En Vacío le preguntamos a diferentes jóvenes cuáles eran los mejores spots para trippear en Costa Rica. El resultado es una amalgama de relatos íntimos y hermosos, unidos por un único elemento: el LSD.

Trip, LSD, ácido, lucy; son solo algunos de los nombres con los que llamamos a ese diminuto cuadrito de cartón. Una dosis perfecta para transgredir conciencia y naturaleza de una forma hermosa.

El consumo de drogas se da en todo el mundo. Adquirirlas se vuelve cada vez más fácil, y son más quienes comienzan desde temprana edad a ser parte de esta comunidad psicodelica. Ignorar el tema es peligroso, ya que no evitará su consumo. Lo único que ganamos es gente desinformada,  prejuiciosa y una educación retrógrada. A esto súmele los problemas de distribución clandestina y uso inadecuado de la droga.

No voy a ahondar en detalles sobre aspectos legales. Voy a pasar al presente, a su uso, al que le damos yo y mis amigos. El trip es un amplificador sensorial, una puerta desconocida que abrimos desde nuestra individualidad, ya sea de forma recreativa, espiritual o terapéutica. Esta droga no tiene sustancias adictivas, (más que la de la experiencia), pero puede ser muy potente y causar lo que conocemos como un “mal viaje”. Para esto es importante informarse bien. Preparé un listado de 5 consejos básicos para tener un buena experiencia con LSD.

  1.  Dosis perfecta: Si sos primerizo es recomendable que tomés la mitad de la dosis y esperes un par de horas. Si te sentís cómodo, dele a lo que queda. Por lo general, la dosis del cartón ya viene a la medida.  Sin embargo, siempre es bueno averiguar bien el tipo de ácido y la cantidad.
  1. Lugar y compañía: Elegí un lugar que te haga sentir tranquilo y seguro, con espacios que ayuden a la estimulación visual y sensorial. Podes jugar con las luces para recrear ambientes, dejar listo un playlist que te guste o caminar por la naturaleza. Algunas personas tripean en ambientes con mucha gente (bares o conciertos).  Esto no es muy recomendable para la primera vez, ya que las alucinaciones pueden generar paranoia o incomodidad. Sin embargo, estos efectos son distintos y pueden disfrutarse también. Procurá que las personas con las que vas a tripear sean cercanos y de confianza: amigos que te hagan sentir bien.
  1. Salud mental: Aunque suene muy hippie, la actitud y la energía positiva son uno de los factores más importantes. Desde el momento en que decidimos mandarnos, debemos estar seguros de que será una buena experiencia, nada de miedos.
  1. ¿Que queremos? A veces a las personas se les olvida intencionar el trip. Esto es quizás para mí lo más significativo; definir los objetivos antes de consumir.
  1. Si vas a mezclar con otras sustancias, debés saber que los efectos se alteran. Por ejemplo el alcohol puede enturbiar la experiencia, mientras que el MDMA lo potencia. Es recomendable tener líquidos para hidratarse y tratar de no consumir alimentos, ya que el proceso digestivo se verá entorpecido y podría generar molestias.

Punto extra: Respeto y cuidado, siempre.

“El ácido no es para todos los cerebros… Sólo los saludables, felices, enteros, apuestos, esperanzados, alegres y veloces deben buscar estas experiencias. Este elitismo es completamente autodeterminado. A menos que te sientas seguro, tengas dirección y seas selectivo, por favor abstente”. Timothy Leary

El entorno físico es un detonador de color, textura, sensaciones y procesos auditivos, por eso es tan importante elegir El Mejor. Por esta razón, le pedí a mis amigos que me contaran sobre los mejores lugares de Costa Rica para mandarse. El resultado es una recopilación de experiencias íntimas y hermosas. Relatos que nacieron en la playa, montaña, la casa, con amigos, solos, recuerdos claros y unos no tantos, así es este crisol unido por un único elemento: el LSD.

En la choza

Iba caminando devuelta a mi casa a las 10 de la mañana porque me avisaron que no tenía clases. Faltando 300 metros para llegar, me acordé que andaba un ácido en mi bolso y me lo mandé. Fue mi primer cuadrito de LSD entero y estaba sola en mi casa, quería que fuera personal.

Tardó una hora para que me hiciera efecto y empezara a sentirme llena de felicidad. Me acosté en el suelo (no podía con la contentera que me dió) y me quedé ahí por 5 minutos, mirando hacía arriba con una sonrisa en la cara.

Después de un rato decidí salir al patio de mi casa. Mi papá lo conserva verde y lleno de plantas hermosas, pero las que más me llamaron la atención fueron unas hojas que tienen unas pintas amarillas con fondo verde. Esas pintas se comenzaron a mover como partículas neón. Agarraba la hoja y no podía creer el nivel de la pegazon como para hacer mover esas partículas que bailaban sincronizadamente.

En eso llegaron mis dos perros todos contentos, como si ellos estuvieran sintiendo mi energía en ese momento. Los empecé a acariciar mientras veía detalladamente, pelito por pelito, que se iban saliendo de mi mano cuando pasaba y la nariz era como la textura de la tierra cuando está tan seca que se forman grietas.

El trip duró más pero lo que me viajó (aunque suene pachamama) fue cuando tuve contacto con los seres vivos. Me di cuenta que en la naturaleza se encuentra muchísima inspiración: sonidos, paletas de color bien contrastadas, geometrías perfectas y texturas diminutas que no vemos a simple vista. Todo esto es un plus a la hora de diseñar o innovar, a veces buscamos referencias en artistas y nos quedamos solo con eso, pero no vemos cada detalle que está a nuestro alrededor y que puede servir mucho en ese chiva proceso de crear.

– Christie

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Cataratas de Nauyaca

Para llegar a Nauyaca hay que escalar un trecho corto pero que toma más o menos cuarenta minutos. Eso no importa tanto. Hay plantas de patrones simétricos y caóticos, todos los tonos de verde que un ojo tropical puede identificar.

Al dejar el carro nos atiende este viejo panzón de anteojos muy pequeños de botella y un acento españolete. Todo lo que dice es ofensivo y solo a nosotros en este estado nos puede dar el tipo de risa que entretiene y molesta al mismo tiempo. Bueno, el viejo loco deja de importar en los siguientes pasos.

Carlos anda alzando la silla bulto que todos nos vamos a pelear cuando lleguemos, a estar sentados, a nadar, a estar ahí. Nina se ve lindísima, siempre me a parecido alguien cautivante, hoy siento que la vuelvo a ver así después de tanto tiempo de no verla del todo. Estar con ella es un recordatorio de la época más linda, estar con ella así, en esa aventura se parecía a una chiquillada de las que hacíamos escapadas. Diego se adelanta con la risa ronca de siempre y los ojos verdes del cole.

En fin, mientras uno va subiendo se topa una casa que tiene unos pájaros exóticos y por ahí anda un venadillo medio escondido. Veinte minutos más subiendo en donde el ácido tiene que rendir más para el cuerpo que para la cabeza.

La catarata lo cambia todo, un cuerpo masivo de agua que cae en una piedra en donde nos sentamos por un masaje y para comer, dormir, nadar, ahogarse de la risa. Solo pienso en el agua que cae encima de la piedra, una y otra vez.

– Vale

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Playa Bonita

Atrás en la cajuela van los bultos, las birras y los colchones inflables. Adentro en la cabina vamos 5 maes, más música, tabaco y marihuana para enrolar. El plan es Playa Bonita por el viernes, Liberia por la noche y las cataratas de Bagaces por el sábado.

El objetivo: Pegar tour. Palabras choteras para una experiencia trascendental. Irse de ocioso a un lugar superficialmente conocido, diría Sagot. Irse a la playa con los Frens, diría Banton, al ritmo de passa passa. Para mí, pegar tour se complica, ayer era un paseo a la playa. Hoy es una terapia de vida contra la modorra y la pereza urbana.

Playa Bonita se ubica cerca de Playa Hermosa de Guanacaste. La particularidad de este lugar es que el único acceso práctico que existe es a través de las ruinas de un hotel abandonado. Las escaleras parecen sacadas de Indiana Jones: Madera verdinegra con musgo que zigzaguea entre los macizos árboles hacia la playa, apenas sosteniéndose en sus últimos clavos. Son unos 60 escalones que cruzan lianas y piñuelas. Y antes de llegar a la arena, se posa un planché de estas viejas tablas que asoma una vista panorámica de punta a punta del lugar.

Increíble. La playa está vacía. Es nuestra. Nos asentamos en el centro, nos quitamos los chuicas, colgamos las hamacas, abrimos las birras, cargamos las pipas y al agua pato. Hay dos cosas únicas de playa bonita: El agua y la luz.

En la tarde empezó a llover. Me quedé con Dani en la punta de la playa.Yo estaba sentado en un piedra arcillosa que se asomaba por encima de las piedras negras carcomidas por el oleaje. Encima mío se asomaba la estrepitosa jungla que parecía clavarse en cámara lenta hacia el mar, y de ahí caían esas gotas gruesas que se sienten como una ducha de semillas. A los tres metros, en la piedra de al lado, Dani se reía solo, sin decir palabras. Nos quedamos ahí sin comunicarnos unos 20 minutos, los cuales en realidad fueron 7.

Sentado, mojándome lentamente, me quedé viendo, escuchando y oliendo el paisaje. Todo olía a tierra mojada y piedra recién agrietada. Todos los sonidos posibles hacían un desmadre orquestal. Ahí estábamos nosotros, sentados sobre una piedra inmensa con metros de altura, con una pipa bien cargada, y una brisa salada y cálida que invadía toda la costa. Se veía entera perdiéndose a lo lejos.

Y ahí estuvimos. Siendo reyes. Nada y todo importándonos a la vez.

Pegando Tour.

– Charlie

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Reserva del Chayote

“Ya no sé hace cuánto me lo comí, ya ni siquiera sé si me importa, yo no sé porque pero esta brisa y este verde tan inmenso me hacen sentir que ahoga, creo que debería salir corriendo pero no sé hacia dónde, y si me escapo lo suficiente y luego no pudiera volver… me aterra pensar que me pierdo aquí entre tanto, me aterra pensar que me encuentro aquí en tan poco, pero si tan solo hubiera menos verde, quizás si empezara todo a tener un tono púrpura, pero estamos en marzo y las santa lucías ni siquiera usan la palabra púrpura.
Ya no sé hace cuando empezó todo, y no hablo de esto, hablo de todo, pero de hoy, de este instante que será lo único que me queda. Son tantas las preguntas que se me formulan y son tantas las respuestas que se me muestran… aquí en esta cima, en este verde, en este azul, en este inmenso universo…”

– Pensamiento de Mau en medio de su trip

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Playa Santa Teresa

Ese día estaba enojadísima con el machismo y el patriarcado, entonces me fui a despertar a “Peki” para que me diera un trip y el mae me dijo que más tarde. Me senté debajo de una palmera y pasó un mae y me dio uno (caído del cielo). Llevé una manta, agua y me acosté debajo de un árbol. Ahí comencé a tripear, pero no me sentía bien. Decidí meterme al mar, y todo cambió; de pronto era parte del océano. Ese momento fue super rico. Después recordé que estaba demasiado enojada entonces me devolví y hablé con una compa que me dijo que tenía aceptar ciertas cosas para tener un mejor entendimiento.

En Santa Tere también hay jungla, entonces fui a caminar por ahí. Veía a los árboles respirar y moverse de demasiado. Conchas, corales donde chocaba el mar. La flor de la vida en mi piel.

Al rato llegó mi novio, Pedro. Estábamos en un hostel que creo que se llamaba Pura Vida, y nos sentamos debajo de un árbol demasiado frondoso. Le conté que me había mandado. Él comenzó a ponerme bloqueador y cuidarme, fue mi parte racional en ese momento de solo imaginar. Pude hablar con él y solucionar demasiado la mala vibra.

En ese trip me enamore demasiado de Pedro.

– Kari Luna13410664_1761318764111567_1570928178_o

Parque Nacional Rincón de la Vieja

Ay trippear. Tan buenos recuerdos y enseñanzas del universo. A veces necesarias las medicinas de la naturaleza para volver a ser quien somos. Me gusta siempre tomarme mi tiempo para experiencias como esta, hacerlo como una ceremonia aunque se le da mucho poder a esta palabra “ceremonia”, me gusta el término pausa. Como pausar todo lo ajeno y extra y darme un tiempo para mí, conmigo y el universo,

Recuerdo una pausa con ácido en el Parque Nacional Rincón de la vieja, un lugar tan puro, lleno de cataratas, lagunas, aguas termales y lo mejor de todo, senderos largos para caminarla hasta que los pies mismos se olvidan y uno flota entre los árboles. Llegamos para mi cumpleaños, un 14 de agosto, ya eran las 12 y nos mandamos el cartón apenas bajándonos de la buseta. Armamos la tienda, preparamos la fogata y nos alistamos para disfrutar y desprendernos. Recuerdo que los sonidos de los pájaros nos enviajaban tanto que tratamos de imitarlos con nuestros humildes silbidos, tratando de decirles gracias por su música milenaria.

Nos sentábamos en las rocas del río a escucharlo correr mientras que nuestras mentes se iban con él y nuestros corazones palpitaban, recordándonos que lo que de verdad sentíamos estaba ahí, en el silencio sabio del alma y esperaba que volviéramos a escucharlos.

– Fractal Dirk

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“Los pinos de Buenos Aires”, Palmares

Llegar a Los Pinos es fácil. Tenés que pasar por un callejón con demasiados perros y al final esta la inmensidad rodeada de pinos altos, muy altos. Queda casi al frente de mi casa y es mi lugar favorito. Lo recomiendo muchísimo para tripear e ir a fumar con los amigos, hay espacio para todos. Ah, y hay un rancho en el que también se puede estar.

Una vez fui con un compa que estudia cine y él me dijo que con una maquina de humo, este sería el paisaje de alguna escena de Games of Thrones. Con esto se dan una idea de lo bonito que es. La naturaleza es increíble: hay musgo, dibujos en la corteza de los troncos que se mueven demasiado y texturas por todo lado.

Yo veía los pinos mucho más largos de lo que eran, y comencé a sentir una energía muy fuerte, casi como si fueran personas de otro planeta que estaban escondidos detrás de cada tronco. Ahí estaban esos seres extraños viéndonos tripear la oscuridad.

Recomendación: llevar buenos parlantes.

– Fio
Transcripción de Audio, enviado desde un McDonald’s en alguna parte del mundo13461209_1121592557904506_391587984_o

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