La cobertura de Repretel del tope de Palmares nos dijo que la belleza usa corsé, maquillaje y tacones. ¿Por qué no podemos ser bellas siendo nosotras mismas?

El jueves 14 de enero, Repretel sacó una nota titulada “Cómo ir vestida al tope de Palmares”. En el video se muestran tres mujeres, de las cuales no se sabe ni el nombre porque lo único que interesa es su cuerpo, exponiendo la vestimenta adecuada para asistir a la actividad. Ellas son enfocadas por el ojo juez de la cámara (y de aquellos y aquellas que están al otro lado) con importantes primeros planos en las tetas.

“El corsé no nos puede faltar si queremos dar un look sexy en estas actividades” dice la asesora de moda. ¡Claro! ¿Qué otra cosa quiere hacer una mujer en su vida si no es verse sexy? Por eso deja tanta ganancia cualquier negocio que nos haga sentir mal con nuestro cuerpo, pelo, piel, ropa, talla, o lo que sea para así vender productos que prometen embellecer infinitamente (pero terminan siendo insuficientes porque al parecer ese objetivo nunca se alcanza) a las mujeres del mundo.

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Por eso el uso del corsé, para estilizar la figura. Esta es una prenda que data de hace varios siglos, y que surgió para modificar artificialmente el cuerpo femenino con el fin de hacerlo encajar en el ideal de belleza del momento. Aunque se ha modernizado su tecnología, sigue siendo un instrumento incómodo de usar y de gran simbolismo de la presión asfixiante que sufrimos día a día. Es un objeto que limita la movilidad y el libre desenvolvimiento, que nos encierra y obliga a intentar ser un ideal de mujer que no es real ni natural. El corsé nos oprime con cada respiración, justo como el machismo.

La asesora, hablando de las bondades del corsé para la belleza femenina, dice que resalta toda la sexualidad de la mujer. Y es que hablar de la sexualidad de ellas no tiene absolutamente nada de malo, lo que molesta es el doble discurso. Se muestra a las mujeres como cuerpos sexuales.  Sin embargo, cuando queremos apropiarnos de eso, somos juzgadas y señaladas.

¿Quieren poner en la agenda la sexualidad femenina? Está bien. Pero si se va a hacer que se haga bien, sentémonos a hablar de derechos sexuales y reproductivos entonces, de nuestro placer, empecemos por lograr una verdadera autonomía de las mujeres sobre sus cuerpos.

Al contrario, lo que se hace es presentar a las mujeres como cuerpos para ser vistos, admirados, juzgados y en búsqueda constante de aprobación. Acto seguido en la nota realizan una “competencia” con varias participantes que se encontraban cerca, para ver quien lo había hecho mejor en esto de la ropa del tope. Ellas desfilan, son exhibidas y posteriormente calificadas según van vestidas. Hay un jurado que decide la ganadora, y ella se gana una corona. ¡Por supuesto! Porque recuerden que siempre hay que buscar ser una princesa.

Quien entrega la corona que eleva a la ganadora porque logró la aceptación del grupo del jurado es, claro, una reina de belleza. Es otra ganadora, de otro certamen, de algún otro concurso bien honrado por esa competencia eterna entre mujeres que nos inculcan desde niñas.

En esta competencia valemos por nuestro cuerpo únicamente.  Somos objetos sexuales que debemos estar a disposición del público para que juzgue y opine, y en la que siempre andamos buscando la aceptación de los demás sobre nosotras mismas. La otras mujeres son nuestras rivales, las que nos pueden quitar a nuestro hombre. Lo que nunca nos enseñan es que no debe ser así, de podemos aceptarnos como somos y no tenemos que buscar la aprobación de nadie.

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De esta nota hizo un comentario una bloguera conocida como Coco Vargas, versión tropicalizada de Joan Rivers con ínfulas de Coco Channel. Según su página de Facebook, ella hace humor y crítica de la farándula. Junto a un pantallazo del video de la nota hay una descripción que dice “Quien digita los cintillos en Giros tiene un sentido del humor macabro!”, haciendo referencia al descriptivo de la toma en el que se lee “el buen vestir también está en Palmares”.

Hay un dicho que habla de que se puede decir más con lo que no se dice. Y es que claramente el comentario viene a declarar que lo que se muestra no es un “buen vestir”, y entre esa apreciación y el seudónimo se autoimpone la autoridad para decidir quién está bien vestida y quien no.

El juicio, la crítica, la competencia, esos temas ya los tocamos. Pero, y es que me queda la duda, ¿qué es buen vestir y qué es mal vestir? No defiendo ninguno de los dos casos presentados, sino mi punto es que todo esto es algo tan subjetivo y contextual, y tan sumamente cambiante. La moda es una completa construcción social; varía de acuerdo con el lugar, el tiempo, la época, la persona y la clase social.

De mi primer curso de Teorías de la Comunicación me quedó marcada una reflexión que un profesor nos planteó sobre los chatas y las tierrosas. Al principio nos reímos y no entendíamos porqué hablábamos de eso en clases, pero después llegamos al punto del ejercicio: ¿desde dónde hablamos?

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¿Cuál es nuestra posición (de jerarquía) al opinar sobre alguien más y quién nos da el derecho de hacerlo (asumiendo que tal derecho existe)? ¿Cómo es nuestra conformación de identidad? Y es que nos construimos a nosotros mismos y mismas no solo por cómo y quiénes somos, sino por lo que NO somos. En ese proceso nos contraponemos a un otro diferente del que nos queremos diferenciar para reforzar lo propio.

Lo anterior -sumado a la competencia inculcada por atención y aprobación- nos termina llevando a una lucha entre nosotras, a ataques, a separación, cuando en realidad todas estamos del mismo lado, todas somos presas del mismo yugo machista, y al caer en estas prácticas solo se lo fortalece. Esta dinámica es fuertemente promovida por los medios de comunicación masiva que tienen el monopolio del discurso y la mayoría del tiempo solo refuerzan el (tan útil) machismo.

Debemos reflexionar, para empezar, si añade algún valor a nuestras vidas la nota sobre la forma adecuada de vestir para el tope, para la fiesta, para el bar, etc.,  que nos ayude a crecer como mujeres y como personas. Yo creo que no. Es información que solo refuerza estereotipos y conductas machistas arraigadas.

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¿Cómo es posible que a estas alturas de la vida todavía existan concursos de belleza? Que todavía se nos juzgue y se nos valore solamente por nuestro cuerpo, y que la escasa respuesta sea de críticas a otras mujeres. Esto termina siendo un refuerzo al sistema machista, además salpicado con unas cuantas gotas de clasismo.

Debemos recordar que todas y todos somos (idealmente, según Rosa Luxemburgo) socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres.  Las mujeres somos personas, no objetos para exhibición. Debemos recordar que nuestros cuerpos son nuestros y que la belleza no se mide en tallas, ni formas, ni gramos de maquillaje, que todos los estereotipos son socialmente creados y que no hay razón para seguirlos ni para buscarlos.

Podemos despertarnos un día felices con nosotras mismas, aceptarnos, y hacer de las críticas y los juicios entre nosotras cosa del pasado, y extender un abrazo a otras mujeres. Tenemos que aprender, aunque sea de a pasos pequeños, a quitarnos ese corsé que no nos deja respirar profunda y libremente.

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