El acoso callejero es parte del discurso social que impone a la mujer un estado inferior, eso de la calle es para los hombres y una esta ahí para ellos. 

He visto masturbarse públicamente a varios hombres en mi vida. Uno de ellos en el asiento de a la par, en el bus (mega susto).  Otro en la parada de la Periférica frente a la Iglesia de San Pedro, otro en el parque Francia, en el parque de Barrio Pilar en Moravia… Los otros un poco más del estilo “flasheo”, más muestra- corrida, que real masturbación.

Me han agarrado el trasero en varios lugares: Zapote, San Pedro, San José, entre otros. Todas antes de mis 18, creo. Una vez fue un caballero en moto que además me levantó y me lastimó mucho.

Todas las veces terminé sintiendo enojo, impaciencia y cólera. Esto además combinado con una sensación de incapacidad híper frustrante.

En el bus es típico también sentarse junto a un señor que decide abrir sus piernas y agarrar dos espacios y uno debe o milimetrarse o tocarlo. Milimetrarse siempre.

"Cerrá las piernas, cabrón" por La Coneja Illustración.

“Cerrá las piernas, cabrón” por La Coneja Illustración.

Luego en el bus, si llego a estar de pie en vez de conseguir asiento, me han recostado el cuerpo encima mientras me sostengo de la barra. He aprendido a luchar esto gracias a la técnica de danza contemporánea del contact y les devuelvo mi peso hasta que la persona desiste.

Me ha pasado, también, que de tener asiento, el hombre que está de pie en la doble fila a mi lado; me coloca su paquete lo más cerca de mi cara posible.  No sólo tengo que milimetrarme para evadirlo, sino que a veces incomodar a la persona a mi lado o mover mi torso hacia adelante para dejarle espacio a la gaveta de la otra persona en mi espalda.

Luego está el tema de la ropa. Nunca mostrar demasiado, no importa el calor o el clima. Nunca muy apretada a menos de que en taxi y con amigos.

A veces me quiero ver más sexy, y no puedo. Me escondo debajo de las camisas XL de mi ex. Espero que aún huelan a él y eso aleje a los hombres.

Me da miedo tomar un taxi sin que nadie se sepa la placa. Me aprendo todos los números de la placa, los sumo, hago numerología e interpreto a partir del resultado si saldré viva de esa o no.  

A veces. Illustración por La Coneja.

A veces. Ilustración por , encuentre más trabajos en La Coneja.

Me da miedo caminar sola por San José, mi ciudad, después de las 8 de la noche. Me da miedo también,  caminar acompañada después de las 8 de la noche en mi ciudad. Un ex novio me aconsejó, que cuando caminara por San José mirara siempre quién va detrás mío, quién va delante y quienes a mi lado. Me dijo que llevara las llaves entre los dedos de la mano derecha en caso de emergencia. Uno debe desear ser mirado, pero no demasiado, sólo de cierta forma y por ciertas personas.  

Mi belleza se convierte entonces en  una maldición, que me puede traer problemas, demasiados, si no le pertenece a un hombre. Un hombre que defienda mi honor, me deje vestir como me guste, que me dé permiso de mostrarme, opinar y ser. Digo, tengo a mi lado a un hombre que me valora, por lo tanto soy. Es su mirada la que me dignifica. (En realidad es su mirada la que me juzga, es un verdugo)

Y me ha sucedido también con mujeres, que me respetan únicamente a partir del hombre que me conseguí. Y es él, el que determina mi puesto en la sociedad. ¿Qué tan buena fuiste cazando? ¿Cuánto valés? ¿Qué precio te puso el otro?

12924597_1710945419153097_4730531436190311594_n

A veces. Ilustración por La Coneja.

Y de ahí vienen todos los problemas. Como no somos personas sino cosas que buscamos la aceptación y amor del otro: Nos vestimos para ellos, caminamos para ellos y todo lo que deseamos en la vida es que nos amen. No tenemos voz en el espacio de poder, político, económico o social. Nuestro cuerpo y figura son nuestra fuente de poder principal.  La palabra nos ha sido robada, en la historia, a diario, desde los artículos hasta el cementerio, el apellido… es una carrera arreglada y además debemos estar agradecidas de que nos dejen participar.

Nuestro cuerpo y su verdad que nos es permitida, nos son constantemente despreciadas  violentamente al mismo tiempo.  Nuestro cuerpo se convierte de alguna manera en propiedad pública de quién desee opinar. Porque somos “las mujeres de los hombres”.

La vestimenta es cómoda y amplia para el hombre. Nosotras, en cambio, necesitamos maquillaje, aplanchador, saca pelos, aumenta altura, eleva pechos, eleva culos, uñas, extensiones y demás postizos. Todos juntos al mismo tiempo y además se supone que nos gusta.

No podemos ser sexuales, ni desear. Podemos ser: madres, hijas, hermanas, esposas, amigas o putas. Se acabó.

Yo quiero ser The Weeknd cantando Tell your friends.

De pequeña quería ser Indiana Jones. Nunca soñé con casarme y esas cosas. Soñé con ser valiente, fuerte, intrépida, cómica y libre.  Soy heterosexual, por cierto. Creo que me deberían de encontrar muy sexy.

Tenemos, por nacer mujeres, ya una tragedia encima. Tenemos que luchar infinitamente en crear mucha comedia. Transformar el mundo desde nuestros ojos y activamente accionar para evitar que esto les siga pasando a otr@s chicas y chicos todos los días.

Si gusta discutir a mayor profundidad existen grupos como Mae respete. Jennifer como muchas otras mujeres cansadas del abuso quieren efectuar un cambio sobre este tema.

Si gusta discutir a mayor profundidad existen grupos como Mae respete y Piropos o acoso?-Cr comunidades que están cansadas del abuso y quieren efectuar un cambio sobre este tema. Ilustración por La Coneja.

 

Les debemos a las mujeres y niñ@s lastimados y violentados declarar nuestra empatía, viviendo vidas consecuentes con nuestros principios. Lo personal es político y lo político es personal. Si en nuestro día a día defendemos el ideal de la igualdad, libertad y la no tolerancia al patriarcado opresor, poco a poco cambiaremos el mundo.  

Ni una más.   

Share This: