En el Bar Einstein se ha reportado más de un incidente que violenta los derechos de las mujeres y hombres sexualmente diversos, por el simple hecho de transgredir lo que el patriarcado les prohíbe hacer. 

Un bar de la Calle de la Amargura lleva el apellido de Albert Einstein. Este científico que -aunque no podemos afirmar que era feminista- luchó para que las científicas de la época fueran escuchadas y que sus teorías no fueran descartadas por el solo hecho de ser mujeres.

Lo anterior resulta ser particularmente irónico, si se toma en cuenta que el bar es un espacio lleno de violencia, odio, misoginia y machismo. Un bar en donde una mujer no puede bailar y no puede ser ella misma. No puede ser libre ni feliz porque inmediatamente es acosada por hombres que objetivizan su cuerpo.  Ellos se creen dueños del mismo y que pueden pasar por encima de la dignidad de las mujeres porque el mensaje machista los legitima y justifica.

Podemos repetir una y otra vez -como hombres- que entendemos esto, pero la realidad es que jamás entenderemos lo que es ser acosado diariamente por caminar. El hecho de que una mujer tenga que cambiar su estilo vida es reflejo de cómo la inseguridad, la incertidumbre y la violencia sexual la afectan en todos los espacios.

Tres monjes bebiendo cerveza. 1885. Eduard Grützner

Salir por la calle, ejercitarse, esperar el bus, son actividades que generan oportunidades para los hombres que quieren apropiarse de los cuerpos de las mujeres. Digo esto basado en hechos: el 95.3% de los casos de acoso sexual hacia mujeres fueron perpetrados por hombres, según la Encuesta Actualidades del 2015, hecha por la UCR (p.9). Una mujer no debería tener que debatirse sobre caminar por la acera o por la calle.

Durante este año se han hecho diversas denuncias en las redes sociales por acoso sexual sobre el Bar Einstein. Estas incluyen discriminaciones por orientación sexual y violaciones a mujeres que fueron drogadas dentro del bar para luego ser llevadas a un motel.

El viernes pasado, 11 de agosto, una amiga sufrió de acoso sexual en este bar. El manejo dado por el personal fue el más machista y desinformado contra ella y contra mi persona. No es posible que si una mujer desea defenderse del acoso deba ser expulsada del bar porque “está ocasionando un problema”.

No es posible que la persona con la que anda deba ser expulsada del bar porque “no puede controlarla”. Ella está en total control de su cuerpo y de su persona, nadie debe ni tiene porque controlarla. (En ese momento el personal del bar me aplicó una llave al cuello).

No es posible que la persona que acosó no sea sacada del bar porque “en realidad no hizo nada” y la mujer “está exagerando porque no está ni siquiera tan rica”.

Hace unos meses, una estudiante de Ingeniería Civil de la Universidad de Costa Rica denunció en su cuenta de Twitter que estaba conversando con una amistad cuando un hombre le agarró la nalga. Llena de cólera, ella confronta al hombre. Le dio una cachetada y le dijo que aprendiera a respetar a las mujeres.

En esta ocasión sacaron al hombre del bar, pero luego llegaron a sacar a la estudiante por haberse defendido del acoso que había sufrido. El caso llegó a Telenoticias, en donde el dueño del bar, Danilo Sancho, afirmó que iban a realizar una campaña contra el acoso sexual. Pero es claro que esto no generó ningún tipo de cambio en la dinámica que se vive dentro del bar. Tampoco logró que las personas que trabajan en el bar interiorizaran la lucha contra el acoso.

La catástrofe. Eduard von Grutzner.

En otro caso, el personal de seguridad expulsó a una pareja homosexual por el solo hecho de demostrarse afecto. Al parecer, el personal llegó a decir que en el bar “no había espacio para playitos” y que Einstein “no es un bar así”. El personal incluso aplicó una llave de manera violenta a una de las personas que estaba siendo discriminada.

El colectivo Beso Diverso hizo una manifestación frente al Bar Einstein con la intención de visualizar las prácticas discriminatorias y la violencia que se vive dentro del bar.

Este establecimiento tiene interiorizada la normalización de la violencia machista. Normalización que reafirman los dueños del bar y las personas encargadas de su seguridad. ¿Qué tipo de seguridad brindan estas personas? ¿Para quién? Pues no es seguridad para las mujeres que son violentadas noche tras noche. Se le da seguridad al hombre machista acosador que osa a creer que es dueño del cuerpo de una mujer.

Tanto mujeres como hombres utilizan frases como “no es pa’ tanto”, “es un piropo”, “pero si es fea debería estar feliz que le digan esas cosas” entre muchas otras como apología del acoso.

El acoso sexual es violencia que genera un impacto psicológico en las personas. Solamente en el año 2016 se presentaron 3844 denuncias por acoso con palabras o con actos obscenos, 2425 proposiciones irrespetuosas, 22 tocamientos, 188 exhibicionismos. Estas son solo las cifras registradas, la cifra real es aún más grande.

Debemos buscar disminuir esas cifras, no para que se transformen en cifra negra, sino porque realmente se disminuyó la incidencia de la violencia sexual contra las mujeres, que puede verse en la Sección de Estadística del Poder Judicial, aquí

Las mujeres son excluidas de los espacios públicos y obligadas a cambiar su estilo de vida porque en bares como Einstein existe el mensaje de dominación masculina que busca oprimir a la mujer y coartar su libertad y dignidad.

Espacios como Einstein hay muchos, es deber de todas y todos luchar porque la violencia machista deje de ser reproducida, el silencio siempre será un cómplice por eso no podemos callar.

Y al final de todo con la vergüenza cultural de haber llegado nosotras y nosotros a una conclusión como ésta, continuamos entonces con un lugar que irónicamente se llama EINSTEIN.


Imagen de portada: Monk at the wine tasting. Josef Wagner-Höhenberg.

 

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