y total responsabilidad sobre la niña. Que soy yo quien asume todas las responsabilidades financieras, emocionales, de salud y educativas de mi hija. Que soy yo la que contesta sus preguntas, la cuida en las noches y se asegura que tenga todo lo que necesite. Que yo no me fui, me quedé y que trabajo doble o triple jornada para que podamos estar donde estamos, y todo es resumido por ellos con un: “no es reconocida por el padre”.

Y yo me pregunto, ¿por qué? ¿Por qué esa ausencia paternal es más importante que la presencia materna? ¿Por qué definimos las maternidades basadas en la cercanía o lejanía del padre? ¿Por qué no escribimos en todos esos documentos: “Asumida completamente por la madre”?

¿Será porque de ser así la sociedad se daría cuenta que somos las madres, de todo tipo, las que asumimos la mayoría de las responsabilidades con respecto a nuestros hijos e hijas? Que si bien hay padres involucrados y modernos, hay muchos más que no lo son. Que los hay manipuladores, violentos, agresores, machistas y que tal vez las familias están mejor sin ellos. Y lo peor, ¿será que tienen miedo que nos demos cuenta que existe la posibilidad de ser madre y de hacer familia de manera diferente y que el mundo sigue su rumbo, que nada pasa?

En el momento en que como sociedad entendamos que las maternidades y las familias tienen muchas formas y definiciones, que quienes asumen la responsabilidad por de la crianza  lo hacen desde la igualdad y la co-responsabilidad, que nadie es más o mejor que la otra persona y que la ausencia de uno (o una) no invalida la presencia del otro (u otra), sabremos que estamos progresando. Sabremos que le ganamos una al patriarcado. Lamentablemente por ahora en Costa Rica, seguimos perdiendo.   


Ilustraciones por Phoebe Wahl para el calendario 2016 de Taproot Magazine.

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