Comentarios sobre la última exposición de la artista nicaragüense Patricia Belli “Frágiles” que estuvo exhibida en las salas de Fundación Teor/éTica, San José, Costa Rica. La muestra está viajando a Managua, Nicaragua. Estará en la agenda del Centro de Arte Fundación Ortiz Gurdian.

Equilibrio precario. Este concepto suena muy bien, parece una sentencia de lo que vivimos en países desgraciados, (sin)gracia, o con la gracia históricamente arrebatada. La primera vez que escuché sobre un equilibrio así de precario fue por un proyecto de arte de Patricia Belli, en el que todo estaba a punto de hacerse trizas y al mismo tiempo todo parecía estar en reposo absoluto. Me dio gusto recordar -a través del arte- cómo es realmente la vida, cuánto convivimos con las metáforas en el tercer mundo.

Un nuevo proyecto de Belli estuvo en Costa Rica y ahora se verá en Nicaragua. La exposición Frágiles surgió desde Teor/éTica y puede verse como un segundo round frente a la muestra que Patricia diseñó hace una década para las mismas salas, Circo 2001. En diez años es lamentable observar la falta de opinión, crítica o discusión que se genera en el arte actual.

De hecho, Frágiles pudo haber detonado mucha conversación, pero en el conversatorio que se realizó nos quedamos con esa incómoda sensación de que en realidad no se discutió la obra de la artista.

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Falacia de la generalización apresurada

Odio cuando la obra de una artista mujer se analiza desde el sesgo patriarcal, donde todos los discursos corresponden a la intrínseca condición de género. Este hecho es de una gravedad significativa, no solo por lo reduccionista, también por lo intolerante. Si nos basamos en esa lógica, habría filtros para el arte hecho por cualquier persona, biológica o socialmente divergente. Y tenemos esos filtros. Y los usamos. De todos esos filtros, el más bonito es el de hombre heterosexual, mejor si es un tipo blanquito y entradito en años. #Asco.

El arte de los hombres siempre es universal, racional. Esa lectura no se aplica a las mujeres, ellas deben crear un arte de emocionales y autorreferencias. Desde luego, la obra de Patricia tiene una posición frente a los estereotipos de género, habla sobre el cuerpo y sobre la belleza. La injusticia del arte es que cuando una mujer crea discursos universales a partir de estos temas, a partir de su condición y sus vivencias, viene la maquinaria falocéntrica y empaca esos discursos, diciendo que ella, cualquier artista mujer, está hablando sobre su propio mundo.

Patricia ha desarrollado su carrera en base a líneas conceptuales universales, incluso cuando parte del yo, como es de esperarse en procesos de alta profundidad. Lo hace al interpretar la condición de la mujer en nuestra sociedad, usando su experiencia para emitir juicios críticos contra un sistema establecido.

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También ha desarrollado este concepto del equilibrio, que es más abarcador por decirlo de alguna manera. El equilibrio es un buen tema, permite hablar de los tejidos sociales, las marginaciones, lo universal del caos, la condición de la mujer y cualquier otro interés. Esta artista ha tocado una cuerda fundamental para el arte centroamericano.

Si ésta fuera la obra de un hombre y no de una mujer, la mirada correría menos por el lado de la confección, la tela, la mujer y el telar, la auto-referencia en las formas, etc. Si bien ella utiliza signos como los mencionados para construir los discursos, la mirada de la crítica no debería de detenerse en la materia como si la artista está haciendo un autorretrato. La crítica diría: es lógico, esta obra es la respuesta a la inestabilidad geográfica, social y política de Nicaragua (y Centroamérica), con el imaginario de una dictadura, un terremoto, una revolución, guerras, hambre, etc.

Yo creo que Patricia ha hecho una carrera a partir del nosotros, no del yo. Recuerdo con igual emoción cuando me relató historias sobre cómo se vivió el terremoto en el barrio Campo Bruce, o cómo se extraía gasolina de los carros para el bloqueo económico después de la revolución, o cómo entendió que en Nicaragua hacía falta la formación artística que ella había tenido en otro país.

Es una persona que entiende el mundo y acciona conceptos para que otros lo entendamos también. Su obra es cínica frente al caos, pone a jugar problemas y soluciones al oponer materiales, usos, conceptos.

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Falacia de la ignorancia militante

Durante el conversatorio de Frágiles (y me consta que sucede en otros espacios) la discusión saltaba hacia la relevancia que tiene EspIRA, el proyecto de formación y promoción de arte contemporáneo que lidera Patricia desde Managua. EspIRA debe verse como un logro paralelo, pero no es una obra de arte ni explica la carrera de Patricia Belli.

EspIRA es, en todo caso, una respuesta inteligente a ese equilibrio precario que nos une, donde todo nos falta pero todo es posible. En este punto quisiera escuchar ideas sobre la obra artística de Patricia, y por separado sobre la organización que dirige. Suficiente competencia de tiempo y esfuerzo tienen EspIRA y la carrera personal de la artista; ambas tareas son demandantes y es justo señalarlas por sus cualidades, sin reducir una en la otra.

Empecé hablando sobre el equilibrio precario porque me parece que es un concepto clave para acercarnos a la obra de Patricia Belli. Funciona como columna vertebral de su trabajo. No se puede asegurar que su carrera gire bajo un único enunciado, pero como digo es un acercamiento amistoso. Lo que me gusta de esta carrera tan sólida es la permanencia del discurso, la continuidad en la exploración material, la continuidad del gesto creativo frente a los dilemas humanos.

Frágiles compila obras de diversas etapas, pero encontramos en esa línea temporal otra línea menos frágil: la de un mundo puesto en la balanza crítica, de una artista que cuestiona la realidad y sus arquetipos a través de cuerdas, ensambles y gestos. Celebremos ahora en Managua ese gusto contagioso por la transformación de la materia; que es como estar debajo de las ruedas de la historia.

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