Urge que los medios aceptemos la responsabilidad que tenemos como constructores de realidades. No le demos voz al odio mediático. Celebremos al público racional, brindemos la información correcta y el contexto necesario.

Resulta difícil no percatarse del alto contraste entre las reacciones que circulan dentro de los foros de opinión pública, cuando se discuten las noticias relativas a casos de violencia machista en el país, versus las que surgen en torno a ciertas noticias que divulgan posturas abiertamente anti-feministas.

Por un lado, las noticias sobre los femicidios, intentos de femicidio, actos de violencia sexual y otras formas de violencia machista, con frecuencia no producen mayor escándalo. En redes sociales los comentarios solidarios o de indignación ante estos hechos suelen ser escasos o bien, inexistentes. Y lo común es encontrar voces que trivializan la situación y que culpabilizan a las víctimas. Todo esto es resultado de una sociedad que sigue perpetuando la normalización de la violencia contra las mujeres, que tiene como origen la desigualdad y las relaciones de poder con base en la estructura social del género.

Pero cuando se trata de noticias acerca de las declaraciones de políticos o líderes de opinión,  criticando a instituciones, normativas o políticas de acción afirmativa diseñadas para compensar las fuerzas culturales patriarcales, se produce un frenesí extraordinario. Cada frase abiertamente anti-feminista es recibida con aplausos y algarabía masculinista. ¡Ahora las víctimas son los hombres (así, en general) y las victimarias somos las mujeres (las feministas, así, en específico)!

Medios-(1)

Ilustración por Saulo Cruz

El discurso de odio anti-feminista se expande veloz a través de los medios de comunicación, las redes sociales, las mesas de café, los lugares de adoración espiritual y también uno que otro taxi. Oscar López, siguiendo los pasos de su maestro espiritual y académico, Justo Orozco, está ahora disfrutando de la categoría “el sabor del mes” de los grupos neo-machistas, algunos de los cuales –muy astutamente- están dirigidos por mujeres.

Estos personajes acumulan fama gracias al ridículo que están dispuestos a hacer ante las cámaras y los micrófonos, a la ignorancia que es atrevida, y al conservadurismo y al fanatismo religiosos, que están más en boga hoy, que en el siglo pasado. En fin, estos “Padres de la Patria” –crean o no en lo que dicen- abusan del poder que otorga la investidura parlamentaria, para acumular beneficios personales. Un Oscar López, que ya aprendió a pagarse las cuentas a punta de entretener al público en diversos espectáculos (incluyendo el que se exhibe en el Primer Poder de la República), sabe muy bien que los egos masculinistas están heridos y que nada podría ser tan rentable como darles alivio a través de una campaña política de odio hacia las feministas. El odio, ya lo sabemos, siempre produce réditos políticos y financieros. Y el odio masculinista, pues más aún, porque resuena en el dolor de los privilegios en riesgo, del estatus quo tambaleante, de la pérdida de poder para controlar y dominar.

Y en ese juego opera también la machiplacencia (término que tomé de Alda Facio). Me refiero a la estrategia política de satisfacer las expectativas masculinistas, de sumisión y obediencia. ¡Vean cuán premiadas son las mujeres que asumen un discurso público anti-feminista y protector de la masculinidad hegemónica! Ser aliadas del régimen patriarcal puede ser un buen plan de negocios. Algunas de esas mujeres líderes de organizaciones neo-machistas han llegado, incluso, a justificar el femicidio. Como es sabido, la misoginia internalizada da como resultado la enemistad entre mujeres, que es un mecanismo patriarcal muy efectivo para continuar concentrando poder de dominio, al mantenernos a las mujeres divididas a través de la desconfianza y la envidia que surge al reprimir el sentimiento de admiración hacia otras mujeres.

Y ahora la aclaración obvia:

¿Existen los casos de hombres agredidos, psicológica o físicamente, por mujeres que son sus parejas sentimentales? Claro que sí existen. Nunca desde los feminismos se ha negado esta situación. ¡Al contrario!  ¡Se ha contribuido a explicar por qué los hombres no lo denuncian y por qué cuando lo hacen, son recibidos con burlas por sus amigos, familia y por las instituciones. ¡Se llama socialización de género! ¡Se llama masculinidad hegemónica! Esa misma estructura de poder desde la que se ejercen las diversas formas de violencia sexual y física contra las mujeres; que terminan, en el peor de los escenarios, en femicidios. (Femicidios son crímenes misóginos, no producto de los “celos” o las “provocaciones”)

¿Existen casos de asignación excesiva en los montos de pensión alimentaria? Sí, y son excepciones. Revisen los datos que tiene sistematizado el Poder Judicial. Y resulta que utilizar casos excepcionales para afirmar que esa es la norma común, es una falacia. Se llama falacia de la generalización apresurada. Tengamos en claro, además, que el desempleo afecta más a las mujeres, más mujeres que hombres están en el sector informal o en precariedad laboral y las mujeres que sí tenemos empleo, en general ganamos entre un  20% a 25% menos que los hombres, haciendo el mismo trabajo y contando con las mismas capacidades y experiencia.

¿El INAMU es una institución estatal con muchos problemas de gestión y con superávit? En mi opinión, sí. Por eso considero que deben mejorarse y fortalecerse técnicamente, para que cumpla de un mejor modo con su función de mecanismo estatal para avanzar en el cumplimiento de los derechos fundamentales de una población históricamente discriminada: las mujeres.

Entonces, lo que podemos concluir ante tan escandalosos gritos de machos aterrorizados porque un tsunami feminista que va a inundar el mundo, es que tienen miedo. Los defensores del orden patriarcal, de la masculinidad hegemónica, de los privilegios de control sobre las vidas y los cuerpos de las mujeres, tienen miedo. ¿Por qué tienen miedo? Porque no importan cuántos retrocesos estemos viviendo, no importa cuántos obstáculos sigan oponiendo, no importa cuántos insultos nuevos inventen, no importa cuánto desgaste nos produzcan, las feministas somos cada día más, y no tenemos ninguna intención de retirarnos. Y ellos lo saben. Dicho en las palabras que canta Liliana Felipe: ¡Nos tienen miedo porque no tenemos miedo!

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