Aunque las estadísticas sugieren que hay equidad de género en actividades de investigación en Costa Rica, no significa que todas las personas tienen las mismas oportunidades o facilidades para desempeñarse en los campos STEM. 

A muchas personas no nos gusta la mate. Eso no es atípico: pasa en Costa Rica y en gran parte del mundo occidental. Por eso cuando alguien es muy bueno con los números solemos pensar “¡qué carga!”… y también “¡qué sapo!”.
Por culpa de los estereotipos, pocas veces imaginamos que ese alguien y ese sapo sea una mujer. Y si es así, de fijo va a ser súper callada, aburrida, insípida, va a usar lentes y le tiene la guerra declarada a las películas románticas y los boleros. Algo como ella:

"Tiene brillo labial barato en los dientes".

“Tiene brillo labial barato en los dientes”.

Ese pensamiento existe también en Costa Rica. En pleno siglo XXI hay mujeres que “son raras” por gustarles la mate. Por mencionar a dos: Kimberly Villalobos y Juleana Villegas, alajuelenses que se aliaron para enfrentar al mundo.

Se conocieron cuando tenían 10 años en una edición de la Olimpiada Matemática Costarricense para la Educación Primaria. Años después, al estar en octavo, las invitaron a llevar Matemática Elemental (o MA-0125) junto a los décimos de su colegio como parte del proyecto MATEM. Aunque fallaron en el primer examen, fueron las únicas que pasaron el curso y por ellas abrieron Cálculo I al año siguiente en su colegio.

Las chicas llevaron junto a sus materias del cole, cursos de las carreras de Matemática Pura y Ciencias Actuariales en la Universidad de Costa Rica, gracias al convenio con MATEM.  También continuaron en noveno año del cole y seguían compitiendo, pero en las Olimpiadas Costarricenses de Matemática.

Ambas tenían un permiso especial para faltar a algunas clases en el cole e ir a los cursos en la UCR. Las matemáticas tuvieron que aguantar miradas raras por andar uniforme de colegio en el Campus Rodrigo Facio. Las veían con desdén por andar jeans en el cole y se decepcionaban cuando las personas que las contrataban por tutorías veían que “eran unas chiquillas”.

Con todo y sus carreras entre Alajuela y San Pedro, siempre encontraban tiempo para lograrlo todo. Para costearse sus estudios daban tutorías de mate y clases de baile. Comían en los buses y compartían el dinero que ganaban “porque todo era para las dos”.

Cuando Kimberly y Juleana aceptaron que no les estaba alcanzando el tiempo para hacerlo todo, empezaron a considerar todo tipo de ideas. Unas fueron más elaboradas que otras. Si bien las chicas no lograron comprar una moto scooter, sí consiguieron las ocho firmas de funcionarios del Ministerio de Educación Pública (MEP) — incluido Leonardo Garnier — necesarias para pasarse a un “cole nocturno”, el Colegio Nacional Virtual Marco Tulio Salazar.

Sus familiares se turnaban para ir a recogerlas cuando salían de clases a las 10 p.m.  Reconocen que a esas horas les daba miedo transitar solas, al escuchar a tanto viejo y uno que otro joven diciéndoles cosas en la calle.

Las chicas aceptaron que debían separarse al terminar el colegio.

Juleana está pronta a terminar el bachillerato en Matemática en la UCR, gracias a los cursos que logró adelantar cuando estaba en el cole. Ella ganó las medallas  de plata en Olimpiadas Centroamericanas (2011), bronce en las Iberoamericanas (2012) y dos menciones honoríficas en las Internacionales (2012 y 2013). Además, ganó varias medallas de oro a nivel nacional.

Kimberly intentó aplicar al Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT por sus siglas en inglés), pero no fue aceptada en su primer intento. Para no quedarse quieta, mejoró su inglés y fue a ganar el bronce en las Olimpiadas Internacionales de Matemática (IMO) 2014. Eso la ayudó a ser becada en el 2015. Actualmente, Kimberly es estudiante en el MIT.

El aporte de Juleana y Kimberly al panorama STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemática en inglés) es inmenso. En el 2012 fueron las primeras mujeres costarricenses en ganar una medalla en Olimpiadas Iberoamericanas de Matemática. Unos meses después, fueron parte del selecto grupo de jóvenes que posicionó a Costa Rica en el puesto 47 de las IMO de ese año.

¿Su historia es atípica?

Sí y no, depende de por dónde miremos.

Es típica porque las mujeres son acosadas. Esa realidad es innegable. No todos son victimarios, pero casi todas han sido víctimas.
En parte es atípica porque sino no conoceríamos la historia de las chicas a través de redes sociales, aunque La Nación las retrató en distintas ocasiones.

Por más que el Consejo Nacional de Rectores (CONARE) o cualquier otra institución intente hacer visible la equidad de género en términos de investigación, lo cierto es que un indicador cuantitativo solamente es un número: no señala nada de lo que hay detrás.

La discusión de fondo no es sobre cuántas mujeres hay, es sobre cuántas mujeres llegan a desarrollar una vida académica y qué es lo que tienen que vivir en el campo.

Basta con leer unas cuantas entradas del blog Eveyday sexism in STEM para darse cuenta de que lo cotidiano que resulta ser tratado diferente por ser mujer.

Aunque iniciativas como Girls who code y WISE tienen como objetivo empoderar a las mujeres a seguir carreras científicas, lo cierto es que estos esfuerzos no son suficientes. Y no lo digo yo, lo dice la UNESCO en su informe “Mujeres en Ciencia”:

Son relativamente pocas las que escogen una carrera científica. Existen, además, numerosos obstáculos asociados a estas trayectorias educativas, desde los estereotipos que afrontan las niñas hasta las responsabilidades familiares y los prejuicios que enfrentan las mujeres en el momento de elegir su campo de estudio.

Justamente por eso vemos imágenes como esta en redes sociales.

Porque toda ingeniera está ahí para seducir a los hombres.

Porque toda ingeniera está ahí para seducir a los hombres.

La situación no es exclusiva de Costa Rica, pues se ha documentado en España y el resto de la Unión Europea, América Latina y Estados Unidos. Así como la gente asocia distintas profesiones para un determinado sexo, de la misma manera en que relaciona el rosa es para las niñas y el celeste para los niños.

Carothers y Reis son psicólogos que lograron demostrar que no existe una mayor capacidad de un sexo o de otro para desarrollar una tarea. Es decir, pensar que una mujer sabe cocinar, quiere tener hijos, no dice malas palabras y no bebe alcohol no es más que una apreciación subjetiva.

¿La academia es sexista?

Para conocer más sobre esta situación, conversé con tres mujeres científicas: Gabriela Arguedas (farmaceútica y filósofa), Mariana Delfino (bióloga del desarrollo) y Jetty Raventós (médica y genetista).

Cometamos el caso de Tim Hunt, quien ganó el premio Nobel en medicina en 2001. El año pasado en la Conferencia Mundial de Periodismo él afirmó que “el problema con las mujeres que hacen que te enamorés de ellas, ellas se enamoran de vos y lloran cuando las criticás”.

Si bien él se disculpó y juró que pretendía ser irónico… sus palabras reflejan el machismo que existe en las áreas STEM. Hunt renunció a su cátedra de todos modos.  Pero, ¿cuántos pudieron haber reído con esas palabras?

Mariana cree que Hunt es un ejemplo “débil” para ilustrar el machismo en el área. Su caso trascendió por ser un premio Nobel. Un googleo rápido me llevó a ver muchos otros casos. Michael Katze y Christian Ott son dos de los nombres que se pierden al mezclar en el buscador “sexual assault” junto a “professor” y “college”.

Este caso le recordó a Gabriela el conversatorio “¿Existe una estructura sexista en la academia?”, en el marco del día internacional de la mujer (2016) en la UCR.

Arguedas señala como puntos clave las descalificaciones implícitas y explícitas contra las científicas. “Hay asuntos que tienen que ver con cómo opera el mercado académico. [El sistema de citación] APA utiliza el apellido, no el nombre de pila y los aportes de la mujer se difuminan, porque el imaginario social no es neutral, sino que opera en masculino”.
El sistema de la American Psychological Association (APA) para evitar el plagio tiene una estructura más o menos así: [Apellido, Inicial del nombre. (Año). Título de la obra.] El final puede variar según la presentación del texto. Acá va un ejemplo:

Arguedas, G. (2015). Incurables: la ironía como estrategia discursiva para la acción de resistencia política contrahegemónica. En Martínez, Y. y Muñoz-González, R. (Coords). Desnudando identidades: construcciones de sentido, representaciones y vivencias cotidianas de género y sexualidad. San José: EUCR.

También me comentó del sexismo epistémico. “¿Qué le estás diciendo a un grupo de estudiantes cuando les das un plan de curso que solo tiene bibliografía escrita por hombres?”.

Gabriela, como académica de la UCR,  destaca la cantidad de hombres y la cantidad de mujeres en espacios políticos y de toma de decisiones de la institución en que trabaja. Las asambleas (de escuela, facultad o plebiscitaria) son las que discuten temas relevantes para cada unidad académica, o bien, pueden escoger a quien ocupe la rectoría y la silla de su área ante el Consejo Universitario (máximo órgano legislativo de la UCR).

La Universidad Nacional (UNA) y el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITC) no respondieron a la solicitud de información de la distribución por sexos de sus docentes en propiedad.

Gabriela recuerda una historia que le contó Henriette (Jetty) Raventós, quien se codea directamente con científicos de renombre a nivel internacional. Si bien, cada académico tiene responsabilidades en su universidad y deben coordinar mucho de su trabajo a través de medios digitales, es necesario reunirse en algún momento.

Estas situaciones son el momento perfecto para conocer de otras culturas. No solo sus diferencias, sino también las similitudes.

David Satino es parte del grupo de personas que han estudiado cómo los hombres tienen más ventajas en espacios académicos y como escuchar más a los hombres que a las mujeres es una conducta normalizada desde la educación primaria,

En esas reuniones, Jetty no solo ha tenido la sensación de que sus ideas sean menos apreciadas que las de lOs otrOs científicOs. Ha tenido que salir con ellos a beber alcohol “hasta las tres de la mañana” porque sabía que en los bares se seguía discutiendo del trabajo y se tomaban decisiones, aún cuando formalmente, ya había cerrado el espacio de discusión.

Mariana mete la cuchara en este tema. “¡Eso es clarísimo! En el momento en el que se hace networking en las conferencias se sabe que los hombres tienen la ventaja de que han sido socializados para que su voz se escuche”.

Por eso es importante romper con estereotipos de género. Como Jetty pudo hacerlo.

Jetty, sin embargo, utiliza la palabra “privilegio” para referirse a su situación. Fue criada por una madre holandesa que le pedía a la costurera que le hiciera las tareas de Educación para el Hogar porque “no podía perder tiempo en eso, cuando podía estudiar matemática y ciencias”.

Así, ingresó a la carrera de Medicina, a pesar que su orientadora le sugiriera que no. Una vez en la carrera fue consciente de lo que implica ser mujer en un espacio donde hay relaciones de poder, como cuando rechazaba a los profes que la invitaban a bares “para discutir su nota”.

También tuvo la oportunidad de compartir responsabilidades con su (ex)esposo en la crianza de sus hijos y podía pagar a una empleada doméstica que le ayudaba con las labores del hogar, de modo que “esa doble jornada de trabajo femenino” no aplicaba en su caso. Jetty tiene tres hijos.

Aunque más de una vez le dijeron a Jetty que ella podía ser doctora o podría tener una familia, pero no las dos, logró salir adelante con ambas situaciones. “No creo que algo que yo haya hecho es porque sea mujer, sino porque soy una persona incómoda, crítica, no dejo que pasen por encima de mí”.

La situación se vuelve más difícil si la científica no cuenta con apoyo de una familia extendida o con recursos económicos para pagar por alguien que cumpla sus labores domésticas.

“Yo siempre pude seguir trabajando porque, aunque tuviera a mis hijos, sus abuelas ayudaron a cuidarlos y si no, tuve el privilegio de poder pagar una empleada” me contó.

Aunque claro, a algunas personas no les parecía que no estuviera encargada de su hogar. “Cuando iba a hacer un postdoctorado en Berkeley, dejé a mis hijos a cargo del papá. Entonces las mamás de los compañeros de mis hijos me decían que no podían entender cómo me iba”.

Muchas personas realizamos trabajo no remunerado como parte de nuestras actividades cotidianas, personales y privadas, que generalmente tienen que ver con el mantenimiento del hogar. Uno pensaría que en las familias es más sencillo dividir tareas, porque son más personas, pero no siempre es así. Según International Innovation, el caso más extremo de desigualdad en la repartición de tareas es India, donde los hombres realizan 0,9 horas de este trabajo y las mujeres 5,9.

Mariana me contó que ha visto varios casos en que mujeres científicas se casan con hombres científicos. Uno de ellos, usualmente la mujer, debe sacrificar su carrera y quedar como asistente o técnica de laboratorio. Así, invierte menos tiempo en el trabajo y más en su casa.

El tope jerárquico

Quise conversar con dos mujeres que han ostentado cargos importantes en estructuras académicas. De hecho, ambas fueron vicerrectoras de investigación de la UCR.

Yamileth González fue vicerrectora de investigación de 1996 a 2004. Ella recuerda que en su época se daba “todo tipo de descalificaciones”, como relacionar su área de estudio con su capacidad administrativa y de entendimiento de la ciencia. A ella le tocó aún más duro, pues de haber sido microbióloga o física la gente hubiera pensado que “tenía criterio científico”. Sin embargo, ella fue la primera historiadora en asumir altos mandos dentro de la “U”, incluyendo la rectoría.

Cuando le comenté un poco sobre qué estaba escribiendo, coincidió conmigo en que no se puede ver un número solo porque sí y aceptarlo tal cual, pues esos números ocultan muchas cosas que ella misma ha vivido.

Justo cuando tenía amarrada la correlación entre (A), que las mujeres en área STEM son una minoría victimizada porque (B) es un espacio tradicionalmente masculino y machista entra en la ecuación otra exjerarca de investigación (2012–2016).

Alice Pérez es química de profesión.

Ella afirma haber escuchado comentarios y bromas en los que “se aducen” los roles para las mujeres y se les ataca a las que se desarrollaron en “campos tradicionalmente masculinos”, no está de acuerdo con relacionar directamente el machismo y la ciencia.

A lo largo de toda mi carrera, no puedo recordar una situación en la que me haya sentido desfavorecida. He tenido la oportunidad de trabajar con grupos muy diversos, con proporciones de género y etarias diversas y en casi todas estas ha imperado el respeto y el diálogo”, afirmó Alice.

Ella añadió que “situaciones como estas desafortunadamente pueden vivirlas muchas personas, independientemente de su género o preferencia. Esto es un acoso, es un atentado contra la integridad de la personas y no puede asociarse, como [usted] parece hacerlo a que le gusten las Ciencias o las Matemáticas”.

Por eso no importa a quién le guste la mate y a quién no. Lo importante es que cada persona pueda sentirse feliz y cómoda en el campo en que se desarrolla. Y si ese gusto por el trabajo puede traducirse en beneficios personales, aunque ojalá, para la sociedad, que así sea.

Juleana y Kimberly son dos chicas que podrían tener una carrera académica. Ellas no se han rendido en su camino, como no lo hizo Jetty. De hecho, sus casos podrían perfectamente ubicarse en lo que Mariana rescató de su tiempo como universitaria:

Lo que viví como estudiante en la Sede de Turrialba, porque hice generales ahí, fue ver a mis compañeras, inteligentes y trabajadoras y como la “U” les dio la oportunidad de superarse, hacerse independientes y creer en sí mismas. Empoderar a las mujeres es importantísimo. Más arriba hay problemas en la jerarquía. Pero son problemas a nivel social que se reflejan en la estructura universitaria.

Ellas son un ejemplo perfecto de lo que implica empoderar a una mujer joven. Se apoyaron mutuamente y ambas lograron despegar sus carreras. No solo se mantuvieron unidas estudiando mate. Ellas crecieron juntas.

Como ellas, otras chicas deberían apoyarse mutuamente. Fue una solución exitosa.

Pero también es responsabilidad de distintos actores propiciar o potenciar esta costumbre. Desde iniciativas como Pretty Brainy, hasta esfuerzos locales, como el encuentro de Mujeres Ingenieras, Arquitectas y Agrimensoras de Costa Rica del año pasado, o conversatorios en las universidades.

Los medios de comunicación también pueden responsabilizarse al difundir iniciativas como al que tuvo Intel, de contratar mujeres ingenieras y técnicas o bien, cuando la Academia Nacional de Ciencias se unió a la publicación de “Jóvenes científicas”, una revista que cuenta historias de chicas en ciencia de todo el continente.

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