Un breve recuento del largo y pensado proceso que implicó la creación y montaje de Revista Vacío.

Alrededor de las 7:00 p.m. un día de agosto, Carolina y yo decidimos tomar un descanso después de casi seis horas ininterrumpidas de trabajo en la casa de ella. Con cerveza en mano, nos sentamos a un lado de la mesa a ver nuestra pared de trabajo: la habíamos llenado de post-its. Llena. Habíamos pasado horas escribiendo: idea que se nos ocurría, idea que pegábamos a la pared (y al ventanal) de la casa. Esa tarde, lo que había empezado como una idea sobre una cartulina eventualmente se convirtió en una red compleja de papeles de colores.

El proceso de trabajo de Vacío es, en muchos casos, similar a esa pared de post-its. Inició con lo que era una idea muy clara: iniciar una revista digital. Queríamos crear un nuevo medio que reflejara el pensamiento, intereses y proyectos de personas de nuestra edad.  Sin embargo, para concretar esa idea, teníamos que entender primero quiénes éramos y cómo éramos percibidos ante las generaciones que nos anteceden.

En un informe para la revista Time titulado “The Me Me Me Generation”, el periodista Joel Stein cae, un poco adrede, en una crítica que hacen nuestros padres: clasificar a los jóvenes como narcisistas, vagos y superficiales. La diferencia entre Stein y nuestros padres era que el primero tenía estadísticas para probar su punto. El poco interés en la noticia, la insistencia en los selfies, el deseo de escalar constantemente sin importar el mérito – ¿eso éramos? Los datos habían hablado y no decían nada agradable sobre nosotros.

El problema con los datos es que, si bien estos no mienten, hay que cuestionar siempre las preguntas que responden y las personas que hacen esas preguntas. De ser cierto el estudio, cuesta mucho pensar que plataformas como Facebook, Twitter o Instagram cumplen un fin exclusivamente narcisista. Pero no. El problema es que muchos (desde estudios hasta periodistas) asumían que los jóvenes consumían de la misma manera que sus padres.

En nuestro proceso, fuimos viendo más y más casos que contradecían estudios como el de Stein. No somos la generación desinformada.  Es más, ante un flujo de información constante, el consumo se vuelve cada vez más frecuente. La gente no sólo se conforma con leer noticias, se vuelve partícipe activo de ella. Basta con pensar en un caso como el de Gerardo Cruz (por citar un ejemplo reciente) para ver que el usuario es, al mismo tiempo, periodista y difusor de la noticia.

Sin embargo, todavía esto no parece ser suficiente. Carolina, en algún momento, resumió la insatisfacción que impulsa este proyecto: “¿Cómo es posible que los análisis e ideas que surgen después de unas cuantas cervezas en un bar son más retadoras que lo que me encuentro en los medios escritos tradicionales?” Los medios actuales no conocen a la gente joven y el periodismo de redes es útil, pero caótico. Por eso, queremos crear un medio para generar noticia en nuestro lenguaje.

Aparte de ir en contra de lo que es Vacío, sería sumamente pretencioso decir que seremos el único medio de esta naturaleza. Somos parte de un grupo aún más grande de personas que están interesadas en cambiar los medios, la forma en la cual se trata al lector y de cómo se difunde la noticia. Entre más sitios y más personas comiencen a escribir, a compartir y a comprometerse con las causas que les interesan, mejor. The more, the merrier, ¿no?

Por esta razón, Vacío no es nada sin las personas que colaboran en ella. Periodistas, diseñadores, documentalistas, filólogas, ingenieros, chefs, feministas, artistas, especialistas en politología, musicología, derecho, economía… Nuestra intención es continuar extendiendo y afianzando esa red, y así ir generando análisis detallados, vídeos críticos y una amplia posibilidad de noticias.

Vacío es, para nosotras, una pared que apenas se está llenando de ideas. Esta pared, sin embargo, no requiere de una o dos personas para llenarla, requiere de una gran cantidad de manos, cabezas y voces. Es como si los post-its y marcadores fueran un virus que se va reproduciendo exponencialmente a través de un plano. Por eso, voces como la suya son necesarias para llenar la pared.

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