El Día Internacional de la Mujer se conmemora con flores, chocolates y quejas de su utilidad. En un mundo tan desigual, este día es sólo un recordatorio (de muchos) de lo que falta por hacer en materia de equidad.

Ahh, el 8 de marzo. Esa época en la que conmemoramos el Día Internacional de la(s) Mujer(es), donde exigimos igualdad, recordamos a nuestras antecesoras y celebramos nuestra diversidad. Esa época en la que los machistas brincan gritando (y tipeando) que no debe de existir tal día si creemos en verdadera igualdad, donde insultan la labor del Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU), donde rechazan la palabra feminismo, y demás folclorismos. Pero no, no creamos que esto “solo pasa en Costa Rica”, los ojos están vendados ante la desigualdad en todas las latitudes.

Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos, y dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternamente los unos con los otros, reza el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Pero no nacemos iguales, al menos nuestros genitales no lo son. La mitad de la población nace con pene y la otra mitad con vagina. Es loco pensar que este pequeño detalle nos condicione de por vida.

¿Qué hay dentro de esa igualdad de derechos en papel que hace que en Costa Rica pensemos que no hay discriminación? En este rincón del mundo nos creemos igualiticos (igualiticos entre nosotros y nosotras, jamás con los de a la par). No nos consideramos racistas, machistas, clasistas, xenofóbicos ni homofóbicos (“todo bien con los playos, yo tengo un primo playo, pero que no se metan conmigo”). Pensamos que el ser costarricense es ser hombre, relativamente blanco, heterosexual, clase media, del Valle Central y, ojalá, saprissista. O, en defecto, su mujer.

La desigualdad en este país existe desde que históricamente existimos. Las sociedades indígenas precolombinas eran excesivamente jerárquicas, ejemplo de ello son las esferas en el sur que funcionaban como marcadores para demostrar quienes tenían más poder, ya sea espiritual o social.

La desigualdad se acentuó con la invasión de los españoles y nacieron las castas: indios, negros y españoles.  De la reproducción de estos salieron los mestizos, mulatos, zambos, pardos, y sus descendencias tuvieron calificativos específicos para cualquier tipo de combinación étnica. Pero la seguimos negando. (¿Se acuerdan de la pirámide con el que nos lo enseñan en la escuela?)

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Vivimos en una tierra en la que se nos ha socializado para negar la desigualdad y la discriminación. Donde se han invisibilizado movimientos sociales y se ha (auto)desprestigiado la labor de los sindicatos. En la primera mitad del siglo XX se dieron importantes diálogos y avances en temas sociales, pero por años de años hemos sido más siervos menguados que una comunidad empoderada que lucha por una igualdad real.

Desde la obtención del derecho al voto en 1949 no se dio ni una sola discusión pública sobre el mejoramiento de la calidad de vida de las mujeres costarricenses hasta mediados de los 80 cuando el país firmó y ratificó la CEDAW. En 1988 el Centro Nacional para el Desarrollo de la Mujer y la Familia (CFM) -antecesor del INAMU- presentó el proyecto de Ley de Igualdad Real de la Mujer. De hecho, durante 50 años (1949-1999) el artículo 33 de nuestra constitución hablada de que “todo hombre es igual ante la ley”, de las mujeres nada. Y hay gente que sigue molesta con el lenguaje inclusivo.

Acá hablaremos de desigualdades de género, de  la necesidad de acciones afirmativas e instituciones como el INAMU y la Defensoría de la Mujer dentro de la Defensoría de los Habitantes, la importancia de llamar las cosas por su nombre (ejemplo, femicidio) y de dejar de invisibilizar problemáticas para así buscar resolverlas. Hablaremos de cómo los desafíos de la inequidad económica afectan particularmente a las mujeres aunque presentemos mayores niveles educativos que los hombres en todos los estratos sociales.

A las mujeres se nos ha pegado y matado desde el día UNO. ¿De qué nos quejamos ahora? Podemos votar, podemos heredar, podemos ser electas, podemos tener títulos universitarios, no hay leyes que nos nieguen cosas por nuestra femineidad (de hecho tenemos, mal llamados, “privilegios” por lo mismo).

Pues, nos quejamos porque estructuralmente nuestra sociedad sigue siendo patriarcal, los hombres siguen teniendo más poder fáctico, se nos sigue midiendo bajo otros estándares, se nos discrimina y excluye, se nos golpea y mata. Se nos discrimina aunque ya no sea permitido en nuestro sistema legal y a pesar del hecho de que existan leyes explícitas en contra de la violencia hacia las mujeres.

En Costa Rica las mujeres tenemos miedo de caminar solas en la noche (y en el día), tenemos que pensar lo que nos ponemos para no “incitar” miradas lascivas y piropos indeseados. Tenemos que cuidarnos las nalgas para que nadie las toque. Debemos ser “decentes” para no ser merecedoras de irrespetos. En Costa Rica si nos matan le dicen pasión.

Algunos números

En el país, según la Segunda Encuesta Nacional de Juventudes un 50,2% de las personas entre 15 y 35 años que busca trabajo está desocupada porque se dedicó a oficios domésticos en su hogar, ese porcentaje está conformado en un 89,04% de mujeres. O sea, un 44, 7% del total de personas consultadas. Ya desde aquí empezamos mal. La división sexual del trabajo es una de las principales trabas a la hora de buscar la igualdad de oportunidades. Aquí mismo se encuentra el dato de que el 56,4% de las mujeres jóvenes viven exclusivamente de los ingresos generados por otras personas. Y solo un 17,6% de mujeres jóvenes vive exclusivamente de sus ingresos.

El poder en las relaciones de pareja también es un condicionante. Dentro del factor poder tiene mucho peso el de la edad. En esta misma encuesta podemos ver que hombres de entre 15 y 17 años admiten estar en pareja con chicas de hasta 13 años. Y chicas del mismo rango etario están en relaciones con hombres de hasta 30. Con esto se puede ver que los varones buscan mujeres más jóvenes, muchas de ellas menores de edad. Importante tener esto en cuenta ahora que se discute el proyecto de Ley 19.337 de Relaciones Impropias.

En el informe del Segundo Estado de los Derechos Humanos de la Mujeres en Costa Rica podemos comprobar esto. En el periodo de 2009-2016 nacieron 2450 bebés de madres entre los 10 y 14 años, madres que son niñas. En contraste podemos ver que en ese tiempo hubo solamente 26 nacimientos de niños en ese rango etario. Esto demuestra la cantidad de violaciones que sufren las chiquitas y que poca gente denuncia, la vergüenza y culpa obligan a callar cosas que se deberían de judicializar.

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También destacan los números de madres adolescentes, de entre 15 y 19 años. Del otro lado del gráfico podemos ver la gran cantidad de padres con edad desconocida, en 133.872 nacimientos en los que el padre no está presente o esconde su edad por razones legales.

La violencia de género, la falta de herramientas para poder decidir, la violación sexual, la dificultad de acceder a métodos anticonceptivos, la culturización, la ilegalidad de la interrupción voluntaria del embarazo, condicionan a estas chicas a una vida marcada por la maternidad temprana y con limitadas oportunidades.

Según datos del Ministerio de Salud publicados en el informe del Estado de los Derechos solamente un 53% de las mujeres entre 15 y 49 años quería ese embarazo. Un 47% fueron embarazos no deseados, de esos un 12,6% quería esperar y un 34,4% no querían del todo. Culturalmente seguimos imponiendo maternidades. Curiosamente hay menos hombres que no deseaban esa paternidad, pero también hay más madres solteras que padres solteros.

La Encuesta analizó las razones por las que las personas jóvenes inician su vida sexual. Solamente un 25,11% de las mujeres eligió hacerlo porque tenía deseos de probar, mientras que un 54% de los hombres lo hizo por la misma razón.

Esto nos demuestra que las mujeres inician su vida sexual dejando sus propios deseos de lado. Del otro lado del espectro encontramos que 54,26% de las mujeres tomaron esa decisión porque estaban enamoradas (supongo que pensaron que con sexo se demostraba su amor) mientras un 22,47% de los hombres pensaron lo mismo.

Son obvias las diferencias -en relación con su sexualidad- entre hombre y mujeres. Un ejemplo de esto es que 13.445 hombres de 700.578 consultados admite haber pagado por su primera relación sexual, eso es un 1,19%. Ninguna  de las 719.922 consultadas dijeron lo mismo.

Control sobre la vida

Cuando nos matan y violan es nuestra culpa, nos lo buscamos. Nos lo merecemos por putas, por desobedientes, por borrachas, por lo que andábamos (o no) puesto, porque la comida no estaba lista a tiempo, por caminar por esa calle, porque somos muy feas, porque somos demasiado lindas, por el tamaño de nuestras tetas, por no pasarte el vaso con hielo a tiempo, por no tener ganas de coger (con vos), por haberte dado un beso, por haber dicho que no, por haber dicho que sí, por no haber dicho nada, por estar dormidas, por hablarle a otro hombre, por hablarle a otra mujer, por respirar, por existir.

En su investigación Conyuguicidio: la violencia extrema en la pareja, la doctora en psicoanálisis, Laura Chacón, relata que la mayoría de los hombres consultados mataron a su pareja porque ésta los abandonó, y la mayoría de ellos admiten haber premeditado el crimen. Los hombres que no fueron dejados por sus parejas sentían que podrían estar siendo sustituidos por otro hombre. Si ellos no nos pueden tener, merecemos morir.

En el otro lado del espectro, esta investigación (y miles más) llega a la conclusión de que las mujeres que han matado a sus parejas lo hicieron por legítima defensa. Algunas matan porque las violan. Todas las que matan sufrieron fuerte violencia física y psicológica. En los casos de ambos géneros el machismo y la violencia es lo que causa la muerte.

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Según datos del Poder Judicial sobre Femicidios (sin contar a las mujeres trans) en el 2015, en total se dieron 28 mujeres fallecidas de las cuales 19 fueron por femicidio ampliado y nueve por el artículo 21 (Según jerga INAMU). Aún hay 6 casos pendientes de informe. Femicidio ampliado es cuando una mujer muere por su condición de ser mujer, ya sea por un familiar, ex novio, ex pareja, vecino o cualquier otra persona aunque no se conozcan. El femicidio por artículo 21 es lo que establece la Ley de Penalización de la Violencia Contra las Mujeres:

 

ARTÍCULO 21.- Femicidio

Se le impondrá pena de prisión de veinte a treinta y cinco años a quien dé muerte a una mujer con la que mantenga una relación de matrimonio, en unión de hecho declarada o no.

En lo que va del año llevamos ocho mujeres fallecidas.  Cuatro son por femicidio ampliado y tres por artículo 21. Hay un caso pendiente de informe.

 Según la sección de Análisis y Estadísticas del Ministerio de Seguridad Pública, en el año 2014 se generaron un total de 9978 informes policiales en materia de violencia intrafamiliar de los cuales 6340 fueron de la Ley de Violencia Doméstica (3569 agresión psicológica,  2321 agresión física, 374 agresión patrimonial, 63 incumplimiento de medidas de protección y 13 por agresión sexual) y 3638 casos por Ley de penalización de violencia contra las mujeres (1857 violencia física, 1165 violencia psicológica, 460 incumplimiento de medidas de protección, 128 violencia patrimonial, 3 incumplimiento de deberes, 19 violencia sexual, 1 femicidio, 2 tentativas de femicidio y 3 restricción de autodeterminación).

Si todos (y jamás decir y todas) somos iguales ¿Por qué nos matan y nos violan? ¿Por qué es que hay hombres que sexualizan la desigualdad, que fetichizan a grupos étnicos minoritarios, que les gusta la dominación y jerarquizan las relaciones sociales? Esto es un tema de hombres también.

De hecho, ellos son las principales víctimas (y victimarios) de homicidio a nivel mundial y Costa Rica no es la excepción. La mayoría de los hombres son asesinados en actos de delincuencia o pandillas, las mujeres por personas de su círculo íntimo. Este informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) lo explica bastante bien.


(…) nivel global, dos terceras partes de las víctimas de homicidio cometido por compañeros íntimos o familiares son mujeres (43 600 en 2012) y un tercio (20 000) son hombres. Casi la mitad (47%) de todas las víctimas femeninas en 2012 fueron asesinadas por sus compañeros íntimos o familiares, en comparación con menos de 6% de las víctimas masculinas. Se aprecia que, mientras una gran proporción de mujeres víctimas pierden la vida a manos de quienes se esperaría que las protegieran, a la mayoría de los hombres los asesinan personas que quizá ni siquiera conocen.

 

Pequeñas violencias

La violencia hacia las mujeres no se da solo cuando nos pegan, matan, violan. Hay una violencia que trastoca todos los aspectos de nuestras vidas: la violencia simbólica. Pierre Bourdieu acuña el término para hablar de personas “con poder” versus personas “sin poder”, por lo que nacen relaciones de dominación y subordinación. Gracias a esto podemos notar subordinaciones de género que culminan en violencias más tangibles.

Algunas de estas las damos por sentadas, son sutiles e inmersas en nuestra cultura. El control del hombre sobre los ingresos de la familia, la ridiculización de lo femenino por ser considerado débil o inferior, la mujeres florero en los medios de comunicación, la suposición de que las mujeres estamos naturalmente programadas para la crianza y labores domésticas, la idea de que nuestros cuerpos son espacio público.

Estas violencias se encuentran en todo lado, el arte, el cine, los noticieros, los discursos motivacionales, la publicidad, los sermones de la iglesia, la música, y en cualquier otro espacio de comunicación verbal o no verbal. Las violencias se fundamentan en estereotipos por lo que a veces se nos dificulta notarlas, calan tan hondo en nuestro inconsciente que las vemos como aceptables porque siempre ha sido así. Y lo peor es que con estas pequeñas violencias se terminan justificando otras más grandes.

Unas de estas violencias son la división sexual del trabajo y la brecha salarial de género. La primera es cuando se condiciona el acceso al empleo a solo uno de los sexos. Estos empleos exclusivos cambian de país a país y de cultura en cultura. No es por una visión biologicista, sino una cultural. Estos condicionantes marginan a las mujeres mientras las responsabilizan del cuido, y a los hombres se los vincula con el mundo externo, lo comercial y lo monetario. Como ya vimos anteriormente, hay muchas mujeres desempleadas a causa de su dedicación a trabajos domésticos no remunerados.

Por esta exclusión muchas mujeres se encuentran en posiciones de vulnerabilidad como, por ejemplo, tienen menor acceso a la seguridad social. Muchas deben de recurrir a empleos informales que violentan sus derechos laborales, y a esto sumarle que no pueden abandonar sus labores del hogar, por lo que trabajan en doble jornada.

La brecha salarial es la diferencia de pago entre un hombre y una mujer que realizan el mismo trabajo. Este fenómeno es escandalizante pero existe a nivel mundial, incluso en los países con mayor la equidad de género. En Costa Rica las mujeres del sector privado pueden ganar hasta un 27% menos que sus compañeros varones por hacer exactamente lo mismo y con las mismas responsabilidades. ¿Se imaginan cómo se dinamizaría la economía si le pagamos a las personas lo que se merecen?

Esto se apaciguaría un poco si nos enfocamos en la corresponsabilidad del cuido. Las mujeres no seremos autónomas ni competiremos en igualdad de condiciones hasta que se nos releve de la carga de cuidar a otros seres humanos.

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Entre las acciones promover la igualdad de género que recomienda la Organización Internacional del Trabajo (OIT) para el país se mencionan: Combatir las brechas de género en el mundo del trabajo y la discriminación de la mujer, sobre todo la relacionada con las responsabilidades familiares, ya que la recarga de responsabilidades familiares sobre las mujeres es uno de los factores que perpetúa su discriminación en el mercado de trabajo.  El organismo también llama a promover cambios culturales en relación con la corresponsabilidad en el cuido. O sea, necesitamos construir y educar en nuevas masculinidades, donde un hombre no “ayude” en la casa, sino que haga su parte. También debemos de tener acceso a educación y salud sexual y reproductiva para poder decidir sobre nuestros cuerpos y cuándo y cómo reproducirnos.

¿De dónde viene?

Vivimos en una sociedad judeo-cristiana, aunque no pertenezcamos a ninguna religión éstas nos gobiernan. Desde el Antiguo Testamento hasta  las iglesias de la actualidad nos imponen su moral violenta y discriminatoria.

En gran manera multiplicaré tu dolor en el parto, con dolor darás a luz los hijos; y con todo, tu deseo será para tu marido, y él tendrá dominio sobre ti.

Génesis 3:16

Grandes pensadores católicos como San Agustín justificaron los abusos y agresiones, no ya porque los merecíamos, sino porque nos hacía mejores.  Si soportábamos cosas insoportables (como golpes y violaciones), teníamos la gracia de dios. Él cuenta la historia de su madre, bendecida con la fuerza de aguantar a su agresor en silencio. El sufrimiento, en la mente cristiana, es una señal de amor a dios. Incluso ese capítulo de Confesiones se llama Mónica, la perfecta casada.

En el Medioevo los hombres tenían permiso de golpear a sus esposas. Los golpes eran “pedagógicos”, nos enseñaban sumisión y tolerancia. Al tiempo la crueldad empieza a ser condenada: podes pegar pero no muy duro, podés pegar pero no matar. Este fue uno de los regalos que nos trajeron los españoles, en forma de Derecho Canónico, específicamente la rama matrimonial del mismo.

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El Código General de 1841 nos obligaba a ser serviles a nuestros maridos, en el artículo 131 lo explicita “El marido debe protección á su mujer, y esta obediencia al marido.” Se infantiliza a la mujer, se nos cree indefensas y necesitadas de protección. ¿Cómo van a decir que no es necesario el feminismo cuando se nos ha legislado como inferiores?

Diputados de hoy en día cuestionan el estado civil de una mujer y sus razones por tomar café con un hombre que no es su esposo. Diputados que fueron precedidos por otro evangélico que –por pactos cochinos con el oficialismo del momento- fue el presidente de la Comisión de Derechos Humanos. El mismo que acosa sexualmente a mujeres y logra, mágicamente, que ambas retiren la denuncia el mismo día.

¿Y entonces?

Las mujeres tenemos múltiples y diversas barreras para lograr la equidad y resolver una sola no es posible.  Hay que brindar mayores oportunidades a las mujeres, educarlas y dotarlas de derechos sexuales y reproductivos, rechazar la sociabilización que encasilla y discrimina, tener servicios de defensa y protección a mujeres sobrevivientes de violencia, criar hombres que rompan con “el ser macho” y se atrevan a construir nuevas masculinidades, abrir espacios de conocimiento y sororidad.

Hay que reconocer los problemas para poder hacerles frente. No, el INAMU no es el culpable de la violencia de género, son los hombres machistas. No, las mujeres liberadas no andan buscando problemas, solo que no piensan vivir su vida bajo los estándares de algunos. Las mujeres asesinadas por sus parejas no decidieron quedarse viviendo con el agresor, sino que una sociedad decidió no abrirle las puertas para poder irse de ahí.

Dejemos de culpar a las instituciones, a las víctimas y a las sobrevivientes. Veamos un poco dentro nuestro y dentro de nuestra cultura. ¿Cuáles actitudes tengo yo que contribuyen a la violencia? ¿Qué cosas me parecen “normales” cuando en realidad me dañan a mí y a otras?

Todavía hay mucho por que trabajar. Hay mujeres a las que les desagrada la palabra feminismo, hay mujeres que desconocen su opresión y la de sus compañeras. Hay mujeres fuertes, profesionales, libres y beligerantes a las que les da pánico asumirse como feministas. ¿Cómo podemos luchar por una sociedad que nos brinde iguales oportunidades, que no nos encasille, que no nos violente, que nos permita crecer y hacer lo que nos plazca si negamos todo lo que nos lo impide?

El Día Internacional de las Mujeres es importante para crear conciencia, para poner los temas sobre la mesa y para que muchas personas se enteren de lo que pasa. Y sí, los hombres sí tienen su día, es el 19 de noviembre y con él se busca reivindicar a figuras masculinas positivas, concientizar en temas de salud (por eso lo de Movember y la lucha contra el cáncer de próstata justo en ese mes), etcétera. Me parece genial, ojalá se difunda más y tengamos más hombres seguros de sí mismo que no necesitan hacer al alguien inferior para ellos sentirse válidos.

La palabra feminismo es necesaria porque el lenguaje y la ideología están íntimamente relacionados, pensamos con las palabras y conceptos que conocemos. Así construimos imágenes en nuestros cerebros y logramos entender mejor el mundo que nos rodea. Por eso hay que luchar por una comunicación más inclusiva. Con las palabras creamos significados, conocimientos, creencias y cultura.

Y el Día Internacional de la Mujer, la palabra feminismo, organismos internacionales, los entes gubernamentales, las conferencias y los tratados serán de suma importancia hasta el día en que los hombres dejen de violentar, no sólo a nosotras, sino a violentarse entre ellos también. Debemos de reconocer que machismo no solo daña a las mujeres.

Entonces hasta que no mueran más mujeres por ser mujeres, no dejaremos de hablar de feminismo y ni nos plegaremos a su igualismo. Son femicidios, nos matan por ser mujeres, porque creen que son superiores y merecen controlarnos la vida, el cuerpo y el alma. Llamaremos las cosas por su nombre y lucharemos por igualdad y justicia hasta que nuestra realidad cambie. Hasta que no nos acosen, no nos discriminen, no nos encasillen, no nos toquen, no nos obliguen, no nos violen y no nos maten. Si no te gusta, pues unite a nosotras y más rápido acabamos con el problema.


Créditos

Ilustraciones por Alejandra Montero.

Imagen de portada: Arresto de Emmeline Pankhurst, 1914. London News Agency. Tomada de Wikimedia Commons.

 

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