Antes de estas elecciones, hubo costarricenses que imaginaron una Costa Rica distópica y la convirtieron en novelas y cuentos. Aquí un breve repaso.

Admitámoslo: quien haya escrito la historia política de Costa Rica de los últimos meses es un absoluto troll. Solo alguien con un gusto refinado por el sufrimiento en masa y la angustia colectiva pudo haber pensado tantos puntos de giro. Lo que vivimos durante la campaña electoral es material perfecto para una serie de televisión en Netflix.

Pero hasta ahí. Ver de primera mano cómo se difuminaba esa delgada línea entre lo que leemos en, por ejemplo, El cuento de la criada de Margaret Atwood y lo que leemos en los titulares noticiosos es muy distinto.  No podíamos apagar el televisor o cerrar el libro. Para muchos sectores, lo vivido durante el proceso electoral es lo más cercano a vivir una distopía.

Así que gracias, troll, por darnos el susto más grande de la década. Gracias de corazón.

Pero antes que la realidad pudiese contratar muy buenos escritores de planta (en realidad, siempre los ha tenido), muchos costarricenses habían imaginado a este país en otro contexto. Una sociedad hipotética dominada por un pensamiento único que elimina, por medio de la tecnología y la represión de un gobierno totalitario, cualquier rastro de individualidad. Ahora, estamos hablando que muchas de estas obras no son distopías en el sentido clásico, sino adaptaciones de lo que podría ser una pesadilla para el pueblo costarricense.

La oferta de ciencia ficción no es muy amplia, y la literatura distópica es aún más limitada. Sin embargo, hay dos obras que, con más de cien años de diferencia una y la otra, retratan un mundo en donde todo se fue al carajo.

El problema de Máximo Soto Hall

Okay, aquí me estoy metiendo en terreno pantanoso y no he ni empezado. El problema, escrita por el guatemalteco Máximo Soto Hall, fue publicada en 1899 y es considerada por algunas personas en la academia como la primera novela costarricense. Ajá, esto le quita el título a El Moto, de Joaquín García Monge, publicada en 1900. Aquí la cosa es que Soto Hall no es costarricense, pero su obra fue publicada en Costa Rica. En fin, eso es otro debate.

La novela, ambientada en 1928, habla de cómo Costa Rica fue anexada a los Estados Unidos de forma pacífica y con un mínimo de resistencia. Julio Escalante, el protagonista, regresa de Europa para encontrarse con que los estadounidenses han hecho del país una suerte de patio trasero y tienen todas las intenciones de extender sus dominios por el resto de la región centroamericana. Hmm.

American Progress (1872) de John Gast

El problema sigue las palabras de Alexander Obando: “Una buena obra de ciencia ficción es además (como toda buena literatura) creíble, aunque no necesariamente cierta.” Pero la novela termina volviéndose cierta. Terriblemente cierta. Si revisamos los últimos 100 años de política estadounidense en el extranjero y su efecto en la región latinoamericana, nos empezamos a preguntar que tan ficticia resultó ser la novela de Soto Hall.

He encontrado que la crítica usualmente la cataloga más como una novela de corte antiimperialista que como una novela de ciencia ficción. A mi forma de ver, una es el cultivo para la otra. La dominación por parte de otra entidad, específicamente una extranjera (en un sentido muy amplio), es un patrón que vemos muchos años después, en otra obra.

Fragmentos de la tierra prometida por Fernando Contreras Castro

Más de un siglo después, hay dejos del debate antiimperialista que levantó Soto Hall en Fragmentos de la tierra prometida, publicada en el 2012 por Fernando Contreras Castro. Dorde Cuvardic lo resume perfectamente: “Ya no se trata de un arielismo crítico con el imperialismo estadounidense, sino de un discurso de denuncia contracolonial del poder del capitalismo transnacional y sus consecuencias sociales y ecológicas en los países del Tercer Mundo”.

¿Pero de qué trata la obra? Cada capítulo de esta novela consta de un microrrelato, el cual se va hilvanando con relatos posteriores para formar un historia corta sobre un futuro desolador, donde todo lo que temíamos que ocurriera se vuelve cierto. Es un festín de pesadillas apocalípticas: un cóctel de desastres ecológicos causados por el calentamiento global y malas prácticas agrícolas, acompañada por un plato de crisis social y económica.

Ah, y esperen, que el panorama se vuelve aún más desolador. En gran parte de estos micro capítulos, quien narra es una persona que representa un grupo nómada en búsqueda de comida. Aún en un mundo post-apocalíptico hay un ellos y un nosotros: los ellos son los ricos que habitan en las llamadas “zonas protegidas”, asentamientos que intentan cultivar la tierra. Más allá de estas zonas, los grupos nomádicos se encuentran en una pugna constante por sobrevivir. Se asaltan y se matan entre ellos.

Westward the Course of Empire Takes Its Way (1861) de Emanuel Lautze

No hay espacio para la revolución

Tanto en la obra de Contreras como en la de Soto Hall me llama la atención la poca capacidad organizativa de los pueblos en opresión. En El problema, el pueblo acepta la anexión a Estados Unidos sin mayor oposición, acción que críticos como Leonardo Sancho achacan al pensamiento del sujeto colonizado. Cito a Sancho: “el texto de Soto Hall pone en evidencia el derecho natural del más fuerte para subordinar y explotar al más débil como una justificación de la dominación norteamericana…”.

(Por cierto, y como un largo paréntesis, me viene a la mente las reuniones familiares donde no hace falta un tío que diga: “Pero es que todo es mejor en Estados Unidos.” No, tío. Son años de condicionamiento mediático y social, en combinación con intervencionismo militar y político, que han hecho que mucha gente piense que todo es mejor allá. Pero no. No lo es.)

Queda la duda sobre cuál era la verdadera intención de Soto Hall. ¿Es una crítica al imperialismo y al pensamiento colonial o una afirmación del mismo? Como había mencionado anteriormente, gran parte de la crítica se ha enfocado en analizarla desde un lente antiimperialista. Pero ese es solo un lado de un debate que todavía continúa.

Por otro lado, vemos en Fragmentos un pueblo que no puede organizarse porque está muy ocupado tratando de sobrevivir. Así de simple. Ahora, creo que por la misma forma en la que está estructurada la obra, es difícil ahondar en esto. La novela de Contreras se centra más en desarrollar un ambiente que en desarrollar un personaje, por lo que es difícil llegar a ver una revolución popular.

¿Qué queda por fuera?

Aunque decidí enfocarme más en novela que en relato corto, este último presenta una oferta bastante amplia. Las antologías Posibles futuros: cuentos de ciencia ficción (EUNED, 2009), “Objeto no identificado” y otros cuentos de ciencia ficción (EUNED, 2011) y Lunes en vez de sombras y otros relatos de ciencia ficción (EUNED, 2014) presentan cuentos escritos por Laura Quijano Vincenzi, Jessica Clarke y Anacristina Rossi, entre otros escritores.

Para estas tres escritoras, la veta antiimperialista y anticapitalista se une a una profunda preocupación ambiental, adaptándose con mayor verosimilitud al contexto actual. Hablo específicamente del carácter ecologista de “Abel” por Anacristina Rossi, uno de los cuentos de Lunes en vez de sombras, el cual retrata un escenario postapocalíptico producto del cambio climático. La crisis climática global también está presente en “Frente frío” de Jessica Clarke y “Flor del crepúsculo” de Laura Quijano.

Climate Change on Canvas (2008) de Ashley Cecil

Y es aquí donde encuentro un punto interesante: en el pacto que existe entre quien escribe y quien lee; este último va a validar su lectura a partir de su realidad.  Las propuestas de estas escritoras resultan, a mi modo de ver, muchísimo más verosímiles que la oferta en novela distópica costarricense.

La verosimilitud es importante. Luego de la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales del 2016, las ventas de 1984 de George Orwell y A Handmaid’s Tale de Margaret Atwood se dispararon. ¿Por qué? Por que lo que era una vez una ficción lejana se vuelve, de alguna manera, real. Una distopía se vuelve relevante cuando es su referente cotidiano es cercano.

Y aquí me detengo. Me quedo con la idea que la literatura distópica en Costa Rica se mueve entre la crítica al sistema capitalista y las preocupaciones por el ambiente. Si esto no es, en palabras de Ursula K. Le Guin, “una metáfora de nuestro tiempo”, pues no sé que es.


Referencias

Alvarado Vega, O. “Posibles futuros: Literatura y diálogo con la ciencia ficción.” Revista Estudios. Recuperado de https://revistas.ucr.ac.cr/index.php/estudios/article/view/19887/19980 el 29 de abril de 2018.

Casas, Chamu, et al. (2009) Posibles futuros, cuentos de ciencia ficción. Editorial UNED. San José, Costa Rica.

Cuvardic, D. (2014). “Capitalismo voraz y cuerpos consumidos: distopía posnacional y globalización en ‘Fragmentos de la tierra prometida’ de Fernando Contreras Castro”. Revista de Filología y Linguística. Vol. 40, no. 1. Universidad de Costa Rica. San José, Costa Rica.

Molina, I. “Costa Rica en ciencia ficción”. Áncora, suplemento de La Nación. Recuperado de http://wvw.nacion.com/ancora/2009/noviembre/15/ancora2157674.html el 27 de abril de 2018.

Molina, I. (2001) “La polémica de El problema de Máximo Soto Hall. Revista Mexicana del Caribe. Vol. VI, núm. 12. Universidad de Quintana Roo. Chetumal, México

Obando, A. “Objeto no identificado, parte II”. Revista Paquidermo. Recuperado de: http://revistapaquidermo.com/archives/8274 el 25 de abril de 2018.

Soto Hall, M. (1992) El problema. Editorial Universidad Costa Rica. San José, Costa Rica.

 


La ilustración utilizada como encabezado para este artículo fue creada por el artista Josan Gonzalez. Puede conocer más de su trabajo en su portafolio.

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