La producción de alimentos le cuesta millones a las industrias y está agotando recursos al planeta, especialmente la calidad de vida de los suelos y el agua.

Un día de estos me puse a cocinar el almuerzo de mi casa. Cuando abrí el refrigerador me di cuenta de que algo apestaba en uno de los cajones. Vi que la lechuga y algunas verduras estaban malas. Me dije, “Diay, ni modo, esto ya no sirve” entonces tuve que tirarlas.

Me parecía normal hasta antes de este fin de semana, cuando me di una vuelta por Feria Ambiental en la Antigua Aduana y escuché la charla “El desperdicio de alimentos” a cargo de Laura Brenes, Coordinadora de la Red Costarricense Contra la Pérdida y el Desperdicio de Alimentos.  

Comer y comprar solo lo necesario puede llevarnos a ahorrar agua y a ayudar a quienes no tienen suficiente acceso a alimentos.

Laura Brenes, explicó cómo el desperdicio ha sobreexplotado los recursos hídricos. Cada pieza de comida que llevamos del supermercado al plato significa dinero, trabajo y tiempo.  También implica grandes cantidades de agua para la producción de nuestros alimentos; no por kilogramo o hectáreas, sino más bien por unidad de producto obtenido.

Según una investigación de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) producir un solo huevo requiere de 135 litros de agua, así que me puse a hacer números y obtuve algunos resultados interesantes:

Imaginen un cartón de 30 huevos, eso equivale a 4050 litros de agua. ¿Y si tomáramos esas 30 unidades y las multiplicamos por 4 domingos al mes? obtenemos 120 que se reflejan en 16 200 litros de agua.

Ahora piensen en cuanto es al año. Si un familia de siete personas como la mía come 120 huevos al mes, este hogar consume 214.650 litros de agua ¡Aún queda revisar el resto de la refri y la despensa! Y yo pensaba que bañarme rápido era lo único que tenía que hacer concienzudamente…

Tecnologías e iniciativas contribuyen para frenar el desperdicio  

El uso del agua no es lo único de lo que hay que preocuparse: la sobre producción contribuye, por ejemplo, al desgaste de los suelos y el mal manejo de los desechos alimenticios puede llevar a la emisión de gases invernadero. En el estudio realizado en el año 2011 por la FAO y el Banco Mundial indica que al menos una tercera parte de la producción mundial de alimentos es desechada. Esto se duplicaría para el 2050.


Por otro lado, Brenes también dijo que en ocasiones somos un poco caprichosos a la hora de elegir nuestros alimentos. Tendemos a seleccionar las verduras o frutas más bonitas del estante, cuando en realidad los tomates cabezones o  las berenjenas con protuberancias son igual de deliciosas y sanas.

Dejar de lado esta clase de productos en la feria o el supermercado implica más pérdidas económicas, tanto para los comercios como para los productores.

En el año 2014, la cadena de supermercados francesa Intermarché hizo una campaña llamada les “Fruit et legumes moches” (Las frutas y verduras feas).

El objetivo era demostrar que las frutas y verduras de apariencia extraña son tan buenas como las que son más bonitas a la vista. Vendieron sopas, yogures y jugos elaborados con los productos que querían vender.

Los clientes saborearon la comida y comprendieron el gusto y calidad del producto no cambió. Además les bajaron el precio a todas esas frutas y verduras para alentar la adquisición de los mismos. ¿Y el resultado? Lograron agotar los estantes.

 

Fruit et legumes moches

Además, en febrero del año pasado, Francia se convirtió en el primer país en prohibir a los supermercados desechar los productos perecederos que no se venden. Los comercios están obligados a vender lo que puedan de su mercadería – aquello que sobre y que esté en buen estado debe ser donado a los bancos de alimentos u organizaciones voluntarias que velen por la alimentación. Ya que se propuso y fue aprobado como ley, su incumplimiento es penado con multas bastante significativas.

Otro caso interesante es el de Dinamarca, en donde la reducción del desperdicio de alimentos comenzó con una chica llamada Selina Juul. El proyecto, llamado“Stop Spild Af Mad” (Dejen de tirar comida), era un grupo de Facebook que alentaba a los daneses a dejar de despedir alientos.  Dicha iniciativa tomó tanta fuerza que los mismos supermercados le preguntaron cómo podrían solucionar el despilfarro de productos.  La iniciativa de Selina ha sido tan exitosa que marcas como Nestlé se han sumado a su causa.

A finales del año 2015 se hizo una aplicación en Dinamarca para ordenar la comida sobrante de los restaurantes, panaderías o cafés llamada “Too good to go”.  Funciona de la misma forma que las aplicaciones para ordenar comida en línea, el comensal elige una sucursal y puede decidir qué quiere llevarse a casa. También busca personas que quieran unirse para motivar a los restaurantes de otros países fuera de Europa a unirse a la causa.

Aplicación too good to go

Aunque en nuestro país no existe una ley que condene el desperdicio de alimentos, esto no significa que no existan iniciativas al respecto. Una de ellas es Plato lleno Costa Rica, ellos son un grupo de voluntarios que se encargan de separar  y empacar la comida sobrante de eventos, fiestas o catering y lo entregan a comedores escolares u hogares de ancianos. También existen centros de compostaje municipales, como la planta en el cantón de Desamparados donde se descargan los desechos orgánicos para crear abonos naturales.

Aún si no estamos metidos en organizaciones o voluntariados, también es posible dejar nuestra huella ecológica con pequeñas acciones:

  • Revisar bien el refrigerador y la despensa antes de salir a hacer la compra del diario puede ser de ayuda, así es mucho más fácil elaborar una lista de lo que realmente se necesita para la semana o el mes.
  • Los bancos de alimentos no están exclusivamente en Europa, de hecho tanto aquí como a nivel continental podemos encontrar empresas y voluntariados que se dedican a causas alimenticias, donarles aquello que nos sobra y que esté en buenas condiciones le será de ayuda a una familia o persona sin recursos. Algunas direcciones en las que se puede contactar para hacer donaciones o simplemente para informarse por alguna causa pueden ser:
  1. www.abacorcr.com
  2. www.bancodealimentos.org.ar
  3. save-food@fao.org
  • Si tenemos verduras o frutas en mal estado, se pueden elaborar compostas que le van servir de alimento a nuestras plantas o para el jardín de alguien más.
    Aquí nos explican cómo.
  • Comer la ración que de verdad vamos a terminar no solo es una práctica que nos va a mantener más sanos, sino que evitamos el despilfarro innecesario.

Si las zanahorias tienen un hueco simplemente las rallo, y las sirvo sin problema, si me sobran remolachas las licúo para hacer fresco y ya no me están sobrando más lechugas. Por mi parte, me alegra contarles que mi refri y la despensa comienzan a verse cada vez más vacías.  

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