El agua en Costa Rica no es un recurso ilimitado. A través de distintas políticas públicas, el Estado puede tomar acciones para garantizar el uso adecuado y la preservación de este recurso. 

50 803 kilómetros cuadrados del territorio nacional son bañados por una de las 39 cuencas hidrográficas. Algunos de los principales ríos son Sixaola, Estrella, Matina, Pacuare, Reventazón, Tortuguero, Sarapiquí, San Carlos, Frío, Tempisque y Térraba, entre otros. En ellos, 541,9 kilómetros son navegables. (fuente).


En 2015, se destinaron 351,11 millones de metros cúbicos de agua potable para el consumo humano,  1525,62 millones de metros cúbicos para la agricultura y  77,12 millones de metros cúbicos para uso industrial (fuente).

En 1996, el MINAE asumió la gestión del recurso hídrico. Para poder afrontar los costos de las funciones asociadas a la gestión y preservación del agua, se planteó un impuesto conocido como Canon por Aprovechamiento de Agua (CAA).  Esta idea que se aprobó 1998 fue aplicada al 100 % de las personas usuarias en 2014, luego de años de estudios técnicos y negociación con sectores productivos. (Fuente, p. 13).

El dinero recolectado por CAA  se utiliza en un 50 % para financiar a la Dirección General de Aguas, un 25 % para el Sistema Nacional de Áreas de Conservación y otro 25 % para el Fondo Nacional de Financiamiento Forestal. En 2015, el total de dinero ingresado por el CAA fue de 6429 millones de colones. Para el 2020, se espera que ascienda a 7589 millones de colones. (Fuente, pp. 17 – 23).

Aunque en 2014 la cobertura del servicio de agua potable era del 93 % (fuente), el acceso al agua en ciertas regiones de Costa Rica se ve amenazado por distintas situaciones. En Guanacaste, por ejemplo, se identificó la sobre explotación de la cuenca Huacas – Tamarindo (fuente). La principal dificultad para solventar esta problemática es la falta de presupuesto (fuente). 


Todas las fotografías de este artículo son parte de The Waterfall Trail, proyecto de Javier Elizondo Madrigal. En su proyecto, Javier pretende despertar el interés de las personas a que se involucren y participen en la conservación de cataratas, a través de fotografías y leyendas. 

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